Libros para despertar

Luis Aranguren Gonzalo
Foto: EFE/José Méndez

Se asoman por nuestro paisaje las ferias del libro que cada año nos dejan el mensaje de que, en algún lugar, un buen libro nos está esperando. Escribía Kafka que «un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro». Nuestro mundo necesita despertadores que nos hagan reaccionar comprendiendo; por eso los fanáticos no necesitan leer; se creen ya despiertos, cuando en realidad tan solo se encuentran narcotizados por proclamas más o menos cautivadoras que no llegan a atravesar su propia epidermis.

¿De qué necesitamos despertar? Jon Sobrino, parafraseando a Kant, suele decir que del sueño de inhumanidad en que vivimos, que no es poco. Hay buenos libros que nos ayudan a poner nombre a esa realidad que con frecuencia nos cuesta entender; los hay que hacen propuestas de alternativas viables aunque sean a pequeña escala; también nos encontramos con libros que nos reconcilian con la naturaleza expoliada y los espacios respirables, incluso aquellos que habitan dentro de nosotros mismos y que nos resultan de difícil acceso por falta de práctica o por exceso de una rutina sin alma. Libros que logran emocionarnos y acompasar nuestro paso con el de un mundo más habitable. Quizá cierta combinación de letras y palabras que despierten lo mejor de nosotros mismos nos ayuden a mirarnos a la cara sin complejos.

Un libro es más que su soporte; ya sea en papel o en formato electrónico el libro existe para el lector, se completa con su lectura y digestión. Cada libro leído es una perla que se aloja en el depósito de valores de cada persona y de la cultura que construimos entre todos. Al abrir un libro nos estamos abriendo a todo un mundo de posibilidades insospechadas. Encontramos tesoros en forma de pregunta y de búsqueda. Tesoros que nos convierten en exploradores, más que en expertos; en aprendices, más que en maestros. Y por eso son tan valiosos: porque nos acercan a una sabiduría siempre en estado de itinerancia.

Algunos nos acordamos todavía de aquel lema televisivo que buscaba fomentar la lectura: Un libro ayuda a triunfar. Sí, pero no. El buen libro desvela nuestra condición humana maravillosamente abierta a la sorpresa y a la vida plenamente lograda. Un logro que nada tiene que ver con el éxito profesional sino con el sentido vital que demos a nuestro día a día. Por eso, en cada libro nos encontramos con la oportunidad de despertar y ser mejores. Ese será nuestro triunfo personal y del de una sociedad decente y con altura de miras.

Luis Aranguren Gonzalo