Libros

Miguel Ángel Velasco

La editorial Nuevo Inicio, iniciativa del arzobispo de Granada, quiere ser un instrumento pastoral para la superación del dualismo, tan pernicioso en la sociedad contemporánea. Acaba de presentar en su oferta cultural dos libros del mayor interés: El Paraíso en la puerta, ensayo de Fabrice Hadjadj sobre una alegría que perturba, y El Imperio del bien, del narrador y ensayista Philippe Muray. El Imperio del bien es un inmisericorde, lucidísimo y libérrimo alegato global, en toda regla, contra el buenismo de la farisaica sociedad actual. Sus 209 páginas son un texto interpelador. El autor está convencido de que «una de las principales razones por las que tan pocas personas se comprenden a sí mismas es que la mayoría de los escritores se pasan el tiempo explicándoles a los hombres lo que deberían ser y no se molestan casi nunca en decirles lo que son». Denuncia la atmósfera en la que vivimos, en la que «tener fe se reduce a tener fe en el espectáculo» y que la verdad que se difunde desde los platós sirve más o menos para lo mismo que los medicamentos caducados, en un sistema que monta debates para fingir que se critica a sí mismo.

Hadjadj, hijo de padres judíos de ideología maoísta y convertido al catolicismo en 1998, realiza, en El Paraíso en la puerta, un itinerario a través de la filosofía, la teología y las artes, de Nietszche a Bernini, de Proust a Mozart, con estaciones en Dostoyevski, Péguy, las dos Teresas, la de Ávila y la de Lisieux, de Sócrates a Rilke, de san Agustín a Goya y a otras dos Teresas, la de Calcuta y Sor Teresa Benedicta (Edith Stein). No faltan ni Dante ni Tomás de Aquino, ni Marx ni Ignacio de Loyola, ni Esquilo, Listz, ni Miguel Ángel. Se trata de un impresionante ensayo sobre la alegría verdadera que perturba: 500 páginas bien aprovechadas con esta tesis: que el Paraíso es un horizonte de fecundidad desbordante y nunca un sueño esterilizador.

Iglesia y cultura en la España del siglo XX es el ambicioso título de este libro de José Manuel Cuenca Toribio, editado por Actas, autor pionero de la historiografía eclesiástica española contemporánea. Pasa revista al horizonte religioso y cultural del pasado siglo, con la ayuda de una documentación rigurosa y exhaustiva. Como él mismo confiesa en el epílogo, «el cuadro que aquí se ha pretendido pergeñar no es armónico ni luminoso, pues la realidad que se ha querido aprehender en él estuvo lejos de serlo». Denuncia, sin tapujos, que, obviamente, «la sociedad española fue la principal perjudicada de la falta de una mínima relación positiva entre las dos esferas de la cultura nacional». El pueblo español se hubiera ahorrado mucho sufrimiento de haber prevalecido entre sus dirigentes una actitud mínimamente integradora, capaz de hallar en el terreno cultural y educativo un espacio neutral y de atención prioritaria.

M. A. V.