León XIV vuelve a expresar su preocupación por los ataques contra Ucrania y el frío de la población
«La prolongación de las hostilidades, con consecuencias cada vez más graves para la población civil, amplía la fractura entre los pueblos y aleja una paz justa y duradera», ha dicho tras el ángelus
Tras el rezo mariano del ángelus y ante una plaza de San Pedro soleada y repleta de fieles y peregrinos, unos 20.000 según el Vaticano, el Papa ha manifestado su preocupación por los continuos ataques contra Ucrania, que dejan a poblaciones enteras expuestas al frío del invierno.
«La prolongación de las hostilidades, con consecuencias cada vez más graves para la población civil, amplía la fractura entre los pueblos y aleja una paz justa y duradera. Invito a todos a intensificar aún más los esfuerzos para poner fin a esta guerra».
En esta misma línea ha ido el saludo de León XIV a los jóvenes y niños de Acción Católica de Roma que, como cada año, se reúnen en San Pedro, última etapa de la Caravana de la paz. «Nunca sean violentos, ni con palabras ni con gestos. ¡Nunca! El mal solo se vence con el bien», ha recalcado el Pontífice. Y les ha recordado que la paz «se construye respetando a los pueblos».
Este domingo, dedicado a la Palabra de Dios (el tercero del tiempo ordinario) el Papa León ha recordado que su predecesor, Francisco lo instituyó hace siete años para promover en toda la Iglesia el conocimiento de la Sagrada Escritura y la atención a la Palabra de Dios, en la liturgia y en la vida de las comunidades. De allí su agradecimiento a quienes se comprometen con fe y amor con este objetivo prioritario.
Riesgo de paralizarse
Durante su alocución dominical, el Papa ha subrayado que Jesús inicia su predicación en un contexto que, humanamente hablando, no parecía favorable: el arresto de Juan el Bautista. Sin embargo, es precisamente ahí donde Jesús anuncia con fuerza: «El Reino de los cielos está cerca».
«Muchas veces creemos que no es el momento adecuado para tomar decisiones importantes, para anunciar el Evangelio o para cambiar situaciones que nos pesan. Nos refugiamos en la prudencia o en la espera, pero corremos el riesgo de quedar paralizados». El Evangelio, en cambio, «nos invita a confiar: Dios actúa en todo momento, incluso cuando no nos sentimos preparados».
Instituida hace 100 años por el Papa Pío XI para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, hoy, tras el Año jubilar, el Santo Padre llama a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo el camino misionero, que «requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza».
El Papa afirma que en el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo. «Ser cristianos no es, ante todo, un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo», y de esta unión brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera, también en el compromiso ecuménico con todas las Iglesias cristianas.
«La primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. En muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio. La misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión».
La unidad misionera «no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él. La evangelización se realiza cuando las comunidades locales colaboran entre sí y cuando las diferencias culturales, espirituales y litúrgicas se expresan plena y armoniosamente en la misma fe».
En nombre de esta unidad, el Papa anima a las instituciones y realidades eclesiales a fortalecer el sentido de comunión misionera eclesial y, en particular, agradece a las Obras Misionales Pontificias por su servicio a la cooperación misionera, que él mismo, asegura, experimentó durante su ministerio en Perú.