León XIV sale del Vaticano para comer con los obispos peruanos

León XIV sale del Vaticano para comer con los obispos peruanos

«El Perú ocupa un lugar especial en mi corazón», ha dicho el Papa a los obispos peruanos en visita ad limina tras compartir con ellos el jueves una comida fraterna

María Martínez López
El Papa saluda a los obispos peruanos a su llegada a la comida. Foto: Conferencia Episcopal Peruana.
El Papa saluda a los pastores a su llegada a la comida. Foto: Conferencia Episcopal Peruana.

«Recuerden a mis queridos hijos del Perú que el Papa los lleva en su corazón y los recuerda con afecto». Lo hace «de modo especial en la oración». El Papa León XIV ha lanzado este viernes este mensaje a través de los obispos peruanos, durante su visita ad limina

«El Perú ocupa un lugar especial en mi corazón», ha confesado el Santo Padre a los pastores del país donde fue misionero durante 20 años y luego obispo de Chiclayo. «Allí compartí con ustedes alegrías y fatigas, aprendí la fe sencilla de su gente y experimenté la fuerza de una Iglesia que sabe esperar aún en medio de las pruebas». 

Ejemplo de ese cariño fue la decisión del Papa de salir del Vaticano este jueves para sumarse al «almuerzo fraternal» de los obispos. Una «grata e inesperada sorpresa» que la Conferencia Episcopal Peruana describió como «un gesto de cercanía y comunión que fortalece la misión pastoral de la Iglesia en el Perú». 

Desde esa misma cercanía, el Pontífice los ha animado en la audiencia «a hacer fructificar en el hoy de la Iglesia del Perú la herencia que han recibido de los santos Toribio, Rosa, Martín y Juan». Precisamente en torno al primero de estos santos ha girado la reflexión de León XIV, inspirada en santo Toribio de Mogrovejo en el 300 aniversario de su canonización.

La credibilidad exige comunión

El otro eje ha sido la invitación a «responder a los múltiples desafíos que hoy se presentan a la Iglesia peruana en su tarea evangelizadora» viviendo «a la manera de los apóstoles». Esto es, «con sencillez, valentía y total disponibilidad para dejarnos conducir por el Señor».

Foto de familia durante la audiencia con el Pontífice. Foto: Conferencia Episcopal Peruana.
Foto de familia durante la audiencia con el Pontífice. Foto: Conferencia Episcopal Peruana.

Así, en sus palabras a los obispos peruanos, el Papa ha trazado un paralelismo entre la vida de los apóstoles y la de santo Toribio, con aplicaciones concretas para hoy. De ellas, por ejemplo, se desprende que la primera prioridad es «custodiar y promover la unidad y la comunión». En efecto, «la credibilidad de nuestro anuncio pasa por una comunión real y afectiva entre los pastores, y entre estos y el Pueblo de Dios». Ello implica «superar divisiones, protagonismos y toda forma de aislamiento». 

«Los desafíos actuales exigen una renovada fidelidad al Evangelio, que ha de ser anunciado de manera íntegra», ha continuado. Esa fidelidad «nos pide hoy un anuncio claro, valiente y gozoso, capaz de dialogar con la cultura sin perder la identidad cristiana». 

Cercanos a todos

Otro rasgo común entre los apóstoles y santo Toribio es que «no se reservaron nada para sí». Afrontaron el martirio o «peligros y sufrimientos por un solo motivo: amor a las almas».

El Santo Padre durante la comida que compartió con los obispos peruanos. Foto: Conferencia Episcopal Peruana.
El Santo Padre durante la comida que compartió con los obispos peruanos. Foto: Conferencia Episcopal Peruana.

Por último, vivir como los apóstoles «significa hacerse cercanos a cuantos nos fueron confiados, interesándonos por ellos, compartiendo su vida y su camino». Los obispos «estamos llamados a salir al encuentro, a escuchar, a acompañar y a comprender para llevar a todos hacia Dios». Esta cercanía «abraza al presbiterio, a los seminaristas, a la vida consagrada y a todo el pueblo de Dios». Y ha de tener «una especial predilección por los más frágiles y necesitados».

La visita ad limina de los obispos peruanos concluirá este sábado con la bendición en los Jardines Vaticanos de un mosaico de la Virgen y una imagen de santa Rosa de Lima. Ambos han sido donados por la Conferencia Episcopal Peruana.