León XIV llama a los cardenales a detenerse y «discernir lo que el Señor nos pide para el bien de su pueblo» - Alfa y Omega

León XIV llama a los cardenales a detenerse y «discernir lo que el Señor nos pide para el bien de su pueblo»

El colegio cardenalicio está reunido en Roma en consistorio extraordinario los días 7 y 8 de enero de 2026. Después de una primera jornada de conversación, los 170 cardenales presentes han iniciado el segundo día con una Misa en San Pedro

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Un momento de la celebración eucarística.
Un momento de la celebración eucarística. Foto: OSV News / Simone Risoluti, Vatican Media.

El colegio cardenalicio está reunido en Roma en consistorio extraordinario los días 7 y 8 de enero de 2026. Después de una primera jornada de conversación en el Espíritu, los 170 cardenales presentes, a quienes el Papa ha dicho que está para escucharlos, han iniciado el segundo día con una celebración eucarística en el altar de la cátedra de San Pedro.

El consistorio es «un momento de gracia en el que se expresa nuestra unión al servicio de la Iglesia», ha recordado León XIV en la homilía. El Pontífice ha reflexionado sobre la necesidad de detenerse. En ese sentido, ha destacado que «todos nosotros nos detuvimos para estar aquí: interrumpimos por algún tiempo nuestras actividades y renunciamos a compromisos importantes, para reunirnos y discernir lo que el Señor nos pide para el bien de su pueblo». 

Un gesto que León XIV ve como «muy significativo, profético», subrayando la importancia «de detenerse para rezar, escuchar, reflexionar y así volver a enfocar cada vez mejor la mirada en la meta, dirigiendo hacia ella todo esfuerzo y recurso», y no dar palos de ciego. El consistorio pretende ser espacio de discernimiento. A sus participantes, el Papa los ha llamado a que «en la Eucaristía, pongamos sobre el altar, con el don de nuestra vida, todos nuestros deseos y pensamientos».

León XIV durante la celebración eucarística.
León XIV durante la celebración eucarística. Foto: OSV News / Simone Risoluti, Vatican Media.

No equipo de especialistas, sino comunidad de fe

León XIV ha advertido a los cardenales de que no son «un equipo de especialistas, sino también una comunidad de fe». Por ello ha incidido en la relacionalidad presente en el amor de Dios, fuente de espiritualidad de comunión. Continuando su reflexión sobre el «detenernos», ha dicho que «es, ante todo, un gran acto de amor —a Dios, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de todo el mundo—, con el cual nos dejamos moldear por el Espíritu: primero, en la oración y en el silencio, pero también mirándonos a los ojos, escuchándonos mutuamente y dando voz, a través de la puesta en común, a todos aquellos que el Señor ha confiado, en las más diversas partes del mundo, a nuestro cuidado como pastores». 

«Un acto que debe vivirse con corazón humilde y generoso», en palabras del Pontífice. Y «con perspicacia y valentía», buscando dedicarse «en conjunto a los mismos deberes», recordando las enseñanzas de san León Magno. Una dinámica en la que «cada miembro coopere ordenadamente para el bien de todos», y en la que todos se alegran por los frutos del trabajo de todos.

Un momento de la celebración eucarística.
Foto: OSV News / Simone Risoluti, Vatican Media.

«Siempre podremos ayudarnos»

En la asamblea cardenalicia se hace presente una «variedad de procedencias y edades» y al mismo tiempo una «unidad de gracia y fe que nos reúne y hermana». Algo que León XIV ve como expresión de la «belleza poliédrica» de la Iglesia, como señaló el Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti. El actual Pontífice, reflexionando sobre problemáticas presentes en la sociedad, falta de paz, hambre, miseria, vacío existencial, que pueden llevar a «sentirnos como los discípulos: incapaces y desprovistos de recursos», llamó a caminar juntos

Siendo conscientes que «no siempre lograremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos enfrentar», reforzó la idea de que «siempre podremos ayudarnos mutuamente, y, en particular, ayudar al Papa». Hacerlo desde el servicio que lleva a cabo cada cardenal, que definió como «algo grandioso, extremadamente personal y profundo, único para cada uno y precioso para todos». Una actitud que el Santo Padre agradece de corazón.