León XIV a las autoridades argelinas: «¡Ay si convertimos» el mar y el desierto «en cementerios!»
«Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios», ha dicho el Papa a las autoridades argelinas. También ha advertido frente a «las continuas violaciones del derecho internacional y las tentaciones neocoloniales»
«¡Ay de nosotros si convertimos» el mar y el desierto «en cementerios donde muere también la esperanza!». Es el clamor sobre el fenómeno de la migración y las políticas antiinmigratorias que ha lanzado el Papa León XIV en la mañana de este lunes durante su discurso a las autoridades argelinas, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático.
En su segundo texto leído en el país magrebí, ha subrayado cómo el Mediterráneo y el Sáhara «comportan confluencia de caminos geográficos y espirituales de gran importancia». Profundizando en su historia «sin simplificaciones ni ideologías, encontraremos ocultos inmensos tesoros de humanidad», pues mar y desierto son «desde hace milenios lugares de enriquecimiento mutuo entre pueblos y culturas».
“La verdadera fuerza de un país reside en la cooperación de todos para la realización del bien común. Las autoridades están llamadas no a dominar, sino a servir al pueblo y a su desarrollo. Sin justicia no hay paz auténtica”
— Eva Fernández (@evaenlaradio) April 13, 2026
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Por ello, ha exhortado: «¡Liberemos del mal estos inmensos depósitos de historia y de futuro! ¡Multipliquemos los oasis de paz, denunciemos y eliminemos las causas de la desesperación, luchemos contra quienes lucran con la desgracia ajena!». Estas ganancias son «ilícitas», pues «especulan con la vida humana, cuya dignidad es inviolable», ha denunciado. Por ello, ha pedido unir fuerzas, «toda inteligencia y recurso que hagan de la tierra y del mar lugares de vida, de encuentro, de maravilla».
El Santo Padre ha iniciado su discurso presentándose «como peregrino de paz» y «testigo de la paz y la esperanza que el mundo anhela ardientemente y que su pueblo siempre ha buscado». Ha dicho al «noble pueblo argelino» que «somos hermanos y hermanas, porque tenemos al mismo Padre en los cielos». Y ha aplaudido su «profundo sentido religioso», que es «el secreto de una cultura del encuentro y de la reconciliación, de la cual también mi visita quiere ser signo».
Un pueblo acogedor y generoso
«En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que somos una sola familia! Hoy, la sencillez de esta certeza es la llave para abrir muchas puertas cerradas», ha asegurado.
El Santo Padre ha citado virtudes del pueblo argelino como su «gran generosidad» hacia propios y extranjeros, signo de «una hospitalidad profundamente arraigada». Y ha anhelado que «en todas partes desearíamos encontrar» este «deber sagrado» como «valor social fundamental».

Del mismo modo, la limosna «es una práctica común y natural» incluso entre quienes tienen menos. En árabe se dice sadaka, que como ha recordado el Pontífice «significa justicia; no retener para sí mismo lo que uno posee, sino compartirlo, es en realidad una cuestión de justicia». Por el contrario, «injusto es quien acumula riquezas y permanece indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios».
Ha recordado, además, cómo los «millones de personas humildes y justas» que encarnan estos valores «son los fuertes, ellos son el futuro; quienes no se dejan cegar por el poder y la riqueza, quienes no sacrifican la dignidad de sus conciudadanos en favor de su propia fortuna personal o la de su grupo».
Frente a esto, «una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios». Y ha lamentado que «muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que viviéramos juntos».
¿Qué pide a las autoridades argelinas?
León XIV ha recordado, por otro lado, los «dramáticos acontecimientos históricos del pasado ofrecen a su país una perspectiva singularmente crítica sobre el equilibrio global». Esta experiencia «puede contribuir a imaginar y alcanzar una mayor justicia entre los pueblos» si el país logra «dialogar con las inquietudes de todos y mostrar solidaridad con el sufrimiento de tantos países, cercanos y lejanos».
Así, el Santo Padre ha invitado a los argelinos a no multiplicar «incomprensiones y conflictos», sino respetar «la dignidad de cada persona» y dejarse «conmover por el dolor ajeno». De esta forma podrán «convertirse en protagonistas de un nuevo rumbo de la historia —hoy más urgente que nunca— ante las continuas violaciones del derecho internacional y de las tentaciones neocoloniales».

A las autoridades argelinas, el Pontífice las ha exhortado a «promover una sociedad civil viva, dinámica y libre, en la que especialmente a los jóvenes se reconozca la capacidad de contribuir a ampliar el horizonte de la esperanza para todos». Y las ha advertido de que «la verdadera fuerza de un país reside en la cooperación de todos para la realización del bien común».
«Las autoridades están llamadas no a dominar, sino a servir al pueblo y a su desarrollo», ha señalado. «La acción política encuentra, por tanto, su criterio en la justicia, sin la cual no hay paz auténtica, y se expresa en la promoción de condiciones equitativas y dignas para todos».
La polarización religiosa, señal de «una época de gran renovación»
Otro aspecto característico de la sociedad argelina es que «conoce la tensión entre sentido religioso y vida moderna. Aquí, como en todo el mundo, tienden a manifestarse dinámicas opuestas, de fundamentalismo o de secularización». Por ellas, «muchos pierden el sentido auténtico de Dios y de la dignidad de todas sus criaturas», pues los símbolos y palabras religiosas se convierten «en lenguajes blasfemos de violencia y opresión» o «en signos carentes de significado, en el gran mercado de consumos que no sacian».
El encuentro del Papa León XIV con las autoridades, sociedad civil y Cuerpo Diplomático de Argelia ha empezado poco antes de las 13:00 horas locales (14:00 horas españolas) en el Centro de Congresos Djamaa el Djazair. El Santo Padre ha accedido allí directamente desde el Palacio Presidencial El Mouradia, donde ha tenido lugar la visita de cortesía al presidente de la República, Abdelmadjid Tebboune.
El Pontífice ha regalado al mandatario la medalla conmemorativa del viaje, que muestra el continente africano con los territorios visitados. Están representadas además las figuras de Nuestra Señora de África y san Agustín, así como sendos monumentos de cada país: el de los mártires en Argelia, el de la Reunificación en Yaoundé (Camerún), la estatua angoleña de Cristo Rey y la catedral de Malabo (Guinea Ecuatorial).
Con todo, León XIV ha advertido a las autoridades argelinas y a la sociedad civil de que «estas polarizaciones absurdas no deben asustarnos. Hay que enfrentarlas con inteligencia». El Santo Padre considera estos extremos una «señal de que vivimos una época extraordinaria, de gran renovación, en la que quien mantiene libre el corazón y despierta la conciencia puede obtener de las grandes tradiciones espirituales y religiosas nuevas visiones de la realidad y motivaciones inquebrantables para el compromiso».
Para ello, «es necesario educar en el sentido crítico y en la libertad, en la escucha y en el diálogo, en la confianza que nos hace reconocer en quien es diferente a un compañero de viaje, no a una amenaza». Ha pedido también «trabajar por la sanación de la memoria y la reconciliación entre antiguos adversarios»; un don que ha pedido para todo el pueblo argelino.
La agenda del Papa en la primera jornada de su largo viaje a África continuará esta tarde con la visita a la Gran Mezquita de Argel. A continuación, tendrá un encuentro privado con las Agustinas Misioneras en su Centro de Acogida y de Amistad y la gran cita con la comunidad católica del país.