En las últimas semanas se ha puesto sobre la mesa la reflexión sobre el futuro de la humanidad a propósito de los sistemas de inteligencia artificial. Como sabemos, distintos técnicos y líderes de empresas del sector han advertido sobre la necesaria regulación ante el rápido desarrollo tecnológico.
Asimismo, en la cumbre bilateral que ha tenido como protagonistas a los presidentes de los Estados Unidos de América y de la República Popular de China ambos han acordado crear un canal de diálogo sobre el futuro de la inteligencia artificial. Y este hecho, tal vez más simbólico que real, es al menos una declaración de intenciones sobre la necesidad de pensar el desarrollo tecnológico y el cambio de paradigma en las relaciones internacionales (tecnológicas, económicas, humanas…).
El Papa León y la inteligencia artificial
El Papa León insiste desde el inicio de su pontificado en la necesidad de reflexionar sobre cómo el cambio tecnológico afecta directamente al ser humano. Así lo ha hecho en su reciente visita a la sede de la UNESCO donde ha abogado por poner en el centro a la persona.
En París ha advertido de que si otorgamos a ciertos sistemas artificiales «el nombre de nuestra facultad humana del pensamiento: la inteligencia, (…) nuestras ideas y relaciones corren el riesgo de empobrecerse debido a un proceso de deshumanización». De aquí que el Pontífice mostrara la siguiente paradoja: «mientras se atribuye “inteligencia” a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas».
La aportación clave del Papa agustino sobre este nuevo escenario la encontramos en su carta-encíclica Magnifica humanitas. Y el documento no hay que entenderlo como exclusivo sobre la inteligencia artificial sino sobre cómo entender al ser humano desde una antropología católica en la que evidentemente la IA está presente. Se trata, por tanto, de su propuesta moral para el presente tecnológico de la humanidad.
La XXX Cumbre Iberoamericana y Magnífica Humanitas
El próximo mes de noviembre Madrid se convertirá en el epicentro del mundo iberoamericano al acoger la XXX Cumbre de Jefas y Jefas de Estado y de Gobierno Iberoamericanos. Junto a los países netamente iberoamericanos asistirán las representaciones de un elenco de países observadores de África, Asia y Europa, así como la representación de organismo internacionales. Por unos días, Madrid será nuevamente la metrópoli universal donde se debatirán los retos y oportunidades que el futuro aparentemente nos depara. Todo ello coordinado por la Secretaría General Iberoamericana y por el Reino de España.
Entre estos retos, sin lugar a dudas el mayor desafío es el del desarrollo de la inteligencia artificial. En este contexto ha emergido Magnifica humanitas como un referente por situar a la persona en el centro.
En el inicio de la encíclica León nos recuerda que «cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto» (MH, 1). La meta de los gobernantes que se encontrarán en Madrid será precisamente la de posibilitar el desarrollo de una humanidad más humana y más justa ante estos nuevos paradigmas.
Un encuentro académico iberoamericano
Para ayudar a esta reflexión el Observatorio Diego de Pantoja de la Universidad Pontificia Comillas y la Secretaría General Iberoamericana han propiciado un encuentro académico entre uno de los más estrechos colaboradores del Papa León, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y el secretario general Iberoamericano, Andrés Allemand, junto a un grupo de especialistas del ámbito de la economía, la academia o el mundo diplomático, el próximo 30 de septiembre.
Inspirándose en las propuestas de Magnifica humanitas la tarde de trabajo abordará cómo orientar la inteligencia artificial hacia un humanismo que fortalezca la democracia, reduzca las desigualdades, proteja el trabajo digno y promueva una gobernanza ética de la innovación, reafirmando la tradición iberoamericana de situar a la persona y al desarrollo humano integral en el centro de las políticas públicas.
La experiencia iberoamericana
La experiencia iberoamericana no debe ser desdeñada para el actual mundo, pues a mi juicio, y a pesar de todos los retos que todavía se deben superar, es un modelo de convivencia o de hibridación en muchos aspectos como, por ejemplo, el social. Los territorios iberoamericanos han sido un crisol de culturas desde los que se han reivindicado la dignidad del ser humano o la identidad propia de cada pueblo en comunión con los diferentes.
Así lo demuestra el que a día de hoy se demande el reconocimiento de las culturas de los pueblos originarios, lo que significa que, aunque con sus límites, se han conservado desde antes de la llegada europea.
Recordemos que Iberoamérica no solo mira al Atlántico, y en esa mirada a Europa y a África, sino que también lo hace a través del Pacífico, y por tanto a Asia y a Oceanía. ¡La mirada de Iberoamérica es universal!
Tampoco ignoremos su experiencia histórica como lugar de acogida. Solo en el siglo XX: a europeos, tras la Guerra Civil española o las posguerras mundiales; a asiáticos, después de sus guerras regionales; y no olvidemos las crisis históricas en Medio Oriente.
Invito al lector a acudir al acto universitario sobre la Inteligencia Artificial e Iberoamérica donde se producirá un diálogo entre la experiencia iberoamericana y el magisterio pontificio, que sin lugar a dudas quiere iluminar el momento presente.