Las unidades pastorales ponen en común recursos «para acompañar a la gente»
En Corazón de María, que engloba a dos parroquias, se celebran cada domingo dos Misas para filipinos
Corren tiempos en los que hay que unir fuerzas para llegar más lejos. Hace unos años, las parroquias Nuestra Señora del Espino y de Nuestra Señora de Madrid, llamada popularmente la Madonna, y la capellanía filipina se unieron para crear la Unidad Pastoral Corazón de María.

En el barrio de la Ventilla, al final de la calle Bravo Murillo y a la sombra de las Cuatro Torres, un territorio de proporciones considerables se coloca bajo el paraguas de estas tres realidades de Iglesia, cuya responsabilidad recae sobre los claretianos. El espejismo de la creciente dimensión empresarial de la zona no empaña la realidad que ha vivido esta área del norte de la capital hasta hace bien poco: «No hace ni 20 años esta era una zona de chabolas y muchos de sus habitantes fueron realojados en pisos que se hicieron para ellos. Por eso, aquí hay gente de clase media-alta que trabaja en oficinas cercanas y otras personas muy cerca que lo están pasando muy mal», señala Jorge Domínguez, párroco de Nuestra Señora del Espino y responsable de la unidad pastoral.
En lo más concreto y práctico, las parroquias siguen funcionando igual «pero trabajamos y decidimos juntos la pastoral». Esta forma de operar sobre el terreno no es fácil, porque «hay que ponerse de acuerdo continuamente». Aun así, «vamos dando pasos y ya hemos elaborado unos estatutos» para este buen hacer conjunto.

Por ejemplo, a nivel de Cáritas han unificado con todo el arciprestazgo los criterios de atención, con tres lugares de acogida distribuidos por el barrio. «Repartimos alimentos de urgencia y hemos llegado a un acuerdo con los supermercados Día para que cada familia que pase por Cáritas pueda ir al supermercado con un QR a comprar lo que necesiten, tal como haría cualquier otra persona». Domínguez especifica en este sentido que a las más de 1.100 familias que el año pasado pasaron por este proceso «no queremos simplemente darles alimentos y 20 euros. Se trata de ofrecer algo más; sobre todo, de acompañar dentro de nuestras posibilidades para que la gente pueda salir adelante en una situación de precariedad».
En la vida y en la fe
Esta dimensión solidaria se extiende también a la colaboración con proyectos de los claretianos, tanto en el tercer mundo como en el barrio. Ahí, en concreto, está la iniciativa Espacios de Cuidado, un lugar de escucha para gente de la calle a cargo de psicólogos. El fomento del comercio justo o la participación en ferias de solidaridad vecinales son otras dos facetas de esta labor social.
En lo más devocional y celebrativo, la catequesis de iniciación cristiana es también común. Para los jóvenes, hay unos grupos de fe y vida que se reúnen semanalmente en dos citas concretas: Arde, una adoración eucarística, y Enciende, una convocatoria en clave más formativa. Aparte hay más grupos, como Sexólicos Anónimos, Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos, «porque en las parroquias estamos para acompañar a la gente, en la vida y en la fe», señala Domínguez.

Todas estas actividades se llevan a cabo en una u otra parroquia, e incluso en alguna ONG del barrio que presta sus locales para este fin. «Se trata de unir fuerzas entre todas las realidades con las que podamos contar», señala el responsable de la Unidad Pastoral Corazón de María, que destaca «el valor de poner en común todos los recursos».
Mención aparte merece la capellanía que da servicio desde Nuestra Señora del Espino a todos los filipinos que viven en la diócesis. Son tantos que hay dos Misas para ellos los domingos por la tarde. «Es cuando el templo está más lleno», reconoce Domínguez. «Enriquecen mucho la realidad eclesial en esta zona —añade— y estamos muy contentos de compartir la fe con ellos».