Las monjas comparten aquí su cariño al Niño Jesús - Alfa y Omega

Las monjas comparten aquí su cariño al Niño Jesús

La muestra Miradas al Niño Dios, en el convento de las Comendadoras de Santiago de Madrid, ofrece un preciso recorrido histórico y artístico por esta iconografía desde el siglo XVII hasta el XX

Javier García-Luengo Manchado
Vista general de la muestra en el convento.
Vista general de la muestra en el convento. Foto: ArtisSplendore.

La Navidad nos invita a contemplar desde la gratitud, desde el silencio y desde el asombro, el inconmensurable misterio de la familia de Belén. La humildad del Niño Jesús, la sencillez que se concita en tan magno hecho histórico, pareciera prefigurar la humildad de su Redención, la eternidad de su amor, el advenimiento de su gloria.

El convento de las Comendadoras de Santiago de Madrid nos llama también estos días a meditar en torno a tan pequeño y desbordante milagro, a tan divino y humano misterio, gracias a la selecta muestra que, con el título Miradas al Niño Dios, reúne más de una decena de imágenes del Niño Jesús conservadas, cuidadas y veneradas en la clausura de dicho cenobio.

'Niño Jesús de las Comendadoras'. Siglo XIX.
Niño Jesús de las Comendadoras. Siglo XIX. Foto: ArtisSplendore.

La ternura que admiramos en todos estos Niños nos orilla a la intimidad devocional de las celdas de una institución que desde su rigor, desde esa sosegada alegría del ora et labora, tantas monjas en su callado afán hacen —e hicieron— de sus días, de su trabajo y de sus rezos entregados; un mundo esperanzado, luchando —a veces en medio de la incomprensión— por la paz de nuestro hoy, mirando siempre al recién nacido Mesías. En él, en estas imágenes, en su sonrisa y en su bendición, en su presencia y en su figura —san Juan de la Cruz dixit—, descubrimos asimismo esa infancia que, como otrora la del Niño Dios, fue y es pasto  de la migración, de las persecuciones, de las injusticias. Y, a pesar de todo, motivo de nuestra esperanza. En la ternura de estos Santos Niños atisbamos, de nuevo, el por qué de nuestra fe; encontramos el ánimo para nuestro caminar, esa inocencia que necesitamos cada día cuando volvemos a empezar.

'Niño Jesús triunfante'. Siglo XVII, madera policromada.

Niño Jesús triunfante. Siglo XVII, madera policromada. Foto: ArtisSplendore.

El convento de las Comendadoras de Santiago de Madrid muestra por vez primera este interesante conjunto de imágenes dedicadas al Niño Jesús, acendrada devoción monástica que en este caso, además, nos ofrece un preciso recorrido histórico y artístico por tal iconografía desde el siglo XVII hasta el XX. Buena parte de las tallas aquí reunidas exhiben al Niño Jesús en su plenitud humana, dejando a un lado las vestimentas y ajuares con las que con tanto cariño y esmero las monjas solían adornar y venerar el misterio de la Encarnación. Solo hay alguna excepción en este sentido, como las figuras donde el Niño se presenta bajo la advocación del Divino Pastor, luciendo los atributos propios al respecto: pieles de cordero, un cayado en forma de cruz y esa mirada amorosa de quien siempre busca a la oveja perdida.

'Niño Jesús en la cuna'. Madera policromada.
Niño Jesús en la cuna. Madera policromada. Foto: ArtisSplendore.

Junto a ello, abundan los ejemplos en los que el Niño duerme plácidamente en la cuna; y asimismo aquellos otros donde, erguido, nos bendice. Estas últimas creaciones fueron muchas veces concebidas como Niños Pasionarios; es decir, esculturas que durante la Cuaresma y la Semana Santa, gracias a atributos como una pequeña cruz o una túnica morada, recreaban a la vez el misterio de la Encarnación y el de la Redención.

'Niño Jesús Rey de reyes'. Siglo XVII.

Niño Jesús Rey de reyes. Siglo XVII. Foto: ArtisSplendore.

Esta entrañable muestra es el pretexto ideal para redescubrir este convento, recientemente abierto al público tras una brillante y prolongada restauración. Entre sus muros no solo se atesora buena parte de la historia de nuestro Madrid, de su fe y de su devoción; sino también ese latir del corazón de nuestras clausuras, ese latir del corazón del Niño de Belén al que tanto reverenciamos y con el que esta Navidad, desde nuestro sencillo pesebre, anhelamos reencontrarnos: hoy en las comendadoras, mañana en el pequeño refugiado que implora simplemente una sonrisa o una cuna donde soñar.