Las costuras del sistema económico - Alfa y Omega

En su discurso en la apertura de la Asamblea Plenaria, que se desarrolla hasta este viernes, el presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Juan José Omella, lamentó que el impacto de la pandemia en la economía española y en tantos y tantos hogares se ha visto agravado por «carencias previas». Entre ellas citó la «excesiva precariedad» del mercado laboral o la falta de «inversión en investigación y desarrollo». 

En todo el mundo, aseveró acertadamente el arzobispo de Barcelona, la COVID-19 ha puesto sobre la mesa «el desproporcionado estado de las desigualdades económicas y sanitarias», las «consecuencias de la destrucción de los ecosistemas» y el «interés egoísta y polarizador» de muchos, como los populistas, al tiempo que «nos hace ver lo lejos que estamos de sentir y comportarnos como una única familia humana». Con un aroma claro a Fratelli tutti y al magisterio del Papa, apostó por una economía que «tenga el horizonte puesto en la prosperidad inclusiva y sostenible, donde se pueda dar el desarrollo humano integral». 

De esta necesidad de replantear aspectos del modelo de desarrollo global se va a hablar, precisamente, en el encuentro Economía de Francisco, que se celebra hasta este domingo en línea, con distintas conexiones con la ciudad de Asís y más de 2.000 participantes. La cita –inicialmente prevista para marzo– ha perdido la parte presencial, con lo que esta ofrecía de intercambio de experiencias, pero ha ganado vigencia ahora que el coronavirus ha sacado a relucir las costuras del sistema económico mundial.

Esto no significa –como han llegado a afirmar algunos que se parapetan tras sus ideologías– que se discutan conceptos ampliamente aceptados por la Iglesia como la propiedad o la iniciativa privadas o que se obvie el desarrollo logrado en las últimas décadas. Pero algo falla cuando se sigue negando la dignidad de tantos hermanos y maltratando la casa común.