Las cabras del párroco campan a sus anchas por Aoslos - Alfa y Omega

Las cabras del párroco campan a sus anchas por Aoslos

La parroquia de San Isidro, en Aoslos, es la más pequeña de la diócesis de Madrid. Con pocos niños, es una de las dos únicas dedicadas al patrono de los agricultores

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Una de las cabras del cura, delante de la iglesia.
Una de las cabras del cura, delante de la iglesia. Foto: Parroquia de San Isidro de Aoslos.

Al párroco de Aoslos se le suben las cabras por los hombros. En una de las fotos que nos envía para acompañar este reportaje aparece sonriente mientras estos simpáticos animales le trepan por la espalda con toda confianza. «La primera de ellas me la dio un vecino que me pidió que le llevara en coche a Navacerrada a comprar una para su rebaño, pero la que le ofrecieron era macho y no la quiso: ya tenía uno, y no puede haber dos juntos porque se pelean», cuenta Juan Sánchez. «Así que me la quedé, luego vino otra, y después cuatro gallinas. Ahora estoy criando cabras y tengo un huerto», cuenta el cura, divertido.

En este pequeño pueblo al norte de la capital, un poco más al sur del puerto de Somosierra, «mi forma de acercarme a la gente es adaptándome al medio rural en el que viven mis vecinos», cuenta Sánchez, que también lleva las parroquias de Horcajo, Horcajuelo y Madarcos. Los habitantes de esta zona son en su mayoría agricultores y ganaderos jubilados y apenas hay niños. «Ahora tengo dos niñas a las que doy catequesis, de dos pueblos de por aquí cerca. Una se está preparando para la Primera Comunión y otra para la Confirmación», señala. A ellas van dirigidas muchas veces las palabras de sus homilías, porque en la Misa dominical los fieles no suelen llegar ni siquiera a diez. «No ofrezco la Misa entre semana porque ya me han dicho algunos que si van el martes ya no van el domingo. ¡Y no les voy a hacer pecar por faltar al precepto dominical!», ríe. 

Juan Sánchez se acerca a sus vecinos allí donde está su vida.
Juan Sánchez se acerca a sus vecinos allí donde está su vida. Foto: Parroquia de San Isidro de Aoslos.

Lo que sí tiene una mayor asistencia es la pastoral de exequias: «Aquí se valora mucho la presencia del cura. Cuando muere alguien, el sacerdote tiene que ir por delante del féretro en la procesión hacia el cementerio. Y la fiesta de Todos los Santos es muy importante», afirma. 

Aoslos fue elegida por el cardenal José Cobo para su primera Misa como arzobispo de Madrid, por su carácter simbólico. «Él ya había hecho una visita pastoral antes, como obispo auxiliar, y quiso volver como un gesto de humildad, de acercarse a la iglesia más pequeña de la diócesis», destaca Sánchez. De hecho, fue en la sacristía donde se enteró de que el Papa Francisco le había nombrado cardenal. «Por eso muchos le llaman el cardenal de Aoslos», apunta el párroco con humor. 

Foto: Parroquia de San Isidro de Aoslos.

De aquel día ha quedado en la memoria de la gente una oración redactada por el mismo arzobispo y que todavía se sigue rezando en alto después de cada Misa. «Es muy completa y menciona a san Isidro, porque esta es una de las dos únicas parroquias de la diócesis levantadas bajo el título del santo. La otra está en Carabanchel», Juan Sánchez, que se reconoce también «muy fan» del santo patrono de Madrid: «Me ha tocado tener esa suerte», añade. 

«Aquí se vive con otros tiempos y a otra escala, pero es tierra de misión», admite. Como son tan pocos, todos se conocen. «Lo que les pasa a los vecinos te impacta más, por eso hay más cercanía». Todos comparten los inviernos, que son duros y el cura tiene que tirar de la leña que da el monte, como el resto de la gente, «porque no me da para pagar el gasoil». Por eso agradece la solidaridad del resto de las parroquias de la diócesis, que ayudan a que la Iglesia siga presente aquí, en medio del monte, donde Pepita, Pilarica, Teresita y Martina, las cabras del cura, campan a sus anchas.