«La visita del Papa a Argelia es en sí diálogo interreligioso»
León XIV emprende el 13 de abril una extensa gira por África. Desea seguir las huellas de san Agustín de Hipona y visita a un pequeño rebaño volcado en la amistad con los musulmanes: «La Iglesia va más allá de sí misma para llegar a los demás, inspirada por la Visitación»
En Bab el Oued esperan al Papa «como a uno de casa». León XIV conoce este barrio argelino de cuando lo visitaba como prior de los agustinos. Sor Lourdes Miguélez ultima los preparativos en el Centro de Acogida y Amistad de las Agustinas Misioneras con algunos contratiempos, como una gotera en la capilla. La religiosa española, que lleva en Argelia más de 53 años, recuerda con cariño la visita de Prevost en 2009. «Cuando le eligieron Papa, le escribí para felicitarlo y me dijo: “Espero ir pronto a Argelia”». Por eso, sabe que el Papa viajará al país «con mucha ilusión, porque se ha declarado un hijo de san Agustín». «También viene como mensajero de paz».
El Papa comenzará su viaje en Argelia, donde pasará el 13 y el 14 abril. Tras los encuentros protocolarios con las autoridades, visitará en Argel una de las mezquitas más grandes del mundo. Como hacía Francisco en sus viajes al reunirse con jesuitas, León hará lo propio con los agustinos.
15 al 18 de abril: visita, en Camerún, Yaoundé, Bamenda y Douala.
18 al 21 de abril: viaje a Angola, con etapas en Luanda, Muxima y Saurimo.
21 al 23 de abril: en Guinea Eucatorial, última etapa, visita Malabo, Mongomo y Bata.
Cuando aterrice el 13 de abril, León XIV acudirá a este lugar donde las religiosas enseñan a coser, a hacer joyas, a pintar, ofrecen clases de refuerzo escolar y se hacen una con el pueblo al que sirven. «Es mi pueblo, al que quiero con locura», asegura Miguélez. Sabe bien lo que es compartir las alegrías y las penas de los argelinos. Padeció en primera persona la violencia de la «década negra», cuando durante la guerra civil argelina, a partir de 1992, fueron asesinadas entre 100.000 y 200.000 personas. En 1993, el Grupo Islámico Armado (GIA), declaró que mataría a todos los extranjeros en el país. «Los argelinos nos decían: “Si os vais vosotras, se nos irá la esperanza. Si os quedáis, sabremos que hay un futuro”». Tanto ella como sus hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua decidieron quedarse. El 23 de octubre de 1994, de camino a Misa, Cari y Esther fueron asesinadas. Sor Lourdes recuerda que, al verlas tiradas en el suelo, pensó: «Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen». «Hemos formado parte de la Pasión de este pueblo junto con los musulmanes. Éramos amigas de muchos a los que también mataron». Cree que el Señor la preservó «para seguir testimoniando a Jesús con la vida, ya que no podemos con palabras».
La Argelia de 1962 en la que nació el periodista François Vayne era bastante diferente a la actual. «Mi madre me puso François pensando en el encuentro entre el santo de Asís y el sultán, queriendo quedarse en Argelia para experimentar la fraternidad universal, después de una guerra que había desgarrado a las comunidades musulmanas y cristianas», comparte. En su juventud conoció a los trapenses de Tibhirine que, como Cari, Esther y otros diez religiosos más, fueron asesinados en aquella década negra. «Gracias a estos mártires» —beatificados en 2018—, «el tesoro de la Iglesia en Argelia se compartió con el mundo. Su mensaje es de amistad con los argelinos», asevera. Por eso, define la Iglesia local como «una Iglesia que se extiende más allá de sí misma para llegar a los demás, inspirada por el relato evangélico de la Visitación».
Entre sus 48 millones de habitantes, se estima que puede haber unos 100.000 cristianos, de ellos unos 7.000 católicos. No hay estadísticas oficiales. «Para esta pequeña comunidad la visita de un Papa, y agustino, es una gracia divina que reaviva la convicción de ser parte integral de la Iglesia universal, por insignificante que parezca», cuenta a Alfa y Omega el padre Dominic, sursudanés y prior de la comunidad de Annaba, la histórica Hipona, formada por tres religiosos. Están a cargo de la basílica de San Agustín, donde León XIV celebrará Misa el 14 de abril. El sacerdote cuenta a este semanario que el anuncio de la visita del Papa «se ha recibido con la misma alegría y orgullo que el día de su elección, cuando se declaró hijo de san Agustín». Porque el de Hipona «se considera un puente entre las civilizaciones cristiana y musulmana». Siendo prior de los agustinos, Prevost visitó esta basílica en 2013. «Al día siguiente de ser elegido, la basílica se llenó de gente que había acudido a celebrarlo», señala. La mayor parte de quienes acuden al templo son musulmanes: «La visita del Papa es, en sí misma, diálogo interreligioso». El sacerdote revela que unos y otros esperan con emoción esta visita. Tanto es así, que hasta las autoridades en Annaba han deseado que la ocasión sea un motivo para propiciar un acercamiento en torno a san Agustín.