La tarta del presidente ofrece una mirada íntima y profundamente humana sobre un territorio que el cine ha retratado con frecuencia desde una óptica externa. Con esta película, Hasan Hadi consolida una voz propia —esta es su ópera prima— y se sitúa como una de las más prometedoras del nuevo cine árabe.
Es fábula y es realista. La fábula es un regalo para el espectador; el realismo, en cambio, está controlado por Sadam Huseín desde todos los ángulos posibles, en infinidad de planos y detalles que Hadi dispone con elegancia y firmeza. El dictador nunca ocupa el centro del encuadre, pero su presencia lo gobierna todo. El protagonismo recae en Lamia, encarnada por Baneen Ahmad Nayyef; una niña que emprende una aventura vital tan inocente como aterradora.
Ambientada en el Irak de los años 90, la cinta adopta la forma de una conmovedora fábula de corte naturalista para narrar la historia de esta niña de 9 años obligada a preparar una tarta para el cumpleaños del presidente. El gesto, aparentemente ingenuo, encierra una lógica perversa: incluso la infancia queda sometida a los rituales del poder. La elección de rodar su obra en Irak y solo en Irak responde a una decisión moral además de artística. Hasan Hadi nació en el sur del país bajo el régimen de Sadam Huseín y creció marcado por las sanciones internacionales tras la invasión de Kuwait, una experiencia que atraviesa el filme de forma soterrada.
De una infancia condicionada por la guerra nace el impulso de contar este recorrido por las calles de Bagdad, que Lamia emprende acompañada únicamente por su gallo Hindi y su amigo Saeed. El viaje no es una vía de escape ni una promesa de libertad, sino un desplazamiento dictado por el miedo. La película enfrenta así la inocencia infantil con la crueldad estructural de los sistemas autoritarios.
Para ello, Hadi trabaja con actores no profesionales, cuya frescura y espontaneidad acercan el relato al terreno del documental. El largometraje se mueve con naturalidad entre lo real y lo fabuloso, entre la crudeza y una delicada poética del gesto cotidiano. Rodada en celuloide de 16 milímetros, la imagen presenta un grano visible y una textura orgánica que refuerzan la sensación de cercanía, verdad e imperfección, alejándose de cualquier idealización.
Hadi es el primer director iraquí en recibir un premio en el Festival de Cannes, así como el primero que consigue entrar en la lista de preselección antes de las nominaciones a los Óscar, popularmente conocida como shortlist. La cinta se presentó mundialmente en el Festival de Cannes, y su estreno en España tuvo lugar en la sección Perlak del Festival de San Sebastián con una puntuación del público de 8,62. Con ella, superaba la de otros títulos recientes con excelente acogida como Perfect Days, de Wim Wenders; Fallen Leave, de Aki Kaurismäki; Anatomía de una caída, de Justine Triet o Past Lives, de Celine Song.
Hasan Hadi
Irak
2025
Drama
+12 años