La superiora que fue hippie

Victoria Isabel Cardiel C.
La superiora, en un fotograma del documental

La historia del monasterio greco-católico melquita de Santiago el Mutilado es una historia de supervivencia. Está ubicado a 90 kilómetros al norte de Damasco, en el pueblo de montaña Qara, en la cordillera montañosa de Qalamun, una palabra aramea que significa gran frío. Fue fundado en el siglo V y abandonado por los monjes en el siglo XVIII después de los estragos del Imperio turco otomano. En 1994 comenzó la reconstrucción. Seis años después, durante la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz del Año del Gran Jubileo, las autoridades eclesiásticas emitieron el decreto de restablecimiento del convento de acuerdo con la tradición de los monasterios orientales. Empezó entonces la nueva orden religiosa diocesana de los monjes de la Unidad de Antioquía. «Es un punto estratégico. No es una casualidad que, antes de ser un monasterio, fuera una fortaleza romana. Está a mitad del camino que une Jerusalén con Antioquía, pasando por Amán. Es un punto clave de una autopista de la antigüedad, además de un centro de referencia de espiritualidad para los cristianos», dice la directora italiana Maria Luisa Forenza. «Aquí viven como los primeros cristianos. Si existe un concepto de lugar sagrado es aquí, donde nacieron muchas de las primeras órdenes cristianas», agrega.

Con el estallido de las armas se convirtió en el objetivo de las facciones enfrentadas en zonas de guerra. Sobre todo, por su vocación de ser un pilar de la ayuda humanitaria en medio de un conflicto asimétrico con múltiples actores, muchos de ellos externos. «La guerra ha llevado hasta las puertas de este monasterio a muchos refugiados que han sido acogidos por igual. Sin preguntar de qué religión eres o de dónde vienes. No es solo un credo o una fe, es una educación del alma, una educación a la humanidad que los monjes ponen en práctica con el otro. Este monasterio es un paraíso en medio del peligro y los sirios lo saben», señala Forenza.

Vista del exterior del monasterio de Santiago el Mutilado

El verdadero corazón de este remanso de paz y caridad es la madre superiora, Agnès-Mariam de la Cruz. Nació en Líbano hace 68 años, de padre palestino y madre libanesa. La prematura muerte de su progenitor la empujó a abrazar el movimiento hippie con 16 años. Con 19 puso fin a sus excesos y entró en el convento de clausura de las carmelitas, al norte de Beirut. Dos décadas después se trasladó a Siria para devolver a la vida este monasterio piedra a piedra. Con el tiempo se ha convertido en la protectora de la comunidad y el patrimonio cristianos en Siria. Ha sido miembro del proceso de reconciliación nacional sirio a través del movimiento Mussalaha, que significa reconciliación. Con él promueve el diálogo en el país. Una mediación que le llevó a ser nominada en 2014 al Nobel de la Paz, pero también a ser la principal diana de las amenazas de muerte el Estado Islámico, lo que le ha obligado a moverse con escolta en seminarios internacionales. El título del documental Motherfortresses un homenaje a su labor. «Es una mujer con una fuerza inaudita. La palabra fortaleza es un reclamo a la entereza no solo de madre Agnès, sino de todos los monjes que han resistido a la guerra. En ellos en encontrado una gran vitalidad y mucho amor por la vida, algo que nunca imaginé posible en tiempos de guerra», incide Forenza.

Victoria Isabel Cardiel C.
Roma