«La sobre-exigencia es causa de fracaso»

No todos los casos de fracaso escolar tienen que ver con familias con problemas o de escasos recursos. Carmen Marco, psicóloga infanto-juvenil, orientadora en el colegio El Pilar, de Madrid, y fundadora…

José Antonio Méndez

No todos los casos de fracaso escolar tienen que ver con familias con problemas o de escasos recursos. Carmen Marco, psicóloga infanto-juvenil, orientadora en el colegio El Pilar, de Madrid, y fundadora del gabinete aprender-T, explica que «la sobre-protección y la sobre-exigencia de los padres que buscan el éxito académico de sus hijos a toda costa generan cada vez más casos de fracaso escolar»

¿Qué factores desencadenan el fracaso escolar?

Son múltiples. El salto de Primaria a Secundaria suele ser un momento delicado para los alumnos, en el que se destapa o se inicia el fracaso escolar. Si el alumno iba bien, la situación emocional es normal y de pronto comienza el fracaso, suele tener que ver el hecho de que, en Primaria, el horario es hasta por la tarde, y en Secundaria, hasta las tres, por lo que los chicos se encuentran con que antes llegaban a casa a las cinco o las seis y tenían que hacerlo todo en dos horas, junto a sus padres, y ahora tienen la tarde libre, normalmente solos, a una edad en la que no saben administrar su tiempo. Si el fracaso es repentino, hay que ver si algo ha provocado un cierto shock: discusiones con amigos, acoso, problemas en casa, un divorcio… Si el fracaso es constante, hay que distinguir entre los que tienen dificultades de aprendizaje (dislexia, déficit de atención…), y los que fracasan por factores afectivos que inciden en el hábito de estudio, por dejación o por sobre-exigencia.

¿Por sobre-exigencia?

Sí. Sobre-exigir y sobreproteger a los hijos también causa fracaso escolar, y cada vez encuentro más casos. Un buen termómetro son los deberes. Los deberes están pensados para crear hábitos de estudio, pero cada vez veo más padres que sobre-exigen a los hijos. Hay casas con niños chiquititos en las que hay que estudiar todos los días; leer tantas palabras por minuto cronometrándolas; o ser el mejor en todas las áreas. Algunos padres quieren triunfar como padres en lugar de centrarse en querer a sus hijos, y miden ése éxito por las notas de los niños. Temen tanto al fracaso académico de sus hijos que no muestran interés por otros campos: los apuntan a idiomas, métodos de aprendizaje y les preguntan cada día por los deberes, pero son incapaces de jugar un rato con ellos, preguntarles si quieren ir de paseo, o leerles un cuento sólo por el gusto de estar juntos.

¿Y eso causa fracaso escolar?

Esto provoca mucha ansiedad en el niño, que se ve acosado por las expectativas de sus padres. Una defensa natural del niño es zafarse de lo que le oprime y abandonar el estudio. Otros fracasan porque tienen tanta tensión que están bloqueados. Veo chicos que se esfuerzan pero no logran sacar notas brillantes, y como nadie se lo valora, tiran la toalla. Inculcar la satisfacción por el esfuerzo, y no por los resultados, es clave para prevenir el fracaso.

Los padres quieren proteger al hijo. ¿Qué hace un sobreprotector?

Es ése padre o madre de: Me siento contigo, te saco el cuaderno, estudio a tu lado, lo superviso, digo: ¿Qué deberes tenemos?, ¿qué nota hemos sacado?… Eso hace dependientes a los niños. Hay chicos que fracasan porque no saben estudiar. Estudiar implica enfrentarse a un enunciado y razonarlo para comprenderlo. Si lo razonan los padres, el niño podrá memorizarlo, no entenderlo. La etapa escolar debe servir para aprender a organizarse el tiempo y el modo de estudiar, y para eso hace falta fuerza de voluntad y tiempo. El padre que sustituye a su hijo no educa su fuerza de voluntad, y el que se desentiende, no le enseñan a gestionar el tiempo.

José Antonio Méndez