«La sensibilización es básica»

Con una clara vocación de ayuda a los más pobres, el obispo de Teruel y Albarracín, monseñor Carlos Escribano, es desde el jueves, el nuevo obispo consiliario de Manos Unidas. «La labor de esta institución refleja la vivencia de la caridad, lo específico de la realidad cristiana», destaca. Y pide a los españoles que no olviden que aquí «la crisis será coyuntural, pero en los países del Sur la problemática es endémica»

Cristina Sánchez Aguilar
Grupo de niñas en una escuela de Haití, proyecto financiado por Manos Unidas. Foto: María Eugenia Díaz/Manos Unidas

Con una clara vocación de ayuda a los más pobres, el obispo de Teruel y Albarracín, monseñor Carlos Escribano, es desde el jueves, el nuevo obispo consiliario de Manos Unidas. «La labor de esta institución refleja la vivencia de la caridad, lo específico de la realidad cristiana», destaca. Y pide a los españoles que no olviden que aquí «la crisis será coyuntural, pero en los países del Sur la problemática es endémica»

¿Cuáles son sus retos ante este nombramiento?

Mis retos personales son los retos de la institución. Mi pretensión no es otra que intentar acompañar a Manos Unidas, y concienciar a la gente en la lucha contra el hambre, que es un reto, a la vez, ambicioso y hermoso.

¿Cuál es el papel que juega Manos Unidas en la sociedad española?

La trayectoria de 56 Campañas contra el hambre define su papel. Manos Unidas nos ayuda a que la conciencia no se nos adormezca ante una realidad que va más allá de nuestras fronteras. Su papel sigue siendo el de aquellas mujeres de Acción Católica que, hace más de medio siglo, vieron que era necesario plantar cara al hambre en el mundo. Y se dispusieron a despertar al pequeño grupo de personas que tenían a su alrededor. Esa aspiración original hoy sigue viva. A través de sus campañas y su acción permanente nos animan a no olvidarnos de la gente que lo está pasando mal en los países del Sur.

Desde que llegó la crisis, los españoles –y el Estado también– han reducido sus aportaciones a la cooperación internacional. Pero sigue existiendo un mundo ahí fuera. ¿Qué le diría a los españoles?

Es inevitable que, ante la crisis, a la gente le resulten más dramáticos los problemas de las personas de su entorno, y esto les hace responder de una manera más efectiva. Pero no hay que olvidar que somos un país del primer mundo, y si Dios quiere, la crisis será coyuntural. Pero, en los países del Sur, la problemática es endémica, está profundamente arraigada y necesita atención constante. Es bueno no olvidarse de que hay gente que lo pasa muchísimo peor que nosotros.

¿Cuáles son, para usted, los puntos fuertes de la organización?

Uno de sus puntos más fuertes es el trabajo abnegado de tantos voluntarios que dedican su esfuerzo a trabajar por los más débiles. También el gran número de aportaciones privadas que tienen, porque eso significa que concitan un interés por su labor. Otra es su propia identidad: reflejan la vivencia de la caridad, lo específico de la realidad cristiana. Además, he contemplado la tarea de Manos Unidas en otros países y he visto la eficacia de su ayuda allí donde están. Cualquier ayuda, por pequeña que sea, si está bien gestionada –como es en el caso de Manos Unidas–, hace un bien realmente impresionante.

Usted tiene una clara vocación social, de ahí su nombramiento. ¿Qué le ha llevado a estar, especialmente, preocupado por los más pobres?

Preocuparse por los más necesitados surge de la vivencia misma de lo que es la Iglesia. Cuando vivimos en profundidad nuestra fe, consideramos a los hombres como hermanos nuestros. Y el Papa Francisco actualiza cada día esta vivencia. La Evangelii gaudium lo explica muy bien.

La petición de este año de Manos Unidas en su Campaña es que, juntos, se lucha mejor contra la pobreza. ¿Cómo animaría a los fieles a sensibilizarse con los problemas de los países en vías de desarrollo?

En este sentido, es necesaria la tarea de Manos Unidas. Para que haya respuesta, tiene que haber concienciación previa. La sensibilización es básica, porque la vorágine de nuestras vidas hace que, a veces, no respondamos. Aprovecho para dar las gracias a la organización y al trabajo que hacen, tanto a nivel nacional como diocesano. Hay tantos voluntarios ocultos en las parroquias que durante el curso van concienciando a todo el mundo…. Ojalá con su tarea, abnegación y compromiso consigamos muchas respuestas a la necesidad de luchar contra la pobreza.

Cristina Sánchez Aguilar