La Santa Sede denuncia que «los cristianos son la comunidad más perseguida del mundo»
El observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas estima en «13 cada día» los cristianos que mueren por su fe
«Casi 400 millones de cristianos —de cada siete cristianos en el mundo—, son víctimas de persecución o violencia. Constituyen la comunidad más perseguida del mundo. En 2025, casi 5.000 creyentes fueron asesinados a causa de su fe. En esencia, trece al día». La denuncia la realizó el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, en una iniciativa promovida la semana pasada por Zsòfia Havasi, representante permanente de Hungría ante las Naciones Unidas en Ginebra.
La denuncia sale a la luz un mes después de que el mismo Parlamento Europeo reclamara por primera vez un coordinador contra la cristianofobia, un término que usó también por primera vez en una resolución aprobada por el organismo de representación de los ciudadanos de los países de la UE.
⚠️ At the United Nations in Geneva, Ettore Balestrero warned that nearly 400 million Christians worldwide face persecution or discrimination because of their faith.
— SG News (@SGNews123) March 6, 2026
A global call to defend religious freedom and human rights.#ChristianPersecution #ReligiousFreedom #Faith… pic.twitter.com/Qg6tJQQozF
«Quienes fueron asesinados a causa de su fe son mártires en el sentido etimológico del término. Son testigos de sus creencias que encarnan valores que desafían la lógica del poder», explicó Balestrero, según informa Vatican News. El representante vaticano añadió que «desde la perspectiva del derecho internacional, sin embargo, son víctimas de escandalosas violaciones de derechos humanos. Su testimonio no debe distraer de la responsabilidad fundamental de los Estados que deberían haberlos protegido».
El deber del Estado
Para el observador de la Santa Sede, «un Estado debe respetar la libertad de religión o creencias y abstenerse de interferir en la capacidad de individuos o grupos de profesar su fe en privado o en público mediante el culto, la práctica y la enseñanza. Ese es el deber del Estado».
Balestrero continuó diciendo que «proteger la libertad de religión o creencias incluye impedir que terceros violen este derecho». Esta protección «debe salvaguardar a los creyentes que son objeto de persecución, antes, durante y después de un ataque».
Sin embargo, la impunidad sigue siendo uno de los problemas más graves en el panorama mundial de la persecución religiosa: «Un Estado debe promover la libertad de religión o creencias, ante todo porque es un derecho humano fundamental», enfatizó.

Balestrero concluyó su intervención con una reflexión, a la vez simbólica y profundamente concreta: la Cruz. «Está formada por dos líneas que se entrecruzan: la vertical representa la apertura del hombre a la trascendencia, mientras que la horizontal simboliza la conexión del hombre con los demás. Los ataques a la dimensión vertical buscan romper la relación entre la conciencia y Dios, confinando la fe al silencio. Los ataques a la dimensión horizontal ocurren cuando los cristianos son perseguidos, lo que priva a la persona humana de su capacidad innata de responder libremente a la llamada de la verdad».