La parroquia que da «soluciones» a las necesidades de los vecinos de la sierra - Alfa y Omega

La parroquia que da «soluciones» a las necesidades de los vecinos de la sierra

Cuatro salesianos sacan adelante la parroquia y el colegio en Soto del Real. El templo fue arrasado durante la Guerra Civil, pero hoy es un oasis de fe y de caridad

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El templo se levanta a los pies de la sierra madrileña.
El templo se levanta a los pies de la sierra madrileña. Foto: La Inmaculada de Soto del Real.

Si a cualquier lector de España se le menciona la localidad de Soto del Real, al norte de Madrid, inmediatamente la relacionará con la cárcel. Efectivamente, este nombre sale a la luz de vez en cuando en los medios de comunicación cada vez que entra alguien conocido a cumplir condena. Todos ellos son los destinatarios de una comprometida pastoral penitenciaria liderada por el trinitario Paulino Alonso, gracias a la cual varios internos reciben el Bautismo cada año, entablando así una particular relación con la parroquia del pueblo. 

«Todos los nombres de los bautizados en la prisión están en los libros parroquiales», cuenta Atanasio Serrano, párroco del templo, dedicado a la Inmaculada Concepción. Y, además, una docena de ellos acude cada año de permiso al pueblo a la procesión y a la Misa con motivo de las fiestas patronales. «Es muy bonito verlos llorar de emoción», añade. 

Serrano es uno de los cuatro salesianos encargados tanto de la parroquia como del vecino colegio del Pilar, con 1.200 alumnos de toda la sierra de Madrid. «Somos una comunidad que compartimos la vida y la fe, rezamos y vivimos juntos para sacar adelante estos dos proyectos que tenemos encomendados», afirma. 

Soto del Real fue hasta mediados del siglo XX un pueblo humilde, ganadero y agrícola. Como curiosidad, de aquí salían las carretas que subían al Ventisquero de la Condesa a por nieve, y luego la bajaban hasta la capital, algunos años hasta bien entrado el mes de junio. Este perfil exclusivamente rural se fue perdiendo con los años y la localidad se fue haciendo más turística y residencial, sobre todo después de la pandemia, cuando hubo muchas familias que encontraron en la zona su vivienda habitual. 

De todo este proceso ha sido testigo la parroquia, que data del siglo XV en su parte más antigua. Durante la Guerra Civil fue saqueada por completo, «y profanaron todo lo que pudieron, hasta hubo algunos mártires», cuenta Serrano. Hoy, el templo es un oasis de paz y de fe en medio del pueblo, foco de atracción para los habitantes de la sierra y también para los visitantes ocasionales. «Hasta se nos ha quedado pequeño», dice. Todos los domingos acoge cuatro Misas; «pocos pueblos de la sierra pueden decir eso», afirma con cierto orgullo.

Bien de Interés Cultural

El templo es Bien de Interés Cultural de la Comunidad de Madrid, gracias sobre todo a su retablo tardobarroco, de madera de nogal y sin policromar, algo poco común. En cuanto a la pastoral, la Inmaculada es una parroquia con su actividad típica: su consejo pastoral, su consejo económico, el grupo de Cáritas, las catequesis de infancia… Acoge también un grupo juvenil al estilo salesiano, que compagina acampadas y deportes con reuniones para crecer en la fe. 

En cuanto a la pastoral familiar, organiza reuniones de matrimonios con sus hijos a las que se pueden unir también personas solas. Hay hasta tres grupos de estudio de la Biblia y uno muy original de lectores que proclaman la Palabra en Misa, rezando con ella antes de entregarla a los demás. 

Procesión durante las últimas fiestas de la parroquia.
Procesión durante las últimas fiestas de la parroquia. Foto: La Inmaculada de Soto del Real.

En cuanto a la labor de caridad, aunque Soto del Real ha prosperado mucho en las últimas décadas, sigue habiendo necesidad; «algunos naturales de aquí y otros, sobre todo migrantes recién llegados, unos 30 o 40», cuenta el párroco. «Aparte de ayuda material, les ofrecemos escucha y comprensión, e intentamos también que se enganchen a la parroquia, que conozcan a los demás feligreses. Por eso se les mete en un grupo de canto o los hacemos lectores, para que vean que en la Iglesia no hay extranjeros», añade Atanasio.

Además de ello, hay fieles que visitan a enfermos en sus casas y a ancianos en sus residencias. A veces, hasta los acompañan a Colmenar Viejo o a Madrid para alguna visita médica; o incluso acompañan a algún vecino ciego a pasear, tomar un café o darse una vuelta por la parroquia. «Estamos atentos a las necesidades que surjan, y les damos soluciones», concluye el salesiano.