La Iglesia ya existe en Burkina Faso

El acuerdo entre el país y la Santa Sede no cambia el día a día de la Iglesia, pero supone tener personalidad jurídica y «un escudo para proteger nuestra fe» ante el avance del islam

Cristina Sánchez Aguilar
Monjas autóctonas en Misa en la catedral de Ouagadougou. Una de las ventajas del acuerdo es que la Iglesia pueda tener las puertas abiertas a ayudas oficiales, lo que supone una promesa de futuro para los religiosos locales. Foto: CNS

«Un reconocimiento de la importante contribución que la Iglesia hace en Burkina Faso, especialmente en los campos de la salud y la educación». Así define el nuncio, el irlandés Michael Crotty, el acuerdo entre la Santa Sede y el país africano, que entró en vigor el 7 de septiembre. Ese mismo día el prelado comenzó a ejercer su papel de representante del Papa en Burkina Faso y Níger tras ejercer, desde 2017, de primer consejero de la Nunciatura en España.

El acuerdo, firmado en el Vaticano el 12 de julio de 2019, es el fruto de 20 años de pequeños pasos, como «el nombramiento, en 2007, de un nuncio residente en Burkina Faso; la apertura de una nueva nunciatura en 2017 y, por parte del país, la apertura de una embajada ante la Santa Sede», explica Crotty.

Esta culminación, aunque no cambia esencialmente las cosas sobre el terreno, sí «otorga legítima autonomía y autoridad» a la Iglesia. En la práctica ya había libertad de movimientos, asegura el nuncio, pero «el acuerdo consolida y fortalece esta realidad», lo que supone una base fundamental para «la Iglesia joven y en crecimiento que es la Iglesia burkinesa».

Este punto lo corrobora la misionera Rosario Martín, religiosa de María Inmaculada, que lleva en el país desde 1994 y con la que contactamos gracias a OMP. «Yo soy extranjera aquí, pero tengo muchas hermanas autóctonas y para nosotras el acuerdo ha supuesto una gran alegría». El motivo es que «ahora vivimos de los medios que nos llegan del exterior, pero, en la medida que haya menos hermanas extranjeras, las puertas de entrada serán menos». Oficializar a la Iglesia, con lo que eso supone de apertura a ayudas públicas y a acuerdos, «es una promesa de supervivencia de nuestras obras».

Otra de las ventajas de «existir oficialmente» es que esto pueda suponer «un escudo para proteger nuestra fe», explica Martín. «El islam se va haciendo más radical, y en ciertas zonas del país hay verdadera persecución», y aunque un acuerdo diplomático no acabe con esta, «tengo la esperanza de que se tengan más en cuenta los derechos de los católicos».

Michael Crotty, nuncio en Burkina Faso: «Aquí hay una Iglesia joven y con un gran potencial»
Michael Crotty
Esta semana ha entrado en vigor el acuerdo entre la Santa Sede y Burkina Faso sobre la condición jurídica de la Iglesia Católica en el país africano. ¿En qué cambia la situación de la Iglesia sobre el terreno con este acuerdo?
La entrada en vigor del acuerdo entre la Santa Sede y Burkina Faso es un acontecimiento importante en la vida de la Iglesia católica en Burkina Faso. En cierto modo no cambia las cosas sobre el terreno, más bien es un reconocimiento de la importante contribución que la Iglesia católica en Burkina Faso ya está haciendo al bienestar y al bien común de la población, especialmente en los campos de la salud y la educación. Al reconocer la personalidad jurídica de la Iglesia en Burkina Faso, el acuerdo reconoce que, como otras entidades que contribuyen a la construcción de la sociedad burkinesa, la Iglesia disfruta de los mismos derechos y obligaciones.
 
¿Qué supone este avance para la Iglesia en el país?
Un aspecto importante de un acuerdo de esta naturaleza es el reconocimiento de la libertad de la Iglesia católica, como institución, con su propia identidad particular, para desempeñar su papel en la contribución al bienestar de la sociedad burkinesa. El acuerdo también reconoce la legítima autonomía y autoridad de cada parte en sus respectivas esferas y competencias.
 Todo lo que la Iglesia hace por el bien de la sociedad se deriva del Evangelio de Jesucristo, por lo que se debe respetar la libertad de los miembros de la Iglesia para conocer y aprender sobre Jesucristo. En la práctica, este ya ha sido el caso. Sin embargo, lo que es nuevo es que el acuerdo consolida y fortalece esta realidad, y proporciona una base y un fundamento seguros para fortalecer el papel de la Iglesia católica para las generaciones futuras dentro del contexto de una sociedad democrática y libre, guiada por el Estado de Derecho.
 
¿Por qué firmar el acuerdo precisamente ahora?
La firma del acuerdo en este momento representa la maduración de las relaciones entre la Santa Sede y Burkina Faso. Durante los últimos 20 años aproximadamente, se han dado una serie de pasos concretos para fortalecer esas relaciones; por ejemplo, el nombramiento de un Nuncio Apostólico residente en Burkina Faso en 2007, la apertura de una nueva Nunciatura Apostólica en 2015, y por parte de Burkina Faso, la apertura de una embajada ante la Santa Sede en Roma.
 
 Usted acaba de llegar como nuncio a la zona. En sus primeras impresiones, ¿cómo parece que es la relación de la Iglesia con el Estado?
Llegué a Burkina Faso como nuncio apostólico el mismo día en que entró en vigor este acuerdo, que por sí mismo subraya que son excelentes relaciones, por un lado, entre la Santa Sede y Burkina Faso, y por otro, entre el Estado y la Iglesia católica. Aquí hay una Iglesia joven y en crecimiento, con un gran potencial.
 
¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta allí?
Como nuncio apostólico recién llegado al país, mi primer objetivo es conocer el país y conocer las realidades de la Iglesia para poder ejercer mi responsabilidad principal de ser el representante del Papa Francisco, el sucesor de san Pedro.