La Iglesia, luz en una Italia desierta

El Vaticano ha sido el primer estado de Europa en blindarse ante la epidemia. Hasta la plaza de San Pedro y la basílica han cerrado, un gesto extremo que no sucedió ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial. El domingo el Papa rompió el aislamiento y salió del Vaticano para llegar hasta la iglesia de San Marcello al Corso, donde está el crucifijo milagroso que en 1522 fue llevado en procesión para terminar con la peste en Roma

Victoria Isabel Cardiel C.
El Papa rompió el aislamiento para ir hasta la iglesia de San Marcello y rezar ante el crucifijo que en 1522 fue llevado en procesión para terminar con la peste. Foto: AFP/Vatican Media

Italia lleva poco más de una semana encerrada. Las calles están semidesiertas y los pocos que caminan por ellas van con mascarillas y guantes de látex. Un espacio considerable separa a quien hace cola para entrar a la farmacia o para reponer gasolina. El silencio predomina en las zonas donde antes había bullicio. Las pantallas, que antes anunciaban los estrenos de cine, ahora repiten como un mantra la petición del Gobierno italiano: «Quedaos en casa». Como en España, la gente no puede salir si no es por motivos laborales, urgentes (como ir al supermercado) o de salud. Hay controles policiales y los ciudadanos tienen que llevar consigo una autocertificación para justificar los motivos por los que se están desplazando. Pero por razones obvias, quienes hayan dado positivo al examen diagnóstico de coronavirus tienen prohibido abandonar sus viviendas hasta que concluyan el período de cuarentena. La vida cotidiana es muy complicada, pero en la sociedad italiana no rige el histerismo, sino un alto sentido de responsabilidad cívico. Los lugares más insospechados se llenan cada día de mensajes de ánimo y los balcones se han convertido en los nuevos bares donde la música agrega a los vecinos.

El Vaticano ha sido el primer estado de Europa en blindarse ante la epidemia. Tras diagnosticar un caso de coronavirus en uno de los ambulatorios vaticanos, se ejecutó una profunda desinfección tanto en los centros médicos como en las oficinas de la Curia romana. Cerraron los museos del Vaticano, la oficina de excavaciones, las villas pontificias y los centros museísticos de las basílicas pontificias; también la plaza de San Pedro y la basílica, cuyos accesos son controlados por la Policía italiana. Un gesto extremo que no sucedió ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial.

El Papa se ha visto obligado a rezar los ángelus y a presidir las audiencias generales de los miércoles completamente aislado en una sala interna del palacio apostólico y sin fieles. Ambas citas son retrasmitidas en directo en el portal web del Vaticano, VaticanNews. Francisco sigue con su agenda, pero con muchas limitaciones. La última decisión afecta a las celebraciones litúrgicas de Semana Santa –la del Domingo de Ramos, el 5 de abril; la de Jueves Santo, el día 9; la del Viernes Santo, el 10 y el posterior vía crucis en el Coliseo romano; la del Sábado Santo de Vigilia Pascual, y el Domingo de Resurrección con la tradicional bendición Urbi et orbi–. El Vaticano anunció que serán sin fieles por la emergencia sanitaria del coronavirus, aunque no detalló la modalidad en la que se realizarían. Está en estudio que puedan desarrollarse en espacios cerrados como la basílica de San Pedro o la capilla Sixtina, que permanecen cerradas, como todo el Vaticano, a los turistas.

En este contexto, la pregunta que más se formulan los creyentes en Italia es cómo vivir la fe en tiempos de coronavirus. En parte contestó el propio Pontífice durante el ángelus del pasado domingo, cuando invitó a vivir la oración como forma de comunión espiritual cuando no es posible recibir el Sacramento. «En esta situación de epidemia, en la que debemos permanecer aislados, podemos redescubrir y profundizar en el valor de la comunión que nos hace a todos miembros de la Iglesia. Unidos a Cristo no estamos nunca solos, formamos un único cuerpo del que Él es el Jefe», dijo. «Esto lo digo para todos, pero en especial para las personas que viven solas», zanjó. Asimismo, los obispos italianos y el Vicariato de Roma han dispuesto dos citas espirituales diarias online para levantar el ánimo. A las 7:00 horas el Papa celebra la Misa matutina en la capilla de la residencia Santa Marta, donde vive, que se retransmite en directo por la página de streaming del portal de noticias del Vaticano. Y doce horas más tarde, el cardenal vicario de Roma, Angelo De Donatis, celebra otra Eucaristía que también puede seguirse por internet. En el territorio italiano se ven también a través de la televisión de la Conferencia Episcopal, TV2000, que aglomera cada día cerca de un 10 % de audiencia.

Tiempo de nuevas tecnologías

Asimismo, tanto el ángelus como el rosario se rezan a diario desde la basílica de San Pedro, y también se difunden vía streaming para acompañar a todas las personas que permanecen confinadas en sus casas. Los curas italianos más activos en la red usan más que nunca sus perfiles de Instagram y Facebook para trasmitir el Evangelio. Los hay tan modernos que han inventado un canal de YouTube, donde trasmiten catequesis y homilías. Estos días los grupos de WhatsApp echan humo con cadenas de oración o rosarios recitados a través de videollamadas. Los confesionarios también se han adaptado a la pandemia: muchos sacerdotes se parapetan detrás de la mascarilla, siempre respetando las distancias.

El domingo el Papa rompió las reglas del aislamiento. Fue por una buena causa. Salió del Vaticano para desplazarse hasta la iglesia de San Marcello al Corso, donde está el crucifijo milagroso que en 1522 fue llevado en procesión para terminar con la peste en Roma.

Victoria Isabel Cardiel C.
Roma