La Iglesia italiana ayuda a más de 5.000 familias a librarse de la usura
Salus Populi Romani es una de las 35 entidades que combaten el sobreendeudamiento y denuncian prácticas abusivas en Italia
Hace 30 años, el sacerdote Luigi di Liegro, director de Cáritas en Roma, se fijó en el drama de empresarios y familias atrapados por las deudas. Por errores a menudo evitables se arruinaban, dejaban a sus empleados en la calle y a sus proveedores sin cobrar. Algunos acudían a usureros que ofrecían «préstamos fáciles y rápidos» pero les imponían intereses altísimos que los hundían aún más; otros, esperando un golpe de suerte, caían en la ludopatía. Por eso puso en marcha la Fundación Salus Populi Romani (FSPR), para prevenir y actuar antes de que la situación arruinara más vidas. Según el sociólogo Maurizio Fiasco, experto en usura que colabora con ellos, «el sobreendeudamiento produce dos víctimas: el deudor y el acreedor» que no especuló. «El primero no puede pagar y busca préstamos rápidos que le costará devolver. El segundo ha suministrado materiales, no ha cobrado y tal vez quiebre. La prioridad es detener la espiral, pues el daño no se detiene y tiende a crecer».
Desde 1995, Salus Populi Romani detecta en las parroquias a personas que necesitan ayuda y les tiende una mano. Liliana Ciccarelli, consejera de esta fundación, explica que «ponemos todas las cuentas sobre la mesa sobre cómo salvar tu casa, pagar a proveedores. Luego trazamos juntos un proyecto para salir del agujero: ayudamos con adelantos, cancelaciones y pagos a plazos. En ciertos casos asumimos hasta 50.000 euros de la deuda, que es lo que consiente la ley. Cuando la situación es más sostenible, podemos ayudar a obtener una nueva financiación con tipos de interés preferenciales, actuando como garantes».
En los últimos dos años han afrontado 288 casos, cuyas deudas sumaban 23 millones de euros. En 126 no ha sido necesario dar ayuda económica y en 26 ni siquiera garantizar nuevos préstamos. En 158 dieron ayudas directas o actuaron como garantes de préstamos, usando 3,6 millones de euros. En 19 casos no se pudo resolver el problema, según revela el informe Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, presentado en el marco de su 30 aniversario y del Jubileo, uno de cuyos llamamientos es precisamente la condonación de deudas.
Ciccarelli asegura que la mayoría de quienes piden ayuda tienen un empleo precario y necesitan más de la mitad del sueldo para pagar la vivienda. El 15 % no gana ni 1.000 euros al mes. En un 6% de casos, hay un problema de ludopatía o consumo compulsivo. La fundación recoge que muchos se endeudan «por falta de prudencia en las compras o por astucias comerciales en un mercado sin garantías», al confiar sin reflexionar en fórmulas de pago a plazos muy costosas.

Para pagar un funeral
Ángel, nombre ficticio, es uno de los que en los últimos meses ha solicitado ayuda. «Tenía que pagar el funeral de mis padres y pedí dinero prestado pensando que podría devolverlo haciendo horas extra y reduciendo gastos. Pero las cuentas no salieron», explica. «Ya estaba a punto de dirigirme a personas malas, pues los acreedores eran mis parientes y no quería ponerlos en apuros», reconoce. Guido abrió un bar poco antes de la pandemia, y se arruinó. «Nos llenamos de deudas, las cuotas pendientes se acumularon y no sabíamos cómo afrontarlas», asegura. Una pareja reconoce que se han separado por deudas, pues el marido ocultó durante años que no pagaba el alquiler. «Nos han ayudado a reorganizar nuestro presupuesto y la situación entre nosotros también se ha calmado», explica él.
Carlo, voluntario, explica que «estas historias tienen en común la prisa, que creen que necesitan un crédito rápido para resolver las deudas, pues no encuentran alternativas. No se dan cuenta de la enorme tasa de interés». Maurizio Fiasco apunta a una «usura encubierta» en muchas ocasiones a través de «contratos desequilibrados y abusivos». El sociólogo aplaude el modelo de la fundación: «Una vez que la situación se vuelve soportable, la persona recupera perspectiva, se autodisciplina y puede salir del atolladero». Cree que sería muy positivo que las políticas generales reprodujeran este modelo.
La Iglesia en Italia cuenta con 35 fundaciones como esta, que se agrupan en la Consulta Nacional Antiusura Juan Pablo II. Colaboran con instituciones para detectarla y prevenirla, promover la legalidad y acompañar a personas en apuros. En 2024 atendieron 5.184 casos y concedieron 1,5 millones de euros en préstamos y 17 en garantías. El 18 de octubre el Papa León XIV se reunió con ellas para conmemorar también su 30 aniversario. «Hay una usura que parece querer ayudar a quienes tienen dificultades económicas, pero que muy pronto se revela como una losa».