La Iglesia, contra el expolio

En la República Democrática del Congo, la Iglesia lucha contra el doble expolio que sufre el país: guerras promovidas desde el extranjero para explotar sus recursos naturales; y la erosión de la familia, en la que también interviene la comunidad internacional. El Presidente de la Conferencia Episcopal del país, monseñor Nicolas Djomo, participó este fin de semana en la Jornada Da la vida. «Es muy importante entender los desafíos de la Iglesia en Europa» -explica-, para «prepararnos de cara a los desafíos de la nuestra»

Alfa y Omega
Monseñor Nicolas Djomo, obispo de Tshumbe y Presidente de la Conferencia Episcopal de su país, en la Jornada Da la vida

En la República Democrática del Congo, la Iglesia lucha contra el doble expolio que sufre el país: guerras promovidas desde el extranjero para explotar sus recursos naturales; y la erosión de la familia, en la que también interviene la comunidad internacional. El Presidente de la Conferencia Episcopal del país, monseñor Nicolas Djomo, participó este fin de semana en la Jornada Da la vida. «Es muy importante entender los desafíos de la Iglesia en Europa» -explica-, para «prepararnos de cara a los desafíos de la nuestra»

¿Por qué ha querido venir desde el Congo para participar en este evento?

Es muy importante para nosotros entender los desafíos de la Iglesia en España, en Europa. Eso nos ayuda a prepararnos de cara a los desafíos de nuestra Iglesia. La concepción tradicional africana de la familia -respeto a la vida, el matrimonio como alianza entre dos familias, y la familia extensa como protectora de la familia y de la vida- está teniendo muchas dificultades. Esto se debe a cambios sociales que empezaron con la colonización; a las guerras, y, por último, a la influencia negativa del individualismo y el relativismo de Europa, que promueven la homosexualidad y la falta de respeto a la vida humana. Esta influencia llega a través de las agencias de la ONU, de las ONG, de Internet, de la televisión… sin olvidar a los Gobiernos occidentales, que condicionan su ayuda a la aceptación de esas ideologías.

Su país, uno de los más ricos en recursos naturales, lleva décadas en una guerra amparada por Occidente. El Ejército de Resistencia del Señor, liderado por el ugandés Kony, masacra su tierra, y cada día surgen nuevas guerrillas. ¿Cómo se puede poner fin a esta situación?

La situación que describe es real: desde hace unos 20 años, el país está desestabilizado por guerras que se repiten. La causa fundamental es económica: los recursos naturales del país. Esos recursos deberían enriquecer a los congoleños. Pero las multinacionales, en complicidad con países extranjeros, hacen que reine una guerra permanente para expoliar el país. También Kony es responsabilidad de la comunidad internacional. Esperemos que la iniciativa de Estados Unidos de mandar tropas y recursos pueda poner fin a esa situación. ¿Cuál sería la solución? La comunidad internacional, por justicia, debería proteger esos recursos naturales. La Iglesia pide una legislación nacional e internacional para poner fin a la explotación ilegal que alimenta los conflictos, que causa el dolor de la población y va contra los derechos humanos. Así, los recursos podrían ayudar al desarrollo del país, y toda la comunidad internacional se beneficiaría.

¿Cuál es la contribución de la Iglesia a la paz y la reconciliación?

En primer lugar, intentamos ayudar para que nuestro país tenga una democracia fuerte, un Estado de Derecho que proteja a su población y sus fronteras, en el que se combata la corrupción. El segundo frente es hacer lobby ante las grandes potencias, para que influyan sobre las compañías multinacionales que están en el Congo y paren el pillaje de los recursos.

Además, en la Conferencia Episcopal, en cada diócesis y en cada parroquia, tenemos una Comisión de Justicia y Paz. A través de ellas, se trabaja para el diálogo y la reconciliación con muchas actividades y programas. En todas las escuelas católicas, hay un programa de educación para una cultura de paz, y tenemos otro para enseñar a los adultos qué son los derechos humanos: cada ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios y tiene una dignidad inviolable; también la mujer y el niño. Y eso está por encima de tribus y etnias.

Con ese programa, la Iglesia quiso ayudar a la democratización del país. ¿Se ha logrado?

Lo empezamos en 2005, antes de las primeras elecciones generales. Tras muchos años de dictadura, la gente pensaba que no tenía ningún derecho. Se hizo un gran trabajo para concienciarlos de que tienen derechos, de que el destino del país les pertenece. Fue y es un gran programa. Pero queda mucho por hacer. Hay que seguir con la educación cívica en las escuelas y en las comunidades cristianas de base. La mejor forma de aplicar la Exhortación apostólica Africae munus, sobre la paz y la reconciliación, es que 50 millones de católicos congoleños, el 50% de la población, trabajen, cada uno en su entorno, por la paz. Tenemos programas en todas las diócesis para sensibilizar a los laicos sobre sus responsabilidades, sobre todo a los que están en política.

María Martínez y Cristina Sánchez

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»La preocupación por los jóvenes»]

La constante inestabilidad en la República Democrática del Congo afecta, sobre todo, a tres grupos especialmente vulnerables: niños y jóvenes, mujeres, y ancianos. «Su situación preocupa mucho a la Iglesia», en particular la de los más jóvenes, «las primeras víctimas de la inestabilidad». Monseñor Djomo se refiere, sobre todo, «a los niños reclutados por los grupos armados, y a los niños de la calle». La Iglesia trabaja para acoger a unos y otros, «recuperarlos, llevarlos a la escuela y darles un futuro». El porvenir del país está en estas nuevas generaciones, pero ahí surge otro problema: los mejor dotados terminan trabajando en otros países. «Es muy triste que el país pierda a los mejores, a los que pueden ayudar a su desarrollo. Solamente se les podría retener con unas condiciones aceptables: paz, crecimiento económico y un salario digno. Tienen a sus familias, a sus hijos, y han encontrado mejores condiciones para ellos fuera. Hay que ofrecerles una alternativa».

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