La Iglesia, con las familias del circo: «Lo están pasando muy mal»

Representantes de este sector, que apenas se ha movido desde marzo, se han concentrado esta semana ante el Congreso para denunciar su situación

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Los circenses, ante el Congreso. FOTO: EFE / Zipi

«La gente del circo lo está pasando muy muy mal», afirma el padre José Aumente Domínguez, director del departamento de pastoral de Ferias y Circos en la Conferencia Episcopal Española, sobre la situación que está atravesando este sector desde que comenzó la pandemia.

Esta semana, representantes del circo se concentraron delante del Congreso de los Diputados para reclamar ayudas públicas y la atención de la sociedad ante el drama que están pasando. Son 2.500 familias las que se dedican a este espectáculo en España, muchas de las cuales «están viviendo tirados en descampados y sin saber qué van a cenar esta noche», afirmó a Europa Press el portavoz de la asociación Circos reunidos, Nacho Pedrera, que representa a los 40 circos que trabajan en nuestro país. «Muchos compañeros están viviendo de las ayudas de Cáritas», añadió.

En conversación con Alfa y Omega, el padre Aumente afirma que «la fotografía del circo no se mueve desde marzo, y la situación está muy cruda». Añade que el circo sufrió mucho la crisis de 2008, y luego las campañas de los animalistas «le hicieron mucho daño, y por ellas la gran mayoría de los circos dejó los animales, recibieron un acoso difícil de soportar». Por eso, «el circo ya estaba malherido cuando llegó la pandemia», dice.

Al llegar el confinamiento, muchos circos se hallaban en ruta, «y se han encontrado en ciudades y pueblos donde no conocían a nadie». Al cerrar la taquilla, «se les acabaron pronto los cuatro ahorros que podían tener, y muchos acudieron a mí y a otros sitios en busca de ayuda. Algunas familias les llevaban alimentos al principio –ha habido pueblos y alcaldes que se han volcado, y Cáritas también se ha volcado–, pero esa situación no se puede prolongar mucho tiempo».

En este momento, «hay circos que se han atrevido a salir, con valentía y coraje, pero muchos ayuntamientos no les permiten instalarse en su territorio, sobre todo por el miedo al contagio. ¿Dónde van entonces si no se pueden quedar en ningún sitio? Y los que logran un permiso, ¿cómo pueden vivir si hay normativas locales que solo les permiten admitir a 25 personas, como pasa en algunas ciudades? ¿De qué viven esas familias?», se lamenta el padre Aumente.

Por eso, la concentración ante el Congreso era «necesaria», ya que «muchas familias llevan sin ningún ingreso desde el mes de marzo, y no conozco ningún circense o feriante que esté cobrando el Ingreso Mínimo Vital».

En esta situación, «los ayuntamientos tienen que dar un paso adelante. Algunas fundaciones se han ofrecido a ayudar, pero la gente del circo no quiere limosna. Solo quieren que les dejen trabajar. Y queda todavía todo un invierno que pasar. Eso va a ser muy duro».

Junto a ello, el padre Aumente recuerda que el circo tiene «un valor inmenso», que en otros países como Holanda está reconocido institucionalmente como un bien cultural. «Necesitamos el circo, porque es un lugar para toda la familia y en el que volvemos a reírnos como niños», concluye.