La Iglesia celebra el I centenario de la muerte de la beata Dolores Sopeña - Alfa y Omega

La Iglesia celebra el I centenario de la muerte de la beata Dolores Sopeña

Este miércoles, 10 de enero, el Instituto Catequista y la Fundación Dolores Sopeña conmemoran el I centenario de la muerte de la beata Dolores Sopeña, su fundadora

Carlos González García

Este miércoles, 10 de enero, el Instituto Catequista y la Fundación Dolores Sopeña conmemoran el I centenario de la muerte de la beata Dolores Sopeña, su fundadora. Esta fecha marca el inicio de un año especial, durante el cual se programarán numerosos actos conmemorativos en España e Italia, así como en Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador y México: seis países latinoamericanos en los que su obra tiene presencia con comunidades misioneras, colegios y centros de formación y capacitación

Dolores Sopeña, como describen las huellas de su misión, fue una de esas personas excepcionales que llegan al mundo para hacer de él un lugar mejor. Nació en Vélez Rubio, provincia de Almería, el 30 de diciembre de 1848. Pertenecía a una familia de clase social media alta y, desde muy joven, descubrió que su vocación era ayudar a los demás, especialmente a los que más lo necesitaban, motivada por su profunda fe cristiana, que anheló transmitir y compartir. Con solo 17 años, atiende a necesitados, a un hombre leproso y a dos hermanas enfermas de tifus. Según crece en edad, crece su convicción. En Madrid, colabora en hospitales, escuelas y en la cárcel de mujeres. Y no solo en España.

Latinoamérica estimula aún más su vocación. En Puerto Rico y Cuba funda una serie de centros en los que muchas mujeres deciden imitar su labor para ayudar y transmitir esperanza a los más desfavorecidos. Muere en Madrid el 10 de enero de 1918, pero su dedicación sigue viva hoy en los numerosos Centros Sopeña que existen en el mundo.

Jacqueline Rivas, Vicaria General del Instituto Catequista, asegura que «el sueño que tenía Dolores por dentro se resume en una frase: el dar a conocer a Dios a quienes no le aman porque no le conocen». Un sueño que guarda una experiencia de Dios «humanizadora», y por eso «entiende que el mayor bien de una persona es conocer a Dios en su vida» y «la mayor pobreza es no haberse encontrado con Él».

Una misión que sigue viva

La fundadora, con su carácter visionario y vanguardista, dirigió su acción hacia las personas más desfavorecidas de la sociedad, que no habían disfrutado de la oportunidad de desarrollarse, ni de conocer suficientemente a Dios. «Dolores siente la llamada a dirigirse al mundo obrero de entonces para dar a conocer a Dios», asegura Rivas, «y responde a esas necesidades con los centros de instrucción con educación básica y formación humana para ayudar a descubrir a Dios como ese Padre que se interesa por ellos».

Una misión que, hoy en día y como entonces, llevan a cabo las catequistas del instituto –congregación religiosa femenina, de Derecho Pontificio, formada en 1901 por mujeres religiosas que trabajan y viven su consagración en medio del mundo–, los laicos –piezas clave con las que Dolores Sopeña siempre quiso contar– y los jóvenes y voluntarios –que desarrollan su labor para los centros de la fundación civil–. «Si entendemos por el espíritu aquello que nos mueve por dentro y da sentido a lo que hacemos», reconoce Rivas, «no ha cambiado». Es más, «ese deseo de que Dios vaya impregnando la vida del mundo y de las personas, y de concebir el Evangelio como una fuerza humanizadora, sigue absolutamente presente».

Actos conmemorativos por y para ella

Las celebraciones conmemorativas se centrarán en la plena actualidad de la misión original de la propia Dolores Sopeña. Por ello, el primero de los actos consistirá en una misa televisada por TVE, en el programa El día del Señor, el domingo 4 de febrero, en honor a la beata. La Misa se retransmitirá en directo desde la parroquia del Perpetuo Socorro de Madrid, próxima a la Casa Generalicia y a la Casa Museo de Dolores Sopeña, que podrá visitarse con guía durante todo el año. Con Dios siempre en el centro, como destaca Jacqueline, pues es «quien nos mueve internamente» y «quien da sentido a lo que hacemos, a nuestros sueños y proyectos».

Coincidiendo también con la fecha de su beatificación en Roma en 2003, el 22 de marzo el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, oficiará una Eucaristía en la cripta de la catedral de Santa María la Real de la Almudena. Ya en mayo, se celebrará el I Foro Sopeña, un encuentro de fundaciones, instituciones y otras entidades relacionadas con los campos de acción de la Fundación, enfocados a la formación integral de personas en riesgo de exclusión y a la mejora de sus condiciones de empleabilidad.

Con la mirada siempre agradecida

Además del acto de clausura del centenario, que organizará el Instituto Catequista Dolores Sopeña en octubre, durante todo el año se desarrollará una campaña en redes sociales con el hashtag #CentenarioDSopeña. Una ciberacción, como cuenta Rivas, que «pretende favorecer el conocimiento del legado de la Beata, proyectado a día de hoy en la actividad del Instituto y la Fundación que llevan su nombre». Un regalo y una oportunidad, dice Jacqueline, «para reflexionar sobre aquello que Dios depositó en Dolores como fundadora» y, por lo tanto, «para reflexionar sobre ese regalo que Dios hizo al mundo para mantenerlo vivo y actual, y para responder a las nuevas necesidades de la Iglesia y del mundo de hoy».

El centenario también tendrá su proyecto solidario. En esta ocasión, la acción social se destinará a Sopeña Construye Hogares, para ayudar a 18 familias de comunidades urbanas y rurales de Santiago de Cuba a la adquisición de materiales y equipamientos para mejorar el estado de sus viviendas, con un presupuesto total de 18.000 euros.

Una oportunidad que viven, de principio a fin, «con una mirada agradecida», pero no para quedarse en el pasado, tal y como asevera la secretaria general del Instituto y de la Fundación, sino «para proyectarnos en el futuro y ver que nuestro carisma es más actual que nunca y puede prestar un gran servicio a la Iglesia». Una oportunidad, concluye, «para seguir caminando y sentir cómo Dios nos impulsa y renueva en nosotras el deseo de seguir sirviéndolo a Él, a la Iglesia y a la familia trabajadora».

Carlos González