La hermandad que recoge a los difuntos - Alfa y Omega

La hermandad que recoge a los difuntos

Los 47 miembros de la Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza hacen guardia 24 horas al día para recoger el cuerpo cuando alguien fallece en circunstancias adversas. Lo llevan haciendo ininterrumpidamente desde el siglo XIII

Cristina Sánchez Aguilar
Dos miembros del equipo de la hermandad con la furgoneta con la cruz sobre fondo azul, reconocible en toda Zaragoza. Foto: Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza

Los 47 miembros de la Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza hacen guardia 24 horas al día para recoger el cuerpo cuando alguien fallece en circunstancias adversas. Lo llevan haciendo ininterrumpidamente desde el siglo XIII

Son las cuatro de la mañana y suena el teléfono. Es el juez. Toca recoger el cadáver de un fallecido. Está de guardia Ignacio Giménez, hermano mayor de la Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza, y su móvil está disponible 24 horas al día durante siete días enteros. Ignacio llama al camillero y al conductor. Un equipo de tres se prepara con su correspondiente protección –ahora más específica, en tiempos de coronavirus– y el corazón dispuesto para recoger el cadáver de alguien que ha muerto en la calle, en su domicilio o en circunstancias adversas. Saben cómo manejarse, la hermandad lleva haciéndolo desde el siglo XIII. Antes eran los carros los que avisaban en el empedrado zaragozano que llegaba la Sangre de Cristo a recoger un cadáver para trasladarlo extramuros. Ahora es una furgoneta blanca con cruz sobre fondo azul –facilitada por el Ayuntamiento– la que los lleva al instituto forense.

La Hermandad de la Sangre de Cristo realiza el servicio de recogida de difuntos en Zaragoza desde el año 1280, cuando una epidemia –pudo ser de peste, poco antes de la gran peste negra– golpeó con fuerza la ciudad. «En aquel momento apenas había instituciones bien organizadas, y las autoridades encargaron a nuestra hermandad el servicio», apunta orgulloso Giménez. El orgullo aumenta cuando explica que, desde entonces, ocho siglos después, su labor caritativa se ha mantenido intacta. «Los 47 miembros que somos actualmente –el máximo es 50– nos seguimos encargando de recoger los cuerpos de los fallecidos en Zaragoza de forma totalmente altruista». Son abogados, médicos, empresarios, gestores… hay hasta taxistas –todo hombres «por tradición»–, que están de guardia durante una semana cada dos meses, aproximadamente. Cuando reciben la llamada del juez, dejan lo que están haciendo y acuden al lugar del suceso para proceder a la recogida. No hace falta tener conocimientos previos, en la hermandad reciben «cursos de la Guardia Civil, de la Policía, de forenses…», para estar preparados y renovados. Incluso «cuando fue la gripe aviar recibimos formación específica para tratar una pandemia».

Acogida en el momento final

Giménez explica que la hermandad normalmente se encarga de los cadáveres «que tengan que ponerse a disposición judicial y ser enviados a un forense para que se les realice una autopsia». Esto implica víctimas de asesinatos, suicidios, accidentes… y fallecidos en hospitales, «siempre que la causa de la muerte sea desconocida», explica. «Recuerdo momentos especialmente duros, como el accidente en una discoteca en el centro de Zaragoza, donde murieron 30 personas, o un accidente de autobús en el que fallecieron decenas también». Recalca la dureza de recoger «a niños, o mayores que se han suicidado en sus domicilios. O chavales jóvenes que se matan en accidentes de tráfico».

Además de la logística, la labor de la Sangre de Cristo es «acoger en ese momento final al difunto y acompañar a la familia con el máximo respeto. Y rezar una oración, si la ocasión lo permite», asegura Sergio Blanco, consiliario. Además, todos los primeros lunes «organizamos una Misa para rezar por todos los difuntos que han fallecido ese mes», que suelen ser una media de 40 en condiciones normales.

Con la crisis del coronavirus se han incrementado «un poco» los casos y ha cambiado la forma de proceder. «A las personas que fallecen en casa, por ejemplo, con certeza de que haya sido a causa del virus, las llevamos directamente al crematorio». Eso sí, con el problema añadido de la falta de equipación que los sanitarios están sufriendo en toda España. «De momento estamos comprando lo que podemos los hermanos y haciendo una campaña de recaudación» en esta Semana Santa tan diferente. Por cierto, son organizadores del Santo Entierro, la procesión en la que salen todas las cofradías y hermandades de Zaragoza. Este año, como el resto, están preparando actos online.

Cristina Sánchez Aguilar