La familia es «un camino iluminado por la luz de Cristo»
La Almudena acoge la Presentación de los niños a la Virgen: «Nada de lo que se ha puesto en manos de Dios se ha perdido», dice el cardenal Cobo
«No os apuréis porque lloren los niños». Con estas palabras y una predicación centrada en la familia ha acogido el cardenal José Cobo a padres, madres y niños este domingo en la catedral de la Almudena. Todos acudieron para participar en la Presentación de los niños y niñas a Nuestra Señora de la Almudena.
La celebración, organizada con la colaboración de la Delegación Episcopal de Familia y Vida, ha estado presidida por el arzobispo de Madrid. En ella, el cardenal Cobo ha invitado desde el inicio a vivir la Eucaristía con confianza, recordando que el llanto de los niños forma parte natural de una Iglesia viva. Con la procesión de las velas, en la que los padres han caminado junto a sus hijos hasta los pies de Nuestra Madre, la familia ha aparecido como «un camino iluminado por la luz de Cristo». Se trata de una vocación a ser «gente de luz» que ha querido iluminar el mundo, llegando a los lugares donde aún hay incertidumbres y oscuridades.

Durante la homilía, el cardenal Cobo ha centrado su reflexión en las Bienaventuranzas, presentándolas como «el auténtico camino de la felicidad cristiana». Dirigiéndose a las familias, ha subrayado que «nadie se ama bien a sí mismo si no se sabe sostenido por otro». También ha recalcado que todos dependemos de Dios, una dependencia que no es debilidad, sino fuente de vida.
Camino de felicidad
El arzobispo ha recordado que Jesús se ha atrevido a anunciar la felicidad «no de manera superficial, sino desde el corazón», sin ocultar el sufrimiento humano. «Las Bienaventuranzas —ha explicado— no han sido una promesa para unos pocos ni para un futuro lejano, sino una forma concreta de vivir la vida». En ellas, Jesús ha proclamado bienaventurados a los pobres, porque precisamente ahí «Dios se ha hecho presente».
«No os apuréis porque lloren los niños». Con estas palabras ha acogido el cardenal José Cobo a las familias que este domingo 1 de febrero se han dado cita en la catedral de Santa María la Real de la Almudena para participar en la Presentación de los niños y niñas a Nuestra… pic.twitter.com/XeMC6RwpJs
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Frente a la lógica del mundo, que gira en torno al tener, el control o la autosuficiencia, ha puesto el acento en «la verdadera seguridad». Esta es «ponerse en manos de Dios», especialmente cuando todo ha parecido romperse. «Cuando todo se ha caído —ha señalado— Dios no se ha caído nunca».
Las Bienaventuranzas, ha continuado el cardenal, «han descentralizado al ser humano de sí mismo» y lo han devuelto a la actitud filial: vivir como hijos en los brazos de Dios. Es un modo de vivir «como los niños que hoy han sido presentados a María». En ese abandono ha aparecido «una pobreza que libera, una mansedumbre que sana y una esperanza que no defrauda».
La celebración ha puesto también de relieve la grandeza de la maternidad y la paternidad, recordando que «dar a luz» ha sido acoger el don de la vida que viene de Dios. María ha sido presentada como «referente y modelo de esta maternidad», reflejo del Amor de Dios.
La Eucaristía ha concluido con la bendición de los niños y sus familias, enviándolos a vivir la fe desde lo cotidiano. Y siempre con la certeza de que «nada de lo que se ha puesto en manos de Dios se ha perdido». Por eso, incluso lo que ha parecido un final «se ha podido convertir, para Él, en un nuevo comienzo».