La falta de dinero no implica falta de talento

En un solo mes, el cine español ha pasado por cuatro «pruebas de evaluación» de las que ha obtenido resultados muy dispares. Los Premios Forqué, que dan los productores; los Feroz, que ofrecen los informadores de cine; las Medallas del CEC, que entregan los críticos y estudiosos del cine; y por fin, los Goya, los Premios que concede la Academia, es decir, la propia industria. Merece la pena interpretar los resultados

Juan Orellana
Fotograma de ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’
En un solo mes, el cine español ha pasado por cuatro «pruebas de evaluación» de las que ha obtenido resultados muy dispares. Los Premios Forqué, que dan los productores; los Feroz, que ofrecen los informadores de cine; las Medallas del CEC, que entregan los críticos y estudiosos del cine; y por fin, los Goya, los Premios que concede la Academia, es decir, la propia industria. Merece la pena interpretar los resultados

Hay que empezar diciendo algo que ya aprendimos en la crisis económica argentina de hace más de una década: la falta de dinero no implica falta de talento. Se harán menos películas –desde 2010 está disminuyendo anualmente el número de producciones–; serán más baratas; los actores tendrán menos caché…, pero el talento es algo que tienen o no tienen las personas, no las cuentas corrientes. Por eso, a la hora de valorar lo que ha sido el año 2013 desde el punto de vista cinematográfico, la crisis económica no debe ser un factor determinante; son la inteligencia y la estética presentes o ausentes en un film las que determinan la calificación que debe recibir. Si una película hace mucho o poco dinero, es una alegría o un problema para los inversores, pero no dice nada de la calidad intrínseca del film. En todo caso, es un dato que permite analizar la campaña de marketing del largometraje, pero no sus valores artísticos y culturales.

Imagen de ‘Stockholm’
Ninguna película inolvidable

Dicho esto, este año hemos empezado con una sorpresa. El Premio Forqué, que suele ir para una importante producción con buenos resultados de taquilla, ha ido a parar a La herida, una película de circuito alternativo, que en su mejor momento estuvo en 27 salas de toda España, y que fue acogida de manera muy irregular por crítica y público (recaudó 120.000 euros). Una película muy bien hecha, pero claustrofóbica, que asfixia al espectador por su falta de luz, de esperanza. Indaga en una enfermedad mental, el Trastorno Límite de la Personalidad, sin darnos respiro, sin abrir la espita de la sanación. Es muy curioso que los productores se hayan fijado en una película tan de autor (del debutante en el largo Fernando Franco), quizá movidos por el Premio Especial del Jurado que recibió en San Sebastián.

Más coherente parece el Premio Feroz que los informadores cinematográficos de la prensa generalista han otorgado a Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen, como mejor película dramática. Empezó en 15 salas y acabó recaudando unos 50.000 euros. Una película pequeña, sostenida sólo con dos actores y escasas localizaciones, pero con buenas dosis de ese talento al que aludíamos hace un momento. La película pone valientemente el dedo en la llaga de las modernas relaciones sentimentales, fugaces, de usar y tirar, casi limitadas a un efímero encuentro sexual sin consecuencias, sin responsabilidades, sin ningún tipo de compromiso. Algo ya presente en su primera película, 8 citas, mucho más pobre y tópica. Aquí hace un juicio muy duro y sin concesiones a esa forma deshumanizada de entender las relaciones personales.

Mucho más decepcionante es el Premio Feroz a la mejor comedia, que ha ido a parar a 3 bodas de más, de Javier Ruiz Caldera. Una película que empezó en 311 salas, de la mano de un panzer como Warner y que va por 6 millones de euros. El éxito se debe a la fórmula: comedieta de enredo tipo antigua españolada, con una actriz de mucho tirón entre la gente joven (Inma Cuesta), y mucha broma gruesa subida de tono. Ciertamente, el panorama de comedias españolas del año no era muy prometedor, y entre ésta, La gran familia española y Las brujas de Zugarramurdi, no era fácil decidir, ya que las tres están muy por debajo del ideal.

Escena de ‘La herida’

Los escritores cinematográficos, siempre más audaces por su condición de críticos, han concedido su Medalla CEC a Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba. Empezó su carrera en 132 salas, de la mano de Universal, recaudando 690.000 euros. Una película de tono amable y nostálgico, ambientada en los sesenta, a la que no falta una crítica tópica a la Iglesia, y alguna que otra concesión a la galería. Curiosamente, esta vez los académicos han elegido con los mismos criterios que la crítica, dándole a esta cinta su Goya a la Mejor Película y al Mejor Director, en una Gala, una vez más, cargada de baja política, radicalismo ideológico y tópicos hasta hartar. Siempre de espaldas a la mayoría de los españoles.

En conclusión, atendiendo a las películas premiadas, no cabe duda de que este año el nivel no ha sido especialmente alto, ya que, aunque las galardonadas son cintas interesantes, ninguna es, ni de lejos, una película inolvidable.

Juan Orellana