La exposición que acercó la Biblia a mil musulmanes

Los padres blancos de Argelia han celebrado el Mes Misionero Extraordinario con una exposición cultural sobre la Biblia que ha ofrecido a un millar de musulmanes la posibilidad de ojear el texto sagrado cristiano en su idioma y ver resueltas sus dudas. Una parte del apostolado de suscitar respuestas para luego responderlas con el que la comunidad religiosa sortea la prohibición de hacer proselitismo

María Martínez López

Los padres blancos de Argelia han celebrado el Mes Misionero Extraordinario con una exposición cultural sobre la Biblia que ha ofrecido a un millar de musulmanes la posibilidad de ojear el texto sagrado cristiano en su idioma y ver resueltas sus dudas. Una parte del apostolado de suscitar respuestas para luego responderlas con el que la comunidad religiosa sortea la prohibición de hacer proselitismo

«Que vuestra presencia aquí sea una bendición para todos»; «siendo agnóstico y apasionado de la historia de las religiones, esta exposición me parece enriquecedora»; «es magnífica, muy hermosa y aclaradora, una forma de abrir e iluminar las mentes». Son algunos de los mensajes de felicitación que los visitantes han dejado en una exposición sobre la Biblia. Lo que los hace más interesantes es considerar que la mayor parte de estos visitantes eran musulmanes, al menos culturalmente; ya que esta exposición se organizó en la basílica Notre Dame d’Afrique, en Argel, con motivo del Mes Misionero Extraordinario.

Clausurada el 2 de noviembre, la muestra constaba de murales, pero también de ejemplares en distintos idiomas (entre ellos el árabe y el bereber), algunos bastante antiguos, que los visitantes más curiosos podían coger y ojear. También podían hacer preguntas y charlar con los misioneros de África (padres blancos) que regentan el santuario, o con los dos fieles que se encargan de la acogida en el templo siempre que este está abierto.

Durante el mes de octubre, han pasado por la basílica –en cuyo interior estaba la muestra– 1.072 visitantes. El padre José María Cantal Rivas, español, reconoce para Alfa y Omega que no puede saber cuántos de ellos han visitado en realidad la exposición; pero que sí se ha notado un cierto incremento en el número de visitas.

Propuesta cultural… pero no solo

La decisión de acoger esta exposición responde al deseo de, durante el Mes Misionero Extraordinario, ofrecer una actividad cultural «que tuviera que ver con la misión y a la vez fuera aceptable en un contexto musulmán», en el que no podía ser percibida como proselitismo. Pensaron entonces en una muestra preparada en 2010 por la Alianza Bíblica Francesa que estuvo expuesta en la sede de la UNESCO en París con el lema La Biblia, patrimonio mundial de la humanidad. Una copia de la misma ha estado ya en varios lugares de Argelia de la mano de la Sociedad Argelina del Libro Cristiano.

«Aunque el tema es la Biblia –explica el padre Cantal Rivas–, no habla de su contenido dogmático, sino de cómo se ha transmitido, el paso del pergamino a la imprenta, de la imprenta a la tablet. O se recogen expresiones sacadas de ella en los distintos idiomas como las alusiones a las plagas de Egipto, ser un ecce homo o estar viviendo un calvario».

La apuesta no estaba exenta de riesgos. Podía incluso llegar a percibirse como polémica, como demuestran algunos mensajes no tan halagüeños escritos en el libro de firmas. «El credo musulmán dice que no hay que fiarse de la Biblia porque está falsificada». Pero, paradójicamente –subraya con astucia el misionero de África–, esta desacreditación «hace que también esté presente, aunque de forma negativa, en su cultura».

El problema de traducir la Biblia

Y esto era precisamente lo que se quería transmitir con la exposición, pensada «no desde el punto de vista dogmático, de si es verdad o mentira, sino como algo que es patrimonio de la humanidad, queramos o no». El padre Cantal Rivas explica que las discrepancias entre islam y cristianismo en torno a la Biblia nacen, sobre todo, del rechazo dentro del primero a que se traduzca el Corán, pues entienden que fue fruto de una revelación de Dios directamente en árabe, «en la que no puede existir mediación humana. Para ellos, es siempre verdad eso de que traduttore, traditore. Te repiten por activa y por pasiva el riesgo de falsificación».

Cuando en la conversación surgían estas dudas, los padres blancos aprovechaban para recordar a los visitantes algunos de los datos científicos recogidos en la exposición, como que los papiros más antiguos que se conservan están datados solo 40 años después de la muerte del evangelista Juan «cuando la copia más antigua de La Iliada es del siglo XII».

O les explicaban el proceso de traducción y transcripción de la Biblia, las varias revisiones por las que pasa cada traducción o cómo las copias con faltas o errores se destruyen. «Les contaba también cómo las distintas confesiones, a pesar de estar separadas, mantenemos los mismos textos. ¿Vamos a ponernos de acuerdo para falsificarlos si no podemos ponernos de acuerdo sobre otros temas?».

Todo esto les sorprendía, «al ver que es algo más serio de lo que ellos imaginaban: que cualquiera se ponía a traducir y escribía lo que le daba la gana. Era una forma indirecta de abordar el tema sobre si es verdad o no». Sin olvidar otra cuestión: el impacto de la Biblia en la gente. «Algo de verdad tiene que haber en este libro, si la gente que lo lee es más compasiva, más justa, más misericordiosa, más familiar, más ecológica», intentaba transmitir el religioso a sus interlocutores.

Foto: José María Cantal Rivas

Responder preguntas, un apostolado

Este enfoque, elegido para el Mes Misionero Extraordinario, encaja mucho con cómo los padres blancos se plantean su presencia en un país de mayoría musulmana en el que la ley pena con cinco años de cárcel el intentar convertir a un musulmán. «El primer anuncio –subraya el padre Cantal Rivas– es la misma presencia aquí de una comunidad de cristianos, que con su vida testimonian que Jesús nos hace feliz. Además, es bueno que sepan que en Occidente hay gente convencida de su fe, que no todo el mundo es agnóstico o ateo. Piensan que solo rezamos una vez a la semana, y se sorprenden cuando les decimos que tenemos Misa diaria y que los monjes rezan siete veces al día».

Pero hay un anuncio más explícito, que es responder a las dudas de los propios musulmanes: «Si nos preguntan cómo rezamos, podemos hablarles de que tenemos la oración universal de la Misa, porque nuestra fe es universal. O si quieren saber si en esta iglesia se casa gente, les explicamos que sí, y que para los católicos no hay divorcio porque el matrimonio refleja el amor de Dios a los hombres. Ayer mismo estuve en una librería, unas chicas me pidieron que les hiciera una foto, empezamos a hablar… y estuvimos dos horas».

La devoción musulmana a María

No les faltan ocasiones de conversar, pues la basílica recibe sobre todo la visita de musulmanes (en torno al 95 %). Un dato que refleja que, aunque haya algunos problemas, «no estamos en conflicto» y la convivencia es en general pacífica. Algunos solo quieren hacer turismo. Otros acuden a los pies de María a sabiendas. «Para ellos, la Virgen es un personaje coránico, presentado como una mujer pura, creyente, madre virginal de un profeta. Popularmente es muy querida, y entre los visitantes musulmanes los hay que vienen a encender una vela y rezar por algo».

Una oportunidad abierta al diálogo que los misioneros no quieren dejar escapar. Cada año, organizan unas jornadas marianas islamo-cristianas, con ponentes de ambas religiones. «Este año, el tema va a ser María, palabras de mujer portadora de valores, porque tanto en la Biblia como en el Corán se recogen palabras suyas, y queremos analizar qué dice. El año pasado giraron en torno a La mujer, motor de África; y, el anterior, María, mujer y enseñante».

Entre las exposiciones más recientes que ha organizado la comunidad, están una sobre el 150º aniversario de la fundación de los padres blancos, que tuvo lugar precisamente en Argelia; o sobre la restauración llevada a cabo en otro santuario mariano, el de Orán, restaurado el año pasado con motivo de la beatificación de los 19 mártires asesinados en los años 1990 en el país, entre ellos los monjes de Tibhirine y cuatro padres blancos.

María Martínez López