«La economía está ganando a la persona y a la familia»

La crisis económica en España ha provocado que se desproteja el trabajo y se «entorpezca la dignidad del trabajador», señala don Fernando Fuentes, director del Secretariado de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, y coordinador de la Guía para la enseñanza de la Doctrina social de la Iglesia, editada por PPC. Con él hablamos de la deshumanización de la economía, de los sindicatos y sus «intereses corporativos y de poder», de la liberalización de horarios y de responsabilidad política

Cristina Sánchez Aguilar
«El principio del trabajo, para la doctrina social de la Iglesia, es respetar a la persona por encima de la economía»

La crisis económica en España ha provocado que se desproteja el trabajo y se «entorpezca la dignidad del trabajador», señala don Fernando Fuentes, director del Secretariado de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, y coordinador de la Guía para la enseñanza de la Doctrina social de la Iglesia, editada por PPC. Con él hablamos de la deshumanización de la economía, de los sindicatos y sus «intereses corporativos y de poder», de la liberalización de horarios y de responsabilidad política

¿Por qué ahora una guía sobre doctrina social de la Iglesia?

Es un proyecto de un grupo de ocho profesores del Máster de DSI de la Universidad Pontificia de Salamanca, que hemos visto la necesidad de formación del cristiano en esta materia. Tiene un antecedente, una edición de 2011 conjunta con el CELAM -Consejo Episcopal Latinoamericano-, dirigida a la Universidad. En este proyecto hemos ampliado el público objetivo a todas las personas que trabajan en parroquias, en formación de laicos…

El texto va dirigido a la sociedad iberoamericana. ¿Es aplicable también a España?

Con Iberoamérica tenemos muchos valores comunes, uno de ellos el contenido de nuestra fe. En la Guía abordamos problemáticas como la defensa de la vida, la ecología, la política…, todas aplicables a España.

En la DSI ocupa un lugar importante el derecho a un trabajo digno. En España, ¿hemos perdido la perspectiva de esta dignidad?

Nuestras circunstancias económicas han tensado lo que significa la dignidad del trabajo. El empresario se enfrenta a decisiones más complejas, los sindicatos a estrategias más complicadas, el trabajador a desafíos más graves. Hay que buscar caminos en los que la vorágine de los cambios económicos no entorpezca la dignidad del trabajador. El principio del trabajo, para la DSI, es respetar a la persona por encima de la economía.

El sistema actual desprotege el trabajo. La liberalización de horarios avoca al hombre a vivir para trabajar. Por no hablar de los no-contratos a los inmigrantes y la explotación laboral que sufren muchos jóvenes…

Efectivamente, el sistema quiere que lo económico tenga más capacidad dentro de la vida social. Para eso, se liberalizan horarios, se permite que los inmigrantes puedan entrar en el mercado con un contrato rápido a costes por debajo de lo marcado… Está ganando la economía a las decisiones de tipo personal o familiar. La solución pasa por actuar no sólo con la lógica mercantil, sino con la lógica política. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid ha propuesto que se abran cualquier día los comercios, con el objetivo de crear puestos de trabajo.

Tenemos una tasa de paro del 25%. A la luz la DSI, ¿hay solución?

La DSI propone tres ámbitos de actuación: la lógica mercantil, que tiene que ser eficaz dentro de la vida social; la lógica de la política, que debe estar dirigida a la sociedad desde el bien común; y la lógica del don, con presencia de la solidaridad y fraternidad.

¿Es posible humanizar el trabajo en una sociedad con una estructura económica como la nuestra?

El trabajo hay que fomentarlo desde el mercado, no desde presupuestos públicos; hay que ponerle su contexto y sus límites. Un ejemplo es el trabajo de los inmigrantes: al empleador le viene bien, porque rebaja costes, pero pierde en humanización.

O sea, que nos deshumanizamos…

La sociedad no debe permitir que esto se desarrolle sin control. No podemos dejar todo a la libre disposición del mercado.

Pero el Estado no se va a humanizar por nosotros…

La DSI trata de influir en la persona, para que sea justa, solidaria y fraterna. También busca una transformación social, para que las reglas del juego sean más dignas. A veces, lo hace a través del anuncio, y otras veces, con la denuncia.

Bueno, hay decenas de documentos que muestran la implicación eclesial sobre el derecho a la vida, sobre inmigración…, pero hay pocas referencias a los derechos laborales.

Portada de la guía sobre la DSI

Cáritas Española sacó un informe sobre la reforma laboral. Pero es verdad que no hemos estado tan presentes en la defensa de los derechos del trabajo. También urge incorporar la DSI a la formación del cristiano; es fundamental para que el laicado esté presente en la vida pública.

¿Se puede salir de la crisis sin cambiar el modelo económico que nos ha sumergido en ella?

Difícilmente saldremos solos, necesitamos la ayuda de la Unión Europea. También son necesarias una serie de reformas que, a veces, son dolorosas, pero hay que priorizar objetivos. Seguro que se puede hacer una revisión de gastos notables: hay salarios de 15.000 euros mensuales de personas que dirigen entidades públicas…

¿Por qué el sindicalismo ha perdido su esencia?

El sindicalismo se ha desviado a veces de la lucha por la justicia social. En ocasiones, ha trasladado su inquietud por intereses corporativos, por mantener una estructura de poder. Los sindicatos son agentes políticos cuando hay unos, y son colaboradores políticos cuando hay otros. Así, pierden su naturaleza.

¿Cuál ha sido la influencia de los nuevos Papas santos en la Guía?

La aportación social a la DSI de estos dos Papas santos ha sido excepcional. Las encíclicas Pacem in terris, de Juan XXIII, y Centesimus annus, de Juan Pablo II, son de una riqueza notable. Y Laborem exercens, del Papa polaco, en el ámbito específico de la dignidad del trabajador.

Cristina Sánchez Aguilar