La crisis del textil en Bangladés es «un desastre sin precedentes» - Alfa y Omega

La crisis del textil en Bangladés es «un desastre sin precedentes»

La reivindicación de salarios más justos, las inundaciones y los problemas logísticos han llevado a las grandes marcas de la moda a abandonar el país en busca de mejores ofertas. Más de 100 grandes fábricas han cerrado

Giammarco Sicuro
Familia golpeada por el desempleo en un 'slum' de Daca, la capital de Bangladés
Familia golpeada por el desempleo en un slum de Daca, la capital de Bangladés.

«En este momento hay más de 100 fábricas textiles cerradas en Bangladés. Hablo de fábricas importantes que daban trabajo a muchísimas personas. Es un desastre sin precedentes», dice desde Daca nuestra fuente, implicada en uno de los sindicatos que desde hace años intenta defender los frágiles derechos de los trabajadores del sector. «Personalmente no tengo relación con la política, pero el actual Gobierno y quienes lo sostienen nos consideran todavía vinculados con el anterior grupo en el poder. Por eso os pido discreción», añade. Y por ello le garantizamos su anonimato. «Y no les importa que lo que os diga sea absolutamente cierto, el actual Gobierno vería en mis palabras una conspiración contra la patria y eso no puedo permitírmelo».

Es un elemento que confirma la gravedad de la situación en un país todavía sumido en una grave crisis política. «Las violentas protestas callejeras el pasado mes de agosto fueron solo la chispa que desencadenó el caos», continúa nuestra fuente. Manifestaciones y tumultos iniciados en las universidades y después proseguidos por los propios trabajadores del sector textil, quienes dieron la estocada final a los 15 años en el poder de Sheick Hasina, quien después huyó al extranjero. Desde entonces, en Daca está en el poder un ejecutivo interino, frágil y precario. «La crisis política ha espantado a las grandes marcas de moda, que han empezado a mirar a su alrededor, buscando mercados más estables y seguros», añade nuestra fuente.

Prostituta en un burdel. También ellas notan la crisis por la llegada de menos hombres
Prostituta en un burdel. También ellas notan la crisis por la llegada de menos hombres.

Durante años, las fábricas textiles de Bangladés han garantizado entregas rápidas, costes bajos en su mano de obra y una red logística excelente. Pero la situación ha llegado a un punto crítico. «Después de años de explotación, los trabajadores han comenzado a aspirar, con razón, a mejores salarios y a derechos sindicales con huelgas que han comenzado a asustar a las marcas mientras la red logística colapsaba», explica el representante sindical.

—¿En qué sentido?

—El puerto de Chittagong enloqueció por completo.

Chittagong representa, desde tiempos de la dominación británica, el acceso natural al país, pero sus infraestructuras no logran responder a las peticiones del mercado desde hace tiempo. «Algunas recientes y devastadoras inundaciones han provocado que solo unos poquísimos camiones y trenes hayan logrado llegar desde el puerto a las fábricas textiles del país, interrumpiendo así el suministro necesario de algodón», añade nuestra fuente. Y el cambio climático que golpea desde hace años Bangladés más que el resto de países, especialmente la región del sur, donde está Chittagong, provoca cada vez más inundaciones. «Y sin algodón, del que Bangladés es un gran importador, nuestra producción de prendas de vestir, la segunda del mundo después de la china, se para», explica.

Trabajadoras de una fábrica textil de Cox’s Bazar, en el sureste del país, lugar de acogida de un millón de refugiados rohinyás
Trabajadoras de una fábrica textil de Cox’s Bazar, en el sureste del país, lugar de acogida de un millón de refugiados rohinyás.

Son dificultades que hemos verificado nosotros mismos visitando la región de Chittagong y, en particular, sus prostíbulos, nacidos durante la dominación británica para satisfacer las pulsiones de los estibadores y hombres de negocios. «Llevamos un tiempo notando una caída terrible de la clientela, para nosotras es un desastre», nos cuenta una chica obligada a prostituirse en una de estas ciudadelas del sexo. Hay siete burdeles en todo el país, legalizados y autorizados por el Estado bangladesí. El que visitamos aloja a más de 2.000 prostitutas, casi la totalidad de ellas forzadas a hacerlo por las deudas que contrajeron con la mafia local. Muchas son menores. Son daños colaterales de la caída del tráfico marítimo debido, sobre todo, a la inundación del puerto y el daño a sus infraestructuras.

Linerlytica, una consultora asiática especializada en el transporte marítimo, señala que el puerto de Chittagong está actualmente registrado como uno de los que sufren los mayores retrasos del mundo. Las embarcaciones deben esperar más de una semana para poder descargar su mercancía. Un parón debido también a las huelgas. «Y la consecuencia es la parálisis del sector, con el cierre en serie de las fábricas y una caída en la producción de prendas que estimamos del 50 %».

Según nuestra fuente, más de medio millón de personas han perdido ya su puesto de trabajo. «La mayor parte de los propietarios de esas fábricas están fuera del país o se esconden. Algunos están en prisión a causa de sus implicaciones políticas. Por ello, a la mayoría de los trabajadores no se les paga desde hace meses; y quienes han sido despedidos se han visto en la calle».

El aspecto de las fábricas textiles de Daca no tiene nada que ver con el que puede tener una industria en el imaginario occidental
El aspecto de las fábricas textiles de Daca no tiene nada que ver con el que puede tener una industria en el imaginario occidental.

Un desastre humanitario que denunció hace poco Subroto Boniface Gomes, obispo auxiliar de la archidiócesis de Daca. Puso el foco en el fuerte aumento de los precios, en particular de la comida. «Comprar bienes de primera necesidad se ha convertido en una tarea ardua para grandes franjas de la población, ¿cómo pueden sostenerse las familias? Esa debe ser la prioridad del Gobierno», señalaba el obispo. La subida de precios, en particular de la fruta y verdura, provocada por las inundaciones, genera un círculo vicioso y devastador para la frágil clase media expulsada del mundo laboral por la crisis textil.

«Mientras, la India ha lanzado un plan masivo de inversiones para atraer a las grandes marcas contando con nuestra crisis. Y lo mismo hacen Indonesia y Vietnam», añade el representante sindical. Una guerra despiadada entre mercados competidores y con las marcas de moda internacional preparadas para aceptar la mejor oferta para sus intereses.

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