La comunidad es testigo de la boda y por eso acompaña luego - Alfa y Omega

La comunidad es testigo de la boda y por eso acompaña luego

Las parejas bendecidas con motivo de la Semana del Matrimonio comparten un hilo dorado: todas tienen un grupo de apoyo

Alfa y Omega

A raíz de la Semana del Matrimonio que cada año se celebra en torno a San Valentín, la iglesia de Madrid tendrá durante todo febrero un pensamiento especial para las parejas que cumplen cinco y diez años. No se olvida del resto, pero sí quiere dar un espaldarazo a estos —de algún modo— novatos cuyo testimonio servirá también a los veteranos para renovar sus votos y recordar cómo dieron sus primeros pasos.

Con un poco de pudor, porque siempre da algo de vergüenza desgranar todo lo que uno tiene en el corazón —especialmente con el cónyuge pegando la oreja al lado—, los matrimonios que nos han confiado sus historias tienen claramente un elemento en común: no han hecho la guerra por su cuenta. Al principio, con el pecho inflamado y viendo en el otro todas las virtudes que caminan sobre la tierra, es tentador pensar que se podrán capear todos los temporales por la pura fuerza del amor. Debe de ser así porque, si no se cree esto, para qué casarse y poner a Dios y a toda una asamblea como testigo. Pero es también necesario un componente de humildad para agruparse, pedir ayuda y hacerlo a tiempo, porque los baches llegan. Fran y María encontraron este apoyo en el Movimiento de Santa María, Florencia y Manuel en el curso prematrimonial de la parroquia Beata María Ana de Jesús y Miguel Ángel y Vicky en un grupo de jóvenes profesionales en el Buen Suceso.

Si uno se casa ante la mirada de 200 amigos y familiares y protagoniza así —todos los consultados están de acuerdo— el día más feliz de su vida, lo lógico es que, después, estos allegados permanezcan en su historia y les echen un salvavidas cuando amenacen con hundirse. No es cuestión de meterse donde no les llaman, pero sí de estar presentes. Y precisamente porque quieren a la pareja y dan fe del gran amor que se tienen, sacarles de las vías de la rumiación y el resentimiento, que solo acaban en abismo. Solos no pueden, con hermanos sí.