Más de 1.000 personas hacen ejercicios online por la pandemia

La Compañía de Jesús ha adaptado este verano los ejercicios espirituales de san Ignacio a las circunstancias de la pandemia, porque los ejercicios «tienen que ver con la vida, y la vida de este verano ha sido distinta de la de otros años».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
«San Ignacio era muy flexible y tenía una capacidad de adaptación muy grande». Foto: María Pazos Carretero

El jesuita Cristóbal Jiménez, coordinador del área de Espiritualidad y Ejercicios de la Compañía en España, afirma que san Ignacio «era muy flexible y tenía una capacidad de adaptación muy grande». Así han nacido los Ejercicios espirituales online este verano:

Ha sido un verano especial, en el que habéis tenido que ofrecer los ejercicios espirituales de una manera diferente. ¿Cuál ha sido vuestra propuesta?
Dadas las circunstancias que estamos viviendo, mucha gente no se trasladar a una casa de ejercicios. Desde el área de Espiritualidad del sector Pastoral de la Compañía de Jesús nos planteamos que podíamos hacer y decidimos hacer siete tandas de online en julio y agosto: seis de ocho días y una más breve, de cinco, para gente más joven.

¿Cuál ha sido la dinámica?
Ha habido puntos de oración por la mañana y por la tarde, una platica a mediodía. Hemos enviado videos y material en PDF. Y para el que lo quisiera hemos ofrecido acompañamiento personal por Skype. Ha habido más de 100 personas disponibles para realizar este acompañamiento, y ha sido algo muy enriquecedor, porque hemos colaborado jesuitas, religiosas y laicos. La experiencia ha sido muy positiva; al final hicimos una evaluación y nos dieron una nota de 4,8 sobre 5.

¿Cuántas personas han participado?
Se han inscrito mil personas, pero habrá habido más, porque en algunas comunidades religiosas se ha puesto una pantalla para que toda la comunidad pudiera participar.

Cristóbal Jiménez. Foto: Prensa Jesuitas

¿La pandemia y todo lo que la rodea ha estado presente de alguna manera en el contenido de estos ejercicios?
Sí, las pláticas han estado actualizadas a la situación que estamos viviendo. Por ejemplo, se ha tratado cómo hacer frente a los miedos. También se ha abordado desde el punto de vista cristiano e ignaciano la esperanza en estos momentos. O cómo vivir la cruz y hacerse presente en los crucificados.

En realidad, los ejercicios espirituales tienen que ver con la vida, y la vida de este verano ha sido distinta de la de otros años. Creo que hemos prestado un gran servicio en este tiempo de pandemia; los ejercicios han sido una invitación para hacer un silencio especial y llenarnos del Espíritu.

¿Ofrecer los ejercicios en formato online ha sido un mal menor?
La experiencia que hemos tenido es muy positiva, pero hay que discernirlo con tiempo. Ignacio decía que es bueno en los ejercicios separarse de amigos y conocidos, pero también sabemos que era muy flexible y tenía una capacidad de adaptación muy grande. Repetía mucho la expresión «en función de personas, tiempos y lugares». Tenemos que discernirlo bien, sabiendo que hay ventajas e inconvenientes.

Haciendo un alarde imaginación, ¿cómo habría dado san Ignacio los ejercicios en medio de esta pandemia?
Pues creo que san Ignacio habría remarcado el principio y fundamento, la conciencia de que somos criaturas, y de que si nuestra raíz es Dios, todo lo demás es relativo: salud o enfermad, vida larga o corta… No es que esto no importe, sino que no es nuestro centro, porque el fundamento de nuestra vida es el Señor.

Creo que habría abordado también el tema de los miedos. Nos habría invitado a vivir sin miedo porque no somos Dios, nos habría hecho ponerles nombre y discernirlos. Este tiempo de pandemia está siendo una oportunidad para discernir qué es lo importante y qué no lo es. Los cristianos estamos invitados a dar lo mejor de nosotros mismos, que no es otra cosa que el Espíritu que nos habita. Son tiempos para llenarnos de Él, de hacer silencio y que Dios nos ilumine. La Iglesia invierte mucho en el anuncio del Evangelio y en las obras sociales, y eso está muy bien, pero lo principal es invertir en nuestro mundo interior, y para eso pueden ayudar mucho los ejercicios.