La clave del misterio: el corazón - Alfa y Omega

La clave del misterio: el corazón

Maica Rivera

La colección Línea Negra nace con la saga de autoficción del detective Rafael Guerrero. La primera entrega, Yo, detective, alterna en la misma línea temporal dos casos con la desaparición como leitmotiv, pero en sentidos opuestos. Primero entra en escena Carla, quien, amenazada de muerte por su exmarido, solicita los servicios de Guerrero sin mejor opción que huir sin dejar rastro, adoptando una nueva identidad. Los siguientes clientes son un matrimonio de Salamanca cuyo hijo, que ha viajado a la India para conocer a su futura familia política, ha desaparecido repentinamente en aquellas lejanas latitudes. El detective trazará y ejecutará un estratégico despliegue de medios medido al milímetro para, simultáneamente, proteger a la mujer, ocultarla y mantenerla lejos de todo acecho y, a la vez, investigar la corrupción de los suburbios indios más conflictivos para tratar de desenmascarar a los culpables del otro posible delito. Se trata de dos historias de crimen y misterio de corte clásico para abordar, sin embargo, dramas actualmente muy representativos de los peligros, incertidumbres y ansiedades de los hombres y las mujeres occidentales en las grandes ciudades.

Bajo la aparente impostura de los clichés típicos del género y el realismo costumbrista bien conocido por los amantes de esta literatura, lo verdaderamente excepcional en el autor es el respeto hacia sus personajes, extensivo a un cuidadoso tratamiento y detalle de las relaciones interpersonales en momentos de crisis, donde adquiere máximo interés la gestión del código ético y deontológico del detective sobre el terreno. Sobrevuela siempre una grave preocupación por evitar la sobreimplicación del protagonista en los casos –«cuanto menos se contaminen las respectivas emociones y sensibilidades, más fría y profesionalmente se abordarían los siguientes pasos a dar»–, una obsesión de autocontrol que el detective extrapola a su esfera íntima. Quedan expuestos otros temas secundarios de enjundia como la lealtad entre colegas en situaciones de alto riesgo, puesta a prueba, por ejemplo, en los bajos fondos indios, de largo historial sanguinario, con el detective autóctono, Ajit Thakur.

Digno heredero natural de una tradición que nos remite tanto a Juan Madrid como a José Luis Garci, el escritor hace de los diálogos uno de sus puntos fuertes, dándoles un papel crucial en la contención y la catarsis de tensiones cuando la trama se recrudece. Por eso uno de los guilty pleasures (placeres culpables) no deja de ser el comprobar que los profesionales más duros también sucumben, a veces, a ciertos abrazos más allá de lo estrictamente protocolario. Lo cierto es que la novela plantea un apasionante baile de distancias, un juego de presiones en el que todos los personajes fuerzan las situaciones para acercarse o alejarse unos de otros, y el reto que se impone al lector es tener sagacidad para valorar si los implicados se mueven por intereses creados, o, por el contrario, les guía limpiamente la fuerza del corazón: ahí está la clave del éxito, y Guerrero lo tiene claro.

Yo, detective
Autor:

Rafael Guerrero

Editorial:

Eolas & Menoslobos