La clave de la vida es el deseo

Título: Dante, poeta del deseo; Autor: Franco Nembrini; Editorial: Ediciones Encuentro

Jaime Noguera Tejedor

Título: Dante, poeta del deseo
Autor: Franco Nembrini
Editorial: Ediciones Encuentro

Un endecasílabo para titular esta reseña. Que no es de un libro de poesía, sino de un ensayo que se lee como un relato, como una conversación muy agradable con el autor. Trata de cómo, leyendo la Divina Comedia, pones un espejo ante todos los aspectos de tu vida y te vas viendo reflejado, al paso de los años, en cada cosa. Trata de cómo el hombre actual, que se creía capaz de todo, ve cómo él solo no es capaz de dar solución a las cosas que se le ponen delante, y, entonces, se desmorona y se deshace. El hombre cristiano puede encontrar gran ayuda en la lectura de la Divina Comedia para construirse como persona y salir al mundo orgulloso de sí y de sus hermanos en la fe.

Franco Nembrini es profesor de literatura italiana. Cuenta cómo una profesora y la lectura de la Divina Comedia influyeron en su dedicación profesional. Leer un libro por obligación puede ser una tortura. Sin embargo, cuando uno descubre que una obra le habla de él (o de ella), empieza a dialogar con el texto, se inquieta, quiere aprender partes de memoria… ¡Ah, la memoria, tan desterrada de nuestros planes de educación, y tan necesaria para conectar la experiencia con la vida!

La vida se enfoca a la felicidad. De eso trata la Divina Comedia. Y el papel que el deseo juega en ello es un buen camino, si entendemos bien lo que significa el deseo, para vivir como Dios manda. Aquí nos ilumina la luz del medievo (¿cabe aceptar que, desde el siglo XX o XXI, con dos guerras mundiales, bombas atómicas, persecuciones religiosas atroces, etc., digamos que la Edad Media era cruel?) El libro es históricamente perfecto. Por eso nos enseña a hablar con la realidad, a saber del aquí y del después, a enfrentar el día a día con realismo.

Dice la obra que el único alimento digno del hombre es la sabiduría, la verdad. ¿Y cómo llegaban a ella en un tiempo en el que no había radio ni televisión? Era un tiempo en el que el hecho cristiano daba forma a la conciencia que el hombre tenía de sí mismo, así como de la relevancia que tenía la realidad social y comunitaria. Un tiempo en el que lo único que contaba era el testimonio, lo que cada uno decía al otro con su vida.

El libro profundiza en el valor de las convicciones y de la fuerza de la coherencia. No se trata de no cometer errores: todos nos equivocamos, todos traicionamos a nuestras mujeres o maridos, a nuestros amigos; se trata de recuperar la conciencia de pecado y aceptar ser perdonados. Por los demás. Y por Dios. «No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria. Bien lo sabe tu maestro» ¿Solución?: caer de rodillas ante el otro, máxime si es tu cónyuge, e inclinarse ante el destino infinito que el otro lleva en sí.

Jaime Noguera Tejedor