La carroza que marca la diferencia - Alfa y Omega

La carroza que marca la diferencia

Podrían ser sencillamente sus majestades llegados de Oriente a mostrar sus lujosos ropajes y mejores sonrisas. Porque sin Niño no hay lógica. Y sin María y José no hay Niño. Por eso, este año, por segunda vez, la archidiócesis de Madrid ha apostado por ofrecer la Luz y el sentido de estos días

Cristina Sánchez Aguilar
Carroza del Arzobispado de Madrid en la cabalgata de Reyes 2026
Foto: Archimadrid.

La noche de Reyes en Madrid es un festival de luces, disfraces, publicidad de empresas, caramelos blandos y tres Reyes Magos agradecidos —que menos da una piedra y, al menos, esa referencia siempre ha estado—; pero podrían ser sencillamente sus majestades llegados de Oriente a mostrar sus lujosos ropajes y mejores sonrisas. Porque sin Niño no hay lógica. Y sin María y José no hay Niño. Por eso, este año, por segunda vez, la archidiócesis de Madrid ha apostado por ofrecer la Luz y el sentido de estos días a las miles de personas que, cada 5 de enero, se agolpan en calles de la capital y casas de todo el país para vibrar al ritmo de la belleza y la música. Es el broche de oro para un tiempo navideño en el que vivimos una constante contradicción. Celebramos con abundancia de comida durante días una noche en la que no hubo ni un mendrugo que llevarse a la boca. Envueltos en nuestras mejores galas, recordamos un nacimiento en un frío establo, donde no había ni una manta bajo la que cobijarse; heno y el calor despedido por los animales. Abrimos nuestras puertas de par en par a los familiares y amigos el día en el que a la Sagrada Familia le fue denegado el acceso a todas ellas. Celebramos felices una noche brutalmente dolorosa, porque María iba montada en un burro, por caminos pedregosos, con dolores de parto. Celebramos juntos a quienes estaban solos. Quizá ahí radique la magia, en esa contradicción. Porque celebramos con lo mejor que tenemos que nuestro Dios escogió precisamente lo peor para mandar a su Hijo hecho carne y salvarnos del pecado.

Esa heladora tarde de ya el año 2026, los pastores adoraron al Niño por todo el centro de Madrid y recordaron, al término de los días festivos, el principio y el fin de unos días en los que nos afanamos en regalar, disfrutar, acompañar y cuidar. Esta carroza nos mostró el porqué.