¿Hasta dónde se puede soportar? Hay una cota de sufrimiento en el hombre que avisa de una vecina catástrofe y de una muerte inevitable. Y, sin embargo, porque el mismo dolor nos enmudece, porque no sabemos a quién acudir, porque hemos desistido de una ayuda de fuera, ahogamos el grito. En contrapartida, también porque sabemos a Quién dirigir nuestra plegaria, porque sabemos que el dolor no tiene la última palabra, nos hacemos voz de los que no la tienen, o la han perdido, o no les interesa dirigirse a nadie, elevamos hacia el Señor Jesús nuestra prez, en nombre propio y en nombre de todos.

Porque en el principio era la Vida y se nos dio como un derrame de gracia abundante que nunca hemos llegado a agradecer lo suficiente, más bien nos hemos apropiado hasta robársela a otros… Kyrie eleison.

Porque nos hemos olvidado de Ti, hemos caído en todas las idolatrías y nos hemos hecho un altar a nosotros mismos, proclamándonos dioses y señores de todo y de todos. Kyrie eleison.

Porque nuestra mortífera violencia solo busca excluir, catalogar, dividir, anular, a golpes, a gritos, a mano armada o con guante blanco, con el desprecio y la indiferencia. Kyrie eleison.

Te pedimos, Señor, que tengas piedad, que tengas Tú piedad y misericordia porque nosotros no la tenemos, que salgas Tú en nuestra defensa porque nosotros acabaremos destrozándonos, que tu piedad cubra nuestra impiedad. Somos ante Ti intercesores de gracia, no porque Tú no quieras darla, sino porque hemos olvidado pedirla y no solo por nosotros, sino también por nuestros hermanos. Nos brota del corazón un Kyrie eleison ininterrumpido, como única palabra orante. Detrás de ese Kyrie eleison hay muchos nombres, situaciones personales, sociales, universales, políticas, humanas. Delante, estás Tú acogiéndolo hasta dar la Vida.

Madre Prado González Heras
Priora del monasterio de la Conversión. Hermanas Agustinas