Juan Romero agradece su curación

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El niño tiene una hemorragia cerebral, los pulmones están encharcados y la sangre ha dejado de circular en las piernas. No hay nada que hacer. Sea fuerte: éste era el desalentador diagnóstico que dio el médico pediatra a la madre del niño Juan Romero. Había nacido cuatro días antes, el 24 de marzo de 1967 -Viernes Santo-, tras un embarazo difícil.

El médico le pedía fortaleza, y la mujer comenzó a rezar: Llorando como una Magdalena, comencé a pedir a Juan XXIII que mi niño viviera sano. Eran cerca de las dos de la tarde, recuerda María Dolores García. Cinco horas después, llegó un pediatra al que habíamos hecho llamar. Y me dijo: «Su marido me ha contado que su hijo estaba muy mal, pero yo le he encontrado como pez en el agua. Se lo pueden llevar a casa».

En junio de 2001, 34 años después, el matrimonio acude con su hijo a la plaza de San Pedro a agradecer al Beato Juan XXIII esta curación. Desde hace sólo unos días, Juan, un joven alto y espigado, es sacerdote. A los 18 años conoció el Opus Dei y ahora, de manos de monseñor Javier Echevarría, recibió el sacerdocio, el pasado 6 de junio, en la basílica romana de San Eugenio.

Ante los restos de Juan XXIII, Juan Romero agradeció de nuevo alPapa su curación. También, de manera especial, quiso pedirle ayuda para emprender el camino que tiene por delante. Ahora tiene en el Papa Roncalli un gran ejemplo de sacerdote y un magnífico intercesor, como ya demostró hace años.

Juan estudió Ingeniería en Madrid. Al terminar la carrera, se trasladó a Roma para iniciar sus estudios de Teología. En la plaza de San Pedro, cuenta sonriente: Cuando me dijeron que iba a ser ordenado sacerdote el 2 de junio de este año, recordé que la fecha coincidía con la vigilia del aniversario del fallecimiento del Papa que me había hecho revivir cuando nací muriéndome.

Lo que no se esperaba este joven sacerdote es que coincidiera también con la colocación de sus sagrados restos mortales en la basílica de San Pedro. Cuando me lo han dicho, no he podido dejar de pensar que el Beato Papa Juan XXIII y el Beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, se habían puesto de acuerdo para que me ordenara sacerdote en estos días.

María Dolores, la madre, considera que Juan siempre ha estado bajo la protección de Juan XXIII. A este Papa lo he tenido siempre presente. Cuando le pedí este milagro, sólo se habían cumplido dos años desde su muerte y todo el mundo pensaba que iba a ser declarado santo en breve. Por eso me salió espontánea la súplica por mi hijo. Por lo tanto, después de la curación, era obvio que el nombre de mi hijo sería Juan.

Juan vivirá su sacerdocio amparado por la doble protección de los Beatos Juan XXIII y Josemaría Escrivá.

Juan Narbona