Juan Pablo II. Dos décadas sin el Pontífice «Grande» - Alfa y Omega

Juan Pablo II. Dos décadas sin el Pontífice «Grande»

A todas horas hay peregrinos rezando ante su tumba. El postulador pide seguir transmitiendo su legado a los jóvenes

Javier Martínez-Brocal
Traslado del cuerpo del Papa del Palacio Apostólico a la basílica de San Pedro el 4 de abril de 2005. Los fieles lo pudieron visitar tres días, hasta el funeral el día 8
Traslado del cuerpo del Papa del Palacio Apostólico a la basílica de San Pedro el 4 de abril de 2005. Los fieles lo pudieron visitar tres días, hasta el funeral el día 8. Foto: AFP / Vincenzo Pinto.

Se cumplen 20 años de aquel sábado 2 de abril de 2005, cuando el mundo siguió conmovido los últimos momentos de san Juan Pablo II. Falleció a las 21:37 horas y, cuando se anunció su muerte en la plaza de San Pedro, las decenas de miles de peregrinos que rezaban allí respondieron con un aplauso de agradecimiento que duró varios minutos.

Dos décadas después, su tumba es uno de los lugares más visitados en San Pedro. «Siempre hay peregrinos que rezan ante ella. Es una señal del gran cariño que le tienen», explica conmovido uno de sus responsables, el franciscano Enzo Fortunato. Hay que hacer fila para detenerse unos minutos y rezar ante sus restos, bajo el altar de la capilla de san Sebastián. Muchos acuden para devolverle la visita que hizo a su país —viajó a 129—. Otros, para encomendarle una necesidad o darle las gracias por su ayuda.

«Cada vez que viajo a Roma intento asistir a la Misa en polaco que se celebra allí los jueves y siempre me emociono», confiesa Slawomir Oder, de 64 años, postulador de su causa de canonización y actual obispo de Gliwice (Polonia). «Siempre hay decenas de sacerdotes, 60 o 70. Y aunque es en polaco, asisten cientos de personas, el pueblo de Dios, a pesar de que no lo hablen». Es una costumbre que lanzó en 2005 el ahora cardenal Krajewski para impulsar su devoción y la causa de beatificación. Eligió los jueves como día ligado a la institución del sacerdocio, pues muchos se sintieron llamados a entrar en el seminario siguiendo las huellas de Karol Wojtyla.

Juan Pablo II nació en Wadowice el 18 de mayo de 1920. Fue actor, operario en una fábrica química y seminarista clandestino. Practicaba alpinismo, canoa y natación. Durante sus 26 años de pontificado escribió 14 encíclicas y publicó libros de poesía y ensayos. Duplicó el santoral y elevó a los altares a la filósofa carmelita Edith Stein, a Teresa de Calcuta y a la esclava sudanesa Josefina Bakhita. Fue el Papa de las primeras veces: el primero que entró en una sinagoga, el primero que visitó una mezquita y que besó el Corán como texto sagrado para millones de personas, el primero que viajó a la Cuba de los Castro, el primero que pidió perdón por los pecados de la Iglesia, el primero que dio ruedas de prensa. Muchos le atribuyen el mérito de que cayeran el Muro de Berlín y el totalitarismo soviético sin derramamiento de sangre.

Peregrinos hacen cola para rezar ante su cuerpo el 7 de abril
Peregrinos hacen cola para rezar ante su cuerpo el 7 de abril. Foto: EPA / Ciro Fusco.

«Me impresiona la actualidad de sus mensajes», subraya Oder. «Por citar algunos, la cuestión de la misericordia, la invitación a buscar la santidad, que definía como “el mejor modo de mostrar el rostro de Cristo al mundo de hoy”; y, en mi opinión, la cuestión de la teología del cuerpo». De sus visitas a España, Oder cree que la más simbólica fue su viaje a Santiago de Compostela en 1989, para la segunda Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). «Fue allí como peregrino. Pienso que así quería recordar que estamos de viaje, en peregrinación, pero siempre hacia un lugar concreto, en camino hacia la patria celestial, somos peregrinos de esperanza, en camino a la casa del Padre».

Además de inventar las JMJ, supo crear un vínculo de confianza con los jóvenes. Cuando el 2 abril de 2005 quedó claro que eran sus últimas horas, miles de ellos se acercaron a la plaza de San Pedro para acompañarle simbólicamente bajo la ventana de su cuarto. Sus colaboradores se lo dijeron y el Pontífice les envió un último mensaje: «He salido en vuestra búsqueda; habéis venido, y os lo agradezco».

«En todo el mundo hay muchas escuelas y parroquias con el nombre de Juan Pablo II que inspiran a los jóvenes. Pero a pesar de esto, las nuevas generaciones, que ya están asumiendo nuevas responsabilidades, no lo conocieron. Esto plantea el riesgo de reducirlo a un fenómeno del pasado, a pesar de la fuerza de su mensaje, de esa llamada a descubrir que la plenitud de la vida coincide con la vocación cristiana», avisa el postulador.

En Polonia lo llaman «el más grande de los polacos» y para muchos católicos es Juan Pablo II «el Grande», por la magnitud de su pontificado. Pero Slawomir Oder implora: «Es importante alimentar y cultivar su recuerdo y la devoción para que no se convierta en un personaje solo para los libros». E insiste: «Es necesario llegar a las nuevas generaciones, a los jóvenes. Es lo que él enseñaba. Es un gran desafío y una oportunidad para dar testimonio de quien fue este gran hombre».

Nueva parroquia en Madrid

El Papa polaco «dejó mucha huella en Madrid», asegura Nicolás Álvarez de las Asturias, rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso. «No solo se despidió de España desde aquí. En 1993 dedicó la catedral de la Almudena y visitó el seminario», donde se reunió con seminaristas de todo el país. Además, canonizó a varios madrileños. «Los sacerdotes diocesanos le tenemos un inmenso cariño y una deuda de gratitud». Muestra de esta cercanía es el hecho de que, en febrero, se erigió la parroquia de San Juan Pablo II en el barrio de Valdebebas.

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