Jesús Zamora: «La vida religiosa no funciona con rebajas, sino que pone toda la carne en el asador»
Desde 2017, Jesús Miguel Zamora ha ejercido el cargo de secretario general de CONFER (Conferencia Española de Religiosos), un tiempo del que hace balance sin pesimismos. «No vivimos a base de lamentos. […] Me quedo con todo el trabajo positivo de estos años».
—¿Qué ha significado para usted este servicio a la vida religiosa en España?
—Para mí ha sido una riqueza por el hecho de ir descubriendo, de una manera mucho más cercana, la enorme variedad de la vida consagrada: tantas congregaciones con dedicaciones tan distintas, desde educación, cuidado de los mayores y todo tipo de atención social. El cargo de secretario general, además, también me ha permitido descubrir, aquí en nuestra sede, que hay un equipo de profesionales excelentes, tanto los contratados como los religiosos.
—¿Cómo ha evolucionado la vida religiosa en estos años?
—Es verdad que en estos años, a medida que va pasando el tiempo, pues no cabe duda que las congregaciones van envejeciendo. Pero yo creo que eso, fíjate, no quita esperanza a cómo está viviendo la gente en este momento su propia vida religiosa. No vivimos a base de lamentos. Más que insistir en que somos pocos y mayores, me quedo con todo el trabajo positivo de estos años. Hemos caminado juntos, hemos aportado esperanza, hemos cuidado la formación y hemos vivido nuestra realidad con serenidad y sabiéndonos enviados por el Espíritu.
—Y en ese futuro sin lamentos, ¿qué retos aparecen?
—Hay un elemento importante: el trabajo intercongregacional. Estamos intentando fomentar el trabajo conjunto entre distintas congregaciones, sobre todo apoyando a aquellas que tienen más dificultades porque son más pequeñas. También tratamos de desarrollar el tema de la misión compartida, que si Dios quiere quedará reflejado en la reforma de nuestros estatutos. Otros retos se encuentran en la presencia de la vida religiosa en el ámbito educativo, la profesionalización de la comunicación en las distintas congregaciones, la formación o la inmigración. Por último, creo que es interesante mantener la buena sintonía con la Conferencia Episcopal. Hay un buen entendimiento en muchas cosas, pero creo que es preciso seguir la complementariedad entre unos y otros.
—Han sido años convulsos para la Iglesia, sobre todo por la cuestión de los abusos. ¿Cómo ha vivido esta etapa la CONFER?
—Con preocupación. Ha habido cosas que probablemente no hemos hecho del todo bien y pedimos perdón. Pero eso no elimina todo el trabajo que se ha hecho, como el de ir estableciendo espacios seguros para los menores, o la sintonía que hemos tenido con la Conferencia Episcopal. Se han creado protocolos, oficinas de atención a víctimas de abusos… Sinceramente creo que estamos poniendo remedio a una situación para que no se repita.
—¿Qué mensaje le gustaría dejar a los religiosos que continúan su misión en tantos lugares?
—Como decía el Papa Francisco, creo que hay que mirar el pasado con agradecimiento, el presente con optimismo y el futuro con esperanza. La vida religiosa no funciona, normalmente, a base de rebajas, sino que pone toda la carne en el asador. Estamos en un momento importante, donde tenemos que seguir caminando juntos, propiciando momentos de intercongregacionalidad, de ayuda mutua. El mundo está esperando también que vayamos dando el testimonio de nuestra fraternidad y de nuestro sabernos en manos de Dios.