Jesús el Pobre y Jesús de Medinaceli reciben a sus devotos: «A sus pies lo que más se oye es gracias» - Alfa y Omega

Jesús el Pobre y Jesús de Medinaceli reciben a sus devotos: «A sus pies lo que más se oye es gracias»

Los fieles madrileños han arropado este viernes a las imágenes de Jesús el Pobre y Jesús de Medinaceli

Begoña Aragoneses
Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Cuentan que una de las veces que la reina Isabel II visitó a Nuestro Padre Jesús Nazareno, del que era muy devota, en la iglesia de San Pedro el Viejo, al ver a los sencillos y humildes esperando para rendirle culto, exclamó «¡Pobre Jesús!». Es una de las varias teorías que existen acerca del origen de Jesús el Pobre. Lo cierto es que el estado del templo y el perfil de los que acudían contrastaba con la aristocracia madrileña que veneraba a Jesús de Medinaceli.

La imagen de Jesús el Pobre fue donada por la duquesa de Santisteban, cuyo palacio lindaba con el templo, en 1756. Obra del escultor andujareño Antonio Primo Garrote, académico de mérito de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se hizo a imagen y semejanza del de Medinaceli, muy venerado por la familia del duque.

Pronto se extendieron los cultos a este Cautivo, adquiriendo especial solemnidad los viernes de Cuaresma. Y este 6 de marzo es uno de ellos. La mañana estaba destemplada, con lluvia amenazante, y a Jesús lo arropaban un grupo de mujeres, como aquellas que lo acompañaban por las tierras de Galilea cuando Él se hizo carne. Ahora se sientan en los bancos, próximas a Él. Lo miran y rezan, para adentro o moviendo los labios, las nuevas Anas que imploran a su Dios.

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Está El Pobre en su altar de culto, bajo un baldaquino de terciopelo púrpura, con su pie derecho desnudo —el único que tiene la talla, en realidad—, para recibir el cariño de las que lo enjugan con sus lágrimas. Saya morada bordada en oro con mangas simuladas con alfileres, porque la talla no es articulada.

El sonido de marchas procesionales acompaña en San Pedro el Viejo hasta que suena la campanilla de la Misa de 9:00 horas. Salen por la puerta en ese momento Victoria y su amiga Trini. La primera, «serán 80 los que cumpla», lleva desde los 14 años en la capital, pero «ni yo he entrado en Madrid ni Madrid ha entrado en mí». Lo que sí se le clavó a esta extremeña en el corazón fue El Pobre, «pobre como yo», ocupando un espacio junto a su Cristo del Amparo de su pueblo Jerte, en la Vera. Este año especialmente le da gracias por una operación reciente, «todo ha salido bien», y le pide salud, que «teniendo salud, te comes unas patatas revolconas y pa’lante».

También ha salido de ver a Jesús Rosa, que cuando trabajaba en el Ayuntamiento de Madrid, acudía todos los viernes del año a Misa al Pobre en la hora del desayuno. «Intento vivir la fe, me ayuda un montón». También ella le ha dado gracias a Jesús «por haber llegado a la jubilación» y le pide «aceptar el día a día», así, como venga.

Con Misas ya por la tarde a las 17:00, 18:00 y 19:00 horas, a las 20:00 horas será la Función Principal, y hasta las 21:00 horas estará abierto el besapié.

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Jesús de Medinaceli

En el camarín de Jesús de Medinaceli, mirando hacia abajo a su Hijo, luce la sagrada imagen de Nuestra de los Dolores en su Soledad, ataviada de reina, con saya color morado y el manto de camarín negro bordado en oro. Porta tejido de tul bordado en oro en el rostrillo, y espada en el pecho. El atavío se completa con una reliquia de las espinas de la corona de Jesús en el pecho y en sus manos rosarios de nácar.

A los pies, su Hijo, cambiando la composición evangélica porque se abaja a su pueblo para recibir su cariño y consolarlo en sus dolores. Un año más, el Señor de Madrid luce esplendoroso, en esta ocasión de forma especial porque se ha estrenado luminaria para que se le vea mejor. Viste la túnica de los ángeles, el escapulario y la ráfaga que le regaló el pueblo de Madrid tras la guerra civil y, por tercer año consecutivo, la medalla de la ciudad de Madrid.

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Los viernes ordinarios, la gente le pide cosas, pero este primero de marzo es más para agradecer. «A sus pies lo que más se oye es gracias, gracias, gracias». Lo cuenta Miguel Ángel Izquierdo, hermano mayor de la Archicofradía de Jesús de Medinaceli, muy rejuvenecida en los últimos tiempos y con más de 300 voluntarios para este día porque «la devoción está muy viva».

Agradecida está Frasi por un tema de salud de un hijo, que viene de Los Yébenes (Toledo) pero está deseando volver a casa para, en la intimidad, besar una imagen de Medinaceli más pequeña que compró en su día por una promesa. También del pueblo toledano de Mora han venido Sebas, Mari Ángeles, Paula… Todas vecinas y amigas. «Yo llevo viniendo 17 años; lo había visto en imágenes, pero el primer día que vine me encandiló, tiene una cara… Cristo es el mismo, pero este te mira…».

Esa expresión del rostro es lo que más le interpela también a Alejandro, que recibió la devoción de sus abuelos en Monzón (Huesca). Ahora que hace tiempo que trabaja en Madrid, cuando puede va a ver al Señor de Madrid. Esperando en la interminable fila, dice que hoy viene especialmente a darle gracias porque, «dentro de los problemas soy afortunado».

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Tradición de generaciones

Pasa mucho en la devoción a Jesús de Medinaceli que se extiende de generación en generación. Ahí están, a punto de llegar a sus pies, Paula (75 años), su hija María y su nieta Triana en brazos de su prima Yaiza (25 años). Madrileñas, «de toda la vida» acuden al Señor de Madrid. «Ya venía yo con mi madre cuando era como ella», dice la abuela señalando a la nieta pequeña. Y María no para de emocionarse. «Mira lo que tengo gracias a Él» y señala a su niña. Yaiza sabe qué pedir: «Que vaya todo bien en mi familia, que ya toca».

En esta devoción hay «muchas historias de fidelidades a lo largo de los años», comenta el padre Benjamín Echevarría, guardián de la comunidad de capuchinos que custodian la basílica. Y también de otras personas que, a raíz de una enfermedad o algún hecho concreto, «hacen un replanteamiento de su vida que les ayuda a reconectar con Cristo».

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Y lo expresan yendo a Él en un día esperando, importante, recordaba el sacerdote en la homilía de la Misa de 10:00 horas. Pero «en este día, el Evangelio nos recuerda una cosa bien necesaria»: que la primera imagen de Jesús, que «el primer lugar donde descubrir a Jesús tiene que ver con la vida cotidiana». Por eso ha pedido la «capacidad de poder mirar la vida descubriendo lo pequeño; ese es el lugar donde está Jesús, donde nos espera todos los días».

Jesús de Medinaceli continuará recibiendo gente durante todo el día hasta que pase el último devoto de la fila. Las Misas serán cada hora a las horas en punto. El obispo auxiliar de Madrid Vicente Martín presidirá la Eucaristía a las 19:00 horas.