Jesucristo, un Mesías desconcertante - Alfa y Omega

Jesucristo, un Mesías desconcertante

Solemnidad del bautismo del señor / Mateo 3, 13-17

María Teresa Comba, CRSD
'Bautismo de Cristo'. Francisco de Goya. Colección particular.
Bautismo de Cristo. Francisco de Goya. Colección particular. Foto: Fundación Goya en Aragón.

Evangelio: Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una luz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Comentario

Jesús solicita a Juan que lo bautice, pero este no entiende nada. Intenta convencerlo de que lo bautice Él. ¿Cómo ve a Jesús? En el pasaje anterior, vemos cuál era la idea de salvación para el pueblo judío que esperaba y predicaba el Bautista. Afirma que hay que convertirse porque el Reino de los cielos está cerca y vendrá el hacha a talar todo árbol que no dé fruto; también que Jesús vendrá con la horquilla para aventar los montones de trigo, guardarlo en el granero y quemar «en el fuego que no se apaga» la paja. Con estas expectativas sobre el Reino de los cielos que iba a llegar pronto, y que traería soluciones drásticas, grandiosas y terribles, podemos intuir que la figura de este nuevo Mesías, que tiene que huir a Egipto para que no lo maten y que viene a colocarse en la fila de los pecadores, cuanto menos desconcertara al Bautista. Aparecen por tanto dos personajes bien diferentes, dos formas de predicar: Juan el Bautista anuncia sobre todo un juicio escatológico y terrible, con una misión purificadora; y Jesús aparece como un humilde enviado para un bautismo de penitencia. 

En un segundo momento resulta interesante la respuesta de Jesús, ante el intento de disuasión del Bautista: «Cumplamos toda justicia», le contesta Cristo. ¿Qué quiere decir esta expresión? Juan y Jesús obedecen un deseo bien concreto de Dios. La palabra «justicia» es común en el vocabulario de Mateo en el Evangelio. Santiago también la utiliza con este sentido: obediencia fiel a la voluntad de Dios. De este modo, para Jesús, recibir el Bautismo es un acto de obediencia amorosa a la voluntad de Dios; no a ninguna ley, oral o escrita (no existía esta indicación allí), ni a la voluntad de Él que predica el Bautista, sino a una instrucción concreta del Señor para Jesús y para Juan. Dicho deseo era este: que Jesús se hiciera solidario, en el Bautismo, del pecado de su pueblo. En lugar de ser un mesías perfecto y alejado de los pecadores, Dios quiere que se haga cercano a ellos, Alguien que está con la gente, que la entiende, que se hace uno más, con los hombres y mujeres, sin privilegios, sin beneficios personales.

El camino de Cristo, en todo el Evangelio de Mateo, es un camino eminentemente práctico («porque tuve hambre y me disteis de comer») que lleva a la perfección. «Cumplamos toda justicia». No dice «implantemos» ni «prediquemos» toda justicia; dice «cumplamos», pongamos en práctica, en nuestra vida, los deseos de amor, de verdad, de servicio y solidaridad de Dios.  Es un camino de obras que sigue las exigencias de una justicia superior, de la que se nos invita a fiarnos. 

Finalmente, Dios reconoce a Jesús como su «Hijo» esperado desde antiguo. El Mesías triunfalista del salmo 2 («tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy») se modula con la imagen del «siervo sufriente» de Isaías 42, que es elegido por su obediencia amorosa a los designios de Dios.

El Bautista no entiende, pero paradójicamente se fía de Jesús. Aunque a menudo no entendamos nada de lo que Dios nos propone, confiemos en Él, sigamos sus invitaciones

Jesús se hace solidario del pecado del pueblo: aprendamos a vivir desde esta clave del último puesto, del abajamiento. En un momento de convulsiones políticas, sociales y económicas, tenemos el peligro de que la inseguridad nos haga agarrarnos al barco, buscar los primeros puestos, las mejores comisiones, sacar beneficio de todo aún a costa de los demás. Pero Jesús hoy nos invita a contemplarle, caminando hasta el último puesto de la fila para bautizarse. Sigamos sus pasos, ya que «los últimos serán los primeros».