Israel no permite la entrada a voluntarios católicos, pero sí para los asentamientos

La Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa ha pedido al Gobierno de Israel que vuelva a conceder visados a los voluntarios extranjeros que necesitan sus instituciones. Piden también que se permita entrar en el país a los nuevos estudiantes de instituciones académicas católicas, igual que «las instituciones judías israelíes pueden adquirir visados para sus estudiantes extranjeros»

Redacción

Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno de Israel ha denegado en numerosas ocasiones las peticiones de visados que distintas instituciones católicas tanto de ese país como de Palestina pedían para voluntarios extranjeros. Debido a las restricciones por la pandemia de COVID-19, alegaban, apenas se permitía la entrada en el país de personas que no fueran ciudadanos.

Sin embargo, esta misma restricción no se ha aplicado a un importante grupo de evangélicos de Estados Unidos. El 9 de septiembre, el diario israelí Ha’aretz informaba que 70 voluntarios de una organización evangélica de Missouri (Estados Unidos) habían obtenido el permiso para estar en el país durante tres meses. Su labor, después de guardar cuarentena durante 14 días, era ayudar en la vendimia en viñedos del asentamiento israelí de Har Bracha, cerca de Nablús, en Cisjordania.

Los miembros de la Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa se han mostrado «estupefactos» por esta decisión. «La negativa a dar visados está poniendo en peligro el trabajo de las comunidades cristianas; especialmente de las instituciones que sirven a los más necesitados», denunciaron la semana pasada mediante un comunicado. Se trata fundamentalmente de hospitales y clínicas, colegios, residencias para ancianos o personas con discapacidad y otros centros sociales, que atienden a todo tipo de personas, sin distinción de raza o religión.

Programas interrumpidos

Debido a la escasez de recursos, necesitan la ayuda de voluntarios para realizar su trabajo, o al menos parte de sus programas. Es el caso, por ejemplo, de las residencia para personas con discapacidad que las Hermanas de la Caridad tienen en Ein Karem. Un gerente del centro explicaba a Catholic News Service que ahora estaban notando mucho más la falta de personal. El confinamiento decretado por el Gobierno a partir del viernes por la fiesta de Rosh Hashana, el año nuevo judío les está obligando a trabajar de forma extraordinaria para adaptarse a los cambios.

Lara Hijazin, hermana de Santa Dorotea y directora del Instituto Éfeta para Sordos, de Belén, explica que desde marzo han tenido que renunciar a sus voluntarios italianos. A pesar de estar en Cisjordania, los voluntarios necesitan visados israelíes porque Israel controla todos los puntos de entrada.

Su internado está cerrado a causa de la pandemia y los trabajadores está abordando solo las necesidades educativas básicas de los estudiantes. Pero han tenido que renunciar a actividades como los deportes o el inglés, que amplían sus capacidades y facilitan su integración, ya que dependen de los voluntarios. «Ellos dan nuevas orientaciones, abren la mente de las gente de aquí y tenemos más ayuda», apunta la religiosa.

Los estudiantes, también discriminados

«La Iglesia católica en Tierra Santa busca jugar su papel en ayudar a construir una sociedad en la que todos tengan lugar». Pero al mismo tiempo «insistimos en que los cristianos y sus instituciones disfruten de los mismos derechos que cualquier otra» en Israel. Por ello, reclaman que se vuelvan a conceder visados tanto a los voluntarios, como a los religiosos de todo el mundo que han sido destinados a comunidades en este territorio. Piden que se permita entrar en el país también a los nuevos estudiantes de instituciones académicas católicas, como universidades o seminarios. «Especialmente después de que se anunciara que las instituciones judías israelíes pueden adquirir visados para los estudiantes extranjeros de sus programas».