Inquietante radiografía del yihadismo - Alfa y Omega

Inquietante radiografía del yihadismo

Parece que el cine últimamente se está tomando el yihadismo más en serio que muchos dirigentes occidentales. Los caballos de Dios, ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, se inspira en los atentados terroristas de Casablanca en 2003 para lanzar una alerta universal sobre el terrorismo islámico

Juan Orellana

Parece que el cine últimamente se está tomando el yihadismo más en serio que muchos dirigentes occidentales. Los caballos de Dios, ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, se inspira en los atentados terroristas de Casablanca en 2003 para lanzar una alerta universal sobre el terrorismo islámico

En un lapso de tiempo bastante breve se han estrenado en España películas como Timbuktu (Abderrahman Sissako, 2014) –que presenta a los musulmanes como las primeras víctimas del yihadismo– o los documentales de Fernando de Haro Walking next to the wall –sobre la situación de los cristianos coptos– y Nasarahun –centrado en los cristianos perseguidos en Iraq y Siria–. El 7 de agosto se estrena El apóstol, de Cheyenne-Marie Carron, impactante película que cuenta lo que le sucede a un musulmán que decide hacerse cristiano.

Los caballos de Dios, escrita y dirigida por Nabil Ayouch, se sitúa en Sidi Moumen, un barrio cercano a Casablanca (Marruecos), y la historia arranca en 1994, con la vida de una pandilla de chicos que matan el tiempo entre el trapicheo, el futbol y la economía de subsistencia, como los jovenzuelos que retrataba Pasolini en su primera novela Chavales del arroyo (1955). Hamid y Yachine, de diez y trece años respectivamente, están llenos de vitalidad pero parece que la vida no les ofrece ningún horizonte más allá de la pobreza y la supervivencia. En 1999 fallece el monarca alauí Hassan II, y nuestros protagonistas siguen llevando una vida marginal y asfixiante. La película dedica mucho tiempo a describir esta forma de vida, atravesada de un soterrado nihilismo, porque es el caldo de cultivo donde puede prender cualquier mecha que ofrezca altos ideales y un proyecto de futuro. Y esto es lo que ocurre cuando aparece en su vida, tras un tiempo en la cárcel de uno de ellos, un grupo de musulmanes muy religiosos, celosos de una moral obediente a las prescripciones del Profeta, y que hablan de un Paraíso reservado a los que entregan su vida a Alá y rechazan la infidelidad de los que se han contagiado de los vicios que vienen de Occidente (riqueza, alcohol, frivolidad y pecado). Poco a poco se opera en nuestros protagonistas un proceso de conversión, se alejan de sus familias y entran a formar parte de una hermandad religiosa, que no es más que una célula terrorista. El status quo marroquí se les antoja occidentalizado e infiel, y su objetivo va a ser atentar contra un símbolo de ese mal: la Casa de España de Casablanca, concurrida por cristianos y judíos. El premio: un paraíso lleno de bellas mujeres.

La película opta por un aire casi documental, en el sentido que no carga las tintas en juzgar, sino en exponer cómo es la realidad de esos trágicos procesos de transformación, que hunden sus raíces en una falta de sentido ansiosa de agarrarse a cualquier cosa que ofrezca algo más. No estamos pues ante gente mala de origen, sino ante indigentes espirituales que abrazan el fanatismo como tabla de salvación.

Recientemente, el director marroquí Nabyl Ayouch ha sido noticia debido a la prohibición en su país de su última película, Much loved, presentada en la última edición del Festival de Cine de Cannes y que retrata a Marrakech como ciudad del turismo sexual. Desde mayo, circula en Facebook la página Todos por la ejecución de Lubna Abidar [actriz principal del filme] y Nabil Ayuch, y que en pocas horas tenía ya más de mil Me gusta. Los caballos de Dios es su anterior película, que no llegó en su día a las salas españolas por la quiebra de su distribuidor y que ahora la distribuidora Wanda ha decidido estrenar. Dar a conocer películas como estas va más allá del comercio cinematográfico: es casi una responsabilidad cultural ante la Historia, la presente y la futura.

Juan Orellana