In memoriam. Vittorio Messori: un periodista que desafió la incredulidad - Alfa y Omega

Leyendo a Vittorio Messori —el ensayista católico italiano más famoso y traducido del mundo— descubrí hace años que la fe cristiana es la fe del «et-et», del «y-y», que sostiene binomios como Dios y hombre, fe y razón, espíritu y carne, pecado y redención. El catolicismo, explicaba, tiene capacidad de síntesis; integra sin confundir. La herejía, en cambio, es caprichosa: se construye sobre el «aut-aut», sobre el «o-o»: me quedo con esto, pero rechazo esto otro.

Volví a pensar en esa intuición al conocer la noticia del fallecimiento, el pasado Viernes Santo, de este «apóstol de la razón», como lo definió Corriere della Sera. Messori saltó al escenario internacional con el bestseller Hipótesis sobre Jesús, publicado hace ahora 50 años. Traducido a 22 idiomas, solo en Italia superó el millón de ejemplares vendidos. Era una minuciosa pesquisa sobre su figura llevada a cabo por un cronista que sometía a prueba las afirmaciones de la fe y trataba de mostrar su coherencia histórica y racional.

Aquella investigación había comenzado doce años antes, tras su inesperada conversión. Messori (Módena, 1941) se crio en un entorno familiar anticlerical. Esa atmósfera se prolongó durante sus estudios universitarios en Turín, marcados por algunas conocidas figuras del laicismo intelectual italiano. Durante su infancia y primera juventud vivió en un ambiente en el que no se afirmaba ni se negaba la existencia de Dios, porque «no era un tema del que ocuparse»; predominaba, según recordaría, «una indiferencia radical».

La conversión le llegó por sorpresa, como una gracia. «Yo no quería convertirme al cristianismo —escribió años después—, y mucho menos al catolicismo, pero me vi obligado a ello por una evidencia interior de la que no pude escapar». Desde entonces, se esforzó por mostrar que el catolicismo resistía sin problemas el enfrentamiento con la modernidad. El hilo conductor de su obra fue siempre el mismo: responder a las preguntas sobre la credibilidad y la razonabilidad de la fe.

Messori alcanzó de nuevo notoriedad internacional con Informe sobre la fe (1985), el libro-entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger, que desde hacía cuatro años estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En aquel libro, y de un modo impensable para la época, el entonces «guardián de la fe» abordaba abiertamente la crisis, los problemas, los desafíos y las polémicas a los que la Iglesia se enfrentaba desde el final del Concilio Vaticano II.

Aquella experiencia seguramente influyó en que Messori fuera el periodista elegido por Joaquín Navarro-Valls —entonces portavoz de la Santa Sede— para dar forma a lo que luego sería Cruzando el umbral de la esperanza (1994), el primer libro-entrevista con un Papa.

La historia tiene su interés, porque el proyecto iba a ser en origen una entrevista televisiva que nunca llegó a realizarse. Juan Pablo II, sin embargo, conservó las preguntas preparadas y las fue respondiendo poco a poco, «en los ratos libres». Cuando Navarro-Valls recibió de manos del Papa las 150 páginas del manuscrito, las confió a Messori para que las puliera y adaptara antes de la revisión final del propio Juan Pablo II. La difusión del libro fue extraordinaria: ya en 2004 se informaba de que había superado los 20 millones de ejemplares.

La treintena de libros que publicó abarcó, además, muchos otros ámbitos: desde la investigación bíblica hecha con ojos de cronista —como ¿Padeció bajo Poncio Pilato?— hasta la recuperación de episodios que parecían olvidados, como el milagro de Calanda en El gran milagro; el memorial recuperado de Edgardo Mortara (Io, il bambino ebreo rapito da Pio IX) o la verdadera historia e identidad del Opus Dei (Opus Dei. Una investigación). También dedicó varios libros a la Virgen María —como Hipótesis sobre María— y a recopilaciones de sus artículos periodísticos.

Gusto por el debate

Entre los rasgos más reconocibles de Messori destacaban, además de una prosa brillante, el gusto periodístico por la provocación, la inclinación a desafiar a los conformistas —creyentes y no— y la atención constante a las cuestiones últimas: la muerte, la resurrección y la vida eterna. Naturalmente, a lo largo de medio siglo de actividad profesional no faltaron diatribas y polémicas con quienes discrepaban, a veces vistosamente, de sus análisis y de sus puntos de vista. Pero, a la vista del clima polarizado actual, que ha perdido en buena medida el sentido del debate, vale la pena subrayar un rasgo suyo: Messori nunca se dedicó a repartir patentes de herejía ni recurrió al ataque personal.

En el fondo, toda su obra giró en torno a una urgencia que él mismo expresó con claridad en estas palabras: «Los problemas a los que se enfrentan hoy los católicos tienen una raíz a menudo no reconocida, pero dramática: la caída de la fe, la reducción de Jesús a un maestro de moral, del Nuevo Testamento a una oscura mezcla de judaísmo y paganismo, del milagro a un mito, de la esperanza escatológica a un compromiso secular. Mucho antes de cualquier reforma institucional y de cualquier sermón moral o social, debemos redescubrir el credo, el que recitamos en la Misa, en su sentido pleno». Quizá ahí esté el núcleo de su legado: haber recordado, con oficio de periodista y pasión de converso, que la fe católica no pide ser protegida de la razón, sino tomada suficientemente en serio.