In memoriam. A José Antonio Álvarez, obispo auxiliar de Madrid, hermano y amigo - Alfa y Omega

Ay, amigo, me quedo ya sin verte.
Tan solo yo quería estar contigo,
hablarte del ayer y del abrigo
de la amistad nacida en buena suerte.

¡La tuve yo! Mas hoy la altiva muerte
me ha dejado en la calle —yo conmigo—,
sin apenas el tiempo que mendigo
para nuestro vivir agradecerte.

Tú conoces la fe que me sostiene
y el dolor que me causa tu partida
en el silencio donde Dios se mueve.

Acuérdate de mí, que Dios te tiene
y sabe bien que el hombre es una herida
abierta en el amor que nos conmueve.