«Hay futuro en el medio rural, pero hay que cambiar la mentalidad»

Justicia y Paz, que acaba de cumplir 50 años, celebró su encuentro nacional en Palencia para buscar respuestas y nuevas propuestas al abandono y despoblación del campo

Fran Otero
La ciudad de Palencia descubrió una placa en conmemoración del 50 aniversario de Justicia y Paz. Foto: Justicia y Paz

Justicia y Paz, que acaba de cumplir 50 años, celebró su encuentro nacional en Palencia para buscar respuestas y nuevas propuestas al abandono y despoblación del campo

Palencia se convirtió por un fin de semana en la sede nacional de Justicia y Paz, al albergar el encuentro nacional de esta entidad que este año celebra su 50 aniversario. La elección del lugar no fue baladí, pues la ciudad vive en el corazón de Castilla y León, una de las comunidades autónomas más afectadas por la despoblación del campo en favor de las grandes ciudades, tema del encuentro.

Una primera conclusión de los trabajos, tal y como explica a este semanario Ton Broekman, diácono permanente y miembro de Justicia y Paz Palencia, es la constatación de que la despoblación del medio rural lleva aparejadas una serie de injusticias, que tiene que ver, además, con un modelo económico dominante, el actual, «que ya toca a su fin».

La base sobre la que reflexionar luego la ofreció el profesor Pablo Martínez de Anguita, director del Instituto Laudato Si’ de Granada. Analizó la realidad actual del medio rural español, en situación de abandono, pero sin olvidar las grandes oportunidades y esperanzas que todavía ofrece. Sostuvo Martínez de Anguita que el campo tiene muchas cosas que aportar: la idea de comunidad, la creatividad y la puesta en marcha de iniciativas pequeñas y exitosas. De hecho, los participantes en el encuentro dedicaron parte de la tarde del pasado sábado a conocer dos proyectos de desarrollo rural, concretamente en el municipio de Saldaña, uno forestal y otro de promoción de la mujer.

La importancia de la comunidad en el medio rural fue otro de los grandes descubrimientos y uno de los temas más abordados. Continúa Broekman: «En la época que vivimos, de hiperindividualismo, donde perdemos los lazos, el medio rural puede ofrecer soluciones, puede volver a suscitar esta idea de comunidad».

Durante los tres días que duraron los trabajos, también hubo tiempo para analizar el problema desde una óptica creyente y, por tanto, desde la Doctrina Social de la Iglesia. O para dar voz a los protagonistas, que todavía resisten: un miembro de una plataforma rural, una profesora de ingeniería, el delegado diocesano de Pastoral Rural y un historiador.

«Para resumir –dice Broekman–, el mundo rural es un ámbito que está siendo objeto de abandono y despoblación cuyos efectos sociales y económicos son devastadores… Pero hay esperanza, hay experiencias que muestran que el medio rural todavía tiene mucho que aportar en el sentido de crear comunidad, de ofrecer una mayor calidad de vida o de alcanzar un desarrollo humano y ecológico integral. La gente está harta de este modelo, ya no se creen nada cuando les hablan de crecimiento económico. Y desde la Iglesia nos tenemos que organizar como una resistencia en beneficio del bien común, no para hacer la revolución, sino para romper con el individualismo que, como dijo Pablo VI, es nefasto para la sociedad».

Para cambiar este modelo que descarta el medio rural, abandonado al albur del paso del tiempo, durante el encuentro se incidió en la necesidad de que las distintas administraciones incentiven a la gente que se quede en el campo y le ofrezca todo tipo de facilidades, ahora que la técnica lo permite, para acceder a los distintos servicios públicos como, por ejemplo, la educación.

Según Broekman, promover el desarrollo rural va más allá de la actividad agrícola y, por ello, tiene que tener en cuenta el turismo, la cultura, el emprendimiento social, la agricultura de autosuficiencia o las energías renovables. «Hay futuro, pero hay que cambiar la mentalidad», concluye.

F. O.