Hakuna estrena sede «para llevar a Dios a todos»

El piso desde el que coordinaban sus actividades se les ha quedado pequeño, por lo que Hakuna ha buscado una nueva sede en Las Rozas (Madrid)

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Marimí, superiora de las HAM, toma la palabra ante la mirada de José Pedro Manglano. Foto: Hakuna

El piso desde el que coordinaban sus actividades se les ha quedado pequeño, por lo que Hakuna ha buscado una nueva sede en Las Rozas (Madrid)

Hakuna es una de las realidades de Iglesia que ha experimentado un crecimiento más sorprendente en los últimos años. Constituida como asociación privada de fieles en la diócesis de Madrid a finales de 2017, no para de atraer gente, sobre todo jóvenes. Lo que surgió como respuesta a la petición del Papa –«¡Hagan lío!»– en la JMJ de Río de Janeiro, hoy cuenta con una nutrida actividad que crece en iniciativas y en número de personas. Hakuna nació alrededor de la adoración al Santísimo guiada por su impulsor, el sacerdote José Pedro Manglano, pero su crecimiento le ha llevado a buscar nueva sede en Madrid en paralelo a la actividad que siguen desarrollando en muchas parroquias.

A partir de ahora Hakuna desplegará su labor en el convento de San José de Las Rozas –que durante la guerra civil dio 14 mártires a la Iglesia–, propiedad de las concepcionistas franciscanas. El detonante que ha acelerado la mudanza ha sido el burofax que Hakuna recibió en noviembre de parte de la comunidad de vecinos del piso donde estaba su antigua sede, pidiendo una orden de desalojo y quejándose de que había demasiado trasiego de gente.

Para el impulsor de Hakuna, «necesitábamos este lugar para organizar y programar nuestras actividades». La asociación se ha extendido por muchas ciudades españolas, por lo que «tener un espacio físico de referencia nos ayuda a transmitir un mismo estilo y un mismo espíritu, y cultivar la unidad que necesitamos».

Desde su nueva sede se podrá convocar a las actividades habituales de la asociación: revolcaderos quincenales, en los que participan cerca de 600 personas, God break mensuales de retiro de una tarde, catequesis para gente que se quiere bautizar o recibir por primera vez la Eucaristía, Hemiciclos o encuentros abiertos en torno a un tema, o cursos prematrimoniales de periodicidad semanal para entre 50 y 100 parejas de novios.

Hay además otras iniciativas específicas, como Tacones rotos, en los que chicas universitarias abordan cuestiones femeninas relacionadas con su etapa vital: la belleza, la importancia del cuerpo, las heridas afectivas o el noviazgo. De manera paralela están los encuentros Con un par, para chicos de esa misma edad y sobre temas masculinos. O las convocatorias denominadas Guardians, para la formación de chicos de Bachillerato.

En la nueva sede también tendrán lugar las reuniones habituales de preparación de peregrinaciones y voluntariados de verano, además del acompañamiento espiritual que se ofrece desde Hakuna.

«Toda esta actividad no la podemos hacer en las casas, y a veces es muy difícil cuadrarla con la disponibilidad de las parroquias», afirma Manglano, por lo que a partir de ahora podrán realizar con más libertad y desahogo su carisma, el de ser «cristianos que juntos siguen a Cristo arrodillados ante Cristo Hostia, y así vivir alegremente arrodillados ante el prójimo, ante la vida y ante el mundo».

Una imagen del encuentro de las HAM y Hakuna. Foto: Hakuna

«Nos cuidamos mutuamente»

Se da la circunstancia de que su nueva sede ha sido hasta ahora la casa de las Hermanas del Amor Misericordioso –las HAM, como se las conoce habitualmente–, que han vivido ahí los últimos cuatro años gracias a la generosidad de las concepcionistas, a la espera de encontrar su lugar definitivo.

Mientras esto sucede, ambas realidades están compartiendo espacio estos días. «Es una casa grande que tiene varios bloques separados, lo que nos permite hacer vidas independientes. Hasta hay dos iglesias, lo cual facilita las cosas», asegura José Pedro Manglano a Alfa y Omega.

«Desde la primera entrevista, transmitimos a las HAM que no se preocupasen con los plazos, pues lo primero eran ellas, y que les ayudaríamos en lo que estuviese de nuestra parte», afirma Manglano.

De momento «estamos trasladando nuestras actividades a la nueva sede de manera progresiva, intentando que las HAM puedan estar a gusto mientras están en el convento», dice, añadiendo que «hemos querido hacer un gesto que mostrara que no ha habido roce, todo lo contrario. Todos entendemos que la voluntad de Dios va por ahí para cada uno de nosotros. Y, mientras tanto, nos cuidamos mutuamente». Ese gesto se materializó hace unos días durante una Eucaristía celebrada conjuntamente en la fiesta del Bautismo del Señor, con una Misa, un concierto y un rato de alabanza juntos.

Así, en su convocatoria de esta fiesta a los miembros de Hakuna, Manglano destacaba que «la Providencia nos ha unido con esta circunstancia del convento, y vamos a aprovechar este contacto para disfrutar, rezar y aprender juntos».

«Todo es para bien»

Ahora, después de casi cuatro años en el convento de Las Rozas, las HAM se encuentran a la espera de encontrar un lugar donde fijar su lugar definitivo. La comunidad, que prefiere no hablar con los medios hasta que se solucione esta situación, se mantiene en espera activa rezando y pidiendo oraciones para que Dios les conceda un sitio definitivo para desarrollar su vida comunitaria y su apostolado.

«La Providencia nos está invitando a las HAM y a Hakuna a dar pasos –afirma Manglano–, teniendo en cuenta que todo es para bien. Todos esperamos que esta situación sirva para dar mucha gloria a Dios, porque Él es el único que importa. Queremos dar la vida por llevarle al mundo y evangelizar a todos».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo