«El cáncer pone en evidencia la fragilidad de la vida; a veces la gente hace planes, proyectos, sin pensar que seguir vivo es un pequeño milagro. Mi nombramiento como ministra, sabiendo estas circunstancias, sabiendo que soy población de alto riesgo, me parece un mensaje importante para la normalización social de esta enfermedad. Soy una ministra que está saliendo de un tratamiento y tengo un deber de pedagogía y de solidaridad. Europa -y España es Europa- tiene una responsabilidad inmensa. Si Europa tiene una razón de ser, una bandera, ésta es la de los derechos humanos. Debemos ser capaces de intervenir en estas bolsas de no derecho para que prime el derecho. Europa no es sólo un mercado».