Generación Z: África se suma a las protestas de los jóvenes - Alfa y Omega

Generación Z: África se suma a las protestas de los jóvenes

Tanzania y Madagascar muestran las luces y sombras del fenómeno en un continente con un 60 % de habitantes de menos de 25 años. La Iglesia apoya sus reivindicaciones y denuncia la represión, pero también es cauta

María Martínez López
Manifestante frente al gas lacrimógeno en Antananarivo (Madagascar) el 25 de septiembre.
Manifestante frente al gas lacrimógeno en Antananarivo (Madagascar) el 25 de septiembre. Foto: EFE / EPA / Henitsoa Rafalia.

«No podía asumir el riesgo», reconoce a Alfa y Omega una joven de Iringa (Tanzania) sobre por qué no se sumó a las manifestaciones de muchos coetáneos contra las irregularidades en las elecciones del 29 de octubre. El ambiente estaba caldeado porque en los meses anteriores los principales líderes opositores habían sido encarcelado uno y excluido por un tecnicismo el otro. A pesar de gestos de apertura iniciales en 2021 la presidenta, Samia Suluhu Hassan, volvió al final de su mandato al autoritarismo marca de su partido, el CCM, en el poder desde 1977. 

El arzobispo de Dar es Salaam preside un funeral por las víctimas el día 10.
El arzobispo de Dar es Salaam preside un funeral por las víctimas el día 10. Foto: AFP.

Las protestas estallaron cuando se empezaron a ver irregularidades, que constató la Unión Africana. A ello se sumaba, según la joven, el hartazgo por la insuficiencia del transporte o la sanidad. Pero a pesar de compartir las razones, «me quedé en casa. Oía disparos y no tenía ni idea de qué ocurría» porque «el acceso a internet estaba cortado». Un familiar resultó herido y otro fue arrestado. Ello, en una ciudad relativamente pequeña, donde no hubo la violencia de Dar es Salaam.

«Algunos manifestantes», destruyeron y saquearon, reconocía a L’Osservatore Romano Charles Kitima, secretario general de la Conferencia Episcopal Tanzana. Pero la Policía «respondió disparando con fuego real». Denunció además el «secuestro y asesinato» de opositores. Y, según RNS, el arzobispo de Dar es Salaam, Jude Thaddaeus Ruwa’ichi, afirmó en un funeral que algunas víctimas fueron asesinadas «en sus casas».

La presidenta tanzana durante el inicio de la nueva legislatura el 14 de noviembre.
La presidenta tanzana durante el inicio de la nueva legislatura el 14 de noviembre. Foto: Reuters / Stringer.

Cuando Suluhu Hassan, supuestamente con un 97,66 % de votos, tomó posesión el 3 de noviembre y se iba a restablecer internet, los tanzanos recibieron un sms amenazando con «medidas legales severas» si se compartían imágenes «perturbadoras» de los hechos. La oposición habla de 2.000 muertos, Kitima, de «cientos». Además hay 300 acusados de traición, castigada con la muerte. «Se ha generado mucho miedo», asegura desde el país un español. «Es muy difícil que alguien diga que participó en las revueltas». Explica que los tanzanos «son gente pacífica que siempre evita los problemas». Mucha no se ha movilizado en las calles a pesar de que «está en contra de la situación. Por eso es imposible que la presidenta haya ganado con ese porcentaje». 

El de Tanzania es de los casos más recientes de revueltas populares atribuidas a la generación Z en lugares tan diversos como Nepal, Serbia, Marruecos o Perú. En África, donde el 60 % de la población tiene menos de 25 años, no es baladí un movimiento juvenil así. Se caracteriza por la implicación de los nacidos entre mediados de los 90 y 2010, sin liderazgos previos y movilizados en las redes sociales, ventana a cómo se vive en otros lugares. En Tanzania, las favoritas para la movilización fueron X, aunque según nuestra joven «no hay acceso sin VPN» —tecnología que finge conectarse desde otro país—, WhatsApp, Instagram y TikTok. El 9 de diciembre, Día de la Independencia, «se planea otra protesta».

Otros lugares

Bangladés: la Revolución de Julio (2024) se considera la primera revuelta exitosa de los centeniales. El premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus asesora al Gobierno interino.

Perú: llevaron a destituir a la presidenta, Dina Boluarte, el 10 de octubre. El pasado lunes el movimiento anunció un partido político.

Marruecos: los jóvenes que salieron a la calle en septiembre volvieron a hacerlo en octubre, pero debilitados por la represión. Más de 200 han sido condenados.

«Están hartos»

Más éxito han tenido en apariencia los jóvenes centeniales en Madagascar con las protestas iniciadas el 25 de septiembre por los frecuentes cortes de electricidad y agua en las ciudades. «Durante mucho tiempo se exigió», también la Iglesia, «el correcto funcionamiento del suministro, pero nadie escuchó», lamenta Séraphin Rafanomezantsoa, secretario de Coordinación de la Conferencia Episcopal de Madagascar. Los cortes «afectan a la economía en todo el país». Los jóvenes son «particularmente sensibles, ya que necesitan electricidad para su vida diaria, especialmente para internet», no solo por ocio, sino por estudio o trabajo. «Si los líderes realmente hubieran querido resolver el problema, habrían tenido tiempo»; por lo que de fondo ve la «indiferencia» y el «egoísmo» de «unos pocos» que «están asfixiando la economía y acaparando la riqueza nacional a costa del pueblo». 

Los jóvenes que conoce y que participaron «están hartos de la situación actual y del Gobierno y convencidos de la necesidad de un cambio». Piensan en su futuro, que sienten incierto, y en que «no pueden avanzar con una corrupción generalizada y, sobre todo, con el desprecio hacia los ciudadanos. Han visto lo que su generación logró en otros países a través de las redes sociales y creyeron que podían adoptar el mismo enfoque», añade. Sus reivindicaciones «rápidamente se extendieron más allá de los problemas iniciales» hacia «demandas políticas más amplias», relata Sata Jean Noel Andrianasolo, presidente de Justicia y Paz.

La bandera pirata con gorro de paja de la serie 'One Piece' (aquí con uno malgache) ha sido un símbolo del movimiento.
La bandera pirata con gorro de paja de la serie One Piece (aquí con uno malgache) ha sido un símbolo del movimiento.

El 13 de octubre, el Cuerpo del Ejército de Personal y Servicios Administrativos y Técnicos (CAPSAT) forzó la dimisión del Gobierno de Andry Rajoelina, al que ellos mismos auparon al poder en 2009. Si bien el nuevo Ejecutivo está formado en su mayoría por civiles, el cambio ha sido denunciado desde fuera como un golpe de Estado y la Unión Africana suspendió a Madagascar de sus actividades. Aunque Rafanomezantsoa reconoce que el rechazo internacional puede afectar al país, defiende que «no es excusa para impedir el cambio real si los líderes actuales están verdaderamente comprometidos». Andrianasolo espera que «la capacidad» y el «comportamiento» de las autoridades» atenúen el «impacto negativo» de las medidas externas. Consideran que, a pesar del papel de los militares, «la protesta surgió de los jóvenes» y ellos «se unieron posteriormente», explica Andrianasolo, y «sin asumir plenamente el liderazgo», añade Rafanomezantsoa.

«El movimiento Gen Z Madagascar insiste en tener un papel en la transición y la futura gobernanza», apunta el responsable de Justicia y Paz. Sus líderes ya se han reunido con las nuevas autoridades. Con todo, la Iglesia «advierte sobre los posibles abusos del nuevo Gobierno» y el «riesgo de que la transición se aleje de las aspiraciones del pueblo». Por eso lo exhortan a priorizar las necesidades básicas, «poner fin a la violencia y las detenciones arbitrarias» y a trabajar por la «reconciliación».