Funerales laicos: una tendencia en aumento en España
Las despedidas civiles ya superan en número a las religiosas en nuestro país. La muerte sigue siendo «un tabú», en línea con el aumento de la secularización
Por primera vez en España se ha constatado que la mayoría de ciudadanos prefiere el llamado «funeral civil» a uno religioso. Así, el 39 % de los españoles optaría por la primera opción frente a un 38 % que lo haría por la segunda, según un estudio elaborado por Sigma Dos para el Observatorio de los Servicios Funerarios. Los datos han salido a la luz en vísperas del tradicional éxodo anual de millares de españoles a los cementerios con motivo de la Conmemoración de los Fieles Difuntos.
«Efectivamente, estamos viviendo una evolución en línea con la que está experimentando toda la sociedad, cada vez más plural», corrobora María Dolores Asensi, presidenta del Observatorio Servicios Funerarios. Debido a este cambio social, caracterizado entre otros elementos por la secularización, «ahora tenemos que saber acompañar de manera personalizada a todo tipo de sensibilidades. Es algo que nos están pidiendo cada vez más las familias». El OSF constata, asimismo, que cerca del 90 % de los ciudadanos en España consideran que las ceremonias de despedida deben enfocarse como «un homenaje positivo» a la vida del fallecido en lugar de un evento estrictamente religioso.
Estos funerales laicos o ceremonias civiles son actos de despedida que permiten homenajear al difunto sin seguir una estructura litúrgica ni estar sujetos a una confesión religiosa. Su contenido se adapta a los deseos de la familia y a la personalidad del finado, con elementos que van desde la elección de la música hasta las intervenciones de familiares y amigos. En ellos, es habitual repasar la vida del homenajeado, recordar sus logros y aficiones, y compartir anécdotas o poemas y un momento de silencio.
Suelen celebrarse en salas habilitadas para tal fin en tanatorios y crematorios, aunque también pueden tener lugar en salones de actos o espacios al aire libre. A menudo son las mismas empresas funerarias las que ofrecen organizar estos homenajes e incluso contratar a un oficiante civil profesional, que prepara la ceremonia junto con la familia.
El fenómeno de la muerte es permeable desde hace décadas a influencias extrañas a la tradición religiosa más enraizada en España. Primero llegó Halloween, que ya celebra casi la mitad de los españoles, según una encuesta del OSF. Luego llegaron los cementerios específicos para mascotas, cuya demanda está aumentando de forma notable en nuestro país. El último fenómeno son los altares de muertos, una de las expresiones más representativas del Día de Difuntos en México, que cada vez organizan más instituciones a este lado del Atlántico. Resultado de la fusión sincretista entre las creencias prehispánicas y del catolicismo español, son ofrendas sagradas y coloridas colocadas en hogares y espacios públicos para recibir y honrar a las almas de los seres queridos fallecidos.
«Lo que piden las familias es que las últimas despedidas sean más acogedoras, que haya opciones de personalización y que aseguren un trato más personal y cercano», abunda María Dolores Asensi. ¿Este aumento de los funerales laicos por encima de los religiosos responde también a que la sociedad hoy es menos creyente en su conjunto? «Estoy totalmente convencida de que es así, no tengo de la menor duda», responde la presidenta del OSF. En efecto, según el propio observatorio, la mayoría de los españoles (83,4 %) considera que se está perdiendo el sentido religioso de la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Pero, aun así, uno de cada cuatro acude siempre al cementerio en estas fechas, mientras que un 22,6 % lo hace a veces durante el año.
El historiador Javier Martínez-Pinna se ha adentrado en este fenómeno para publicar su libro La muerte no es el fin (Almuzara). «El tema de la muerte se está convirtiendo en un tabú, cada vez nos preguntamos menos por ella. Antes la gente veía a sus enfermos morir en casa ahora y ya no es así», afirma, y del proceso posterior «se encargan las funerarias, que visten y maquillan y se encargan de transportarlo de manera discreta al cementerio». «Ya no nos gusta pensar que tenemos a alguien por encima de nosotros que nos va a juzgar por nuestra vida», dice, lo que añade «incomodidad» al mismo hecho de morir.
Martínez-Pinna identifica en España tres tendencias a la hora de afrontar el último momento: los que consideran que no existe nada más después de la vida; los que siguen teniendo en cuenta la tradición cristiana; y aquellos que se han dejado seducir por corrientes esotéricas tipo new age para sus despedidas. Como consecuencia de ello, «el ritual funerario tradicional está debilitándose frente a otro tipo de formas más extrañas a nosotros», tal como ha sucedido por ejemplo con el fenómeno de Hallooween. Para Martínez-Pinna, uno de los motivos de lo que está ocurriendo es que «el tema de la muerte no se está predicando tanto como en otras épocas. Si la Iglesia ha dejado de hablar sobre lo que pasa tras la muerte, es normal entonces que proliferen los enterramientos civiles y otras mentalidades».
Por todo ello, el historiador retoma el título de su libro para señalar que «la escatología cristiana, si se predica bien, es motivo de esperanza, porque no solo promete la inmortalidad o la vida eterna para el ser humano, sino para el conjunto de la historia y todo el cosmos».
Casa Mexico: https://www.observatoriofunerario.com/v-encuentro-osf/
Casa Mexico: https://www.casademexico.es/altar-de-muertos-2026/